24/03/2010 – Medjugorje: ¡Pies quietos!

Es de todos conocido ya que la semana pasada, la Oficina de Información de la Santa Sede anunció la creación de una comisión de investigación sobre el fenómeno de Medjugorje, que dicha comisión la preside ya el cardenal Camillo Ruini, y que mucho del trabajo que tiene que hacer la comisión, en realidad, ya está hecho, debido a la herencia que recibe esta comisión, de las otras tres que en su día se crearon, desde la antigua Yugoslavia, y que por razones obvias como la guerra que destrozó aquel país, nunca llegaron a término.
 
La primera cosa llamativa –y que pasa muy desapercibida- es que un caso de apariciones marianas se lleve desde Roma, cuando de siempre es al obispo de la diócesis al que pertenece esta competencia. Pero Roma es sabia, y sus razones tiene para quitarle su competencia al obispo en este asunto. Esta misma semana, el obispo de Mostar ha estado en Roma hablando sobre Medjugorje. Y no ha debido ser muy de su gusto lo que le han dicho. Esto lo intuyo yo sencillamente porque una comunidad religiosa nacida en Medjugorje, que fue expulsada por el obispo, ha decidido que pies quietos, y quedarse “esperando acontecimientos”, después de recibir una llamada telefónica desde Roma. La historia es la siguiente:
 

Allá por la mitad de los años ochenta, un pasionista italiano llamado Gianni Sgreva fundó una comunidad con ocho personas que, tras una peregrinación a Medjugorje, vieron en el mensaje la forma de vida a la que ellos mismos se sentían llamados y que, por unas causas u otras, en ninguna experiencia vocacional vieron conformada. Cuando no faltaba la oración del rosario, era la adoración, y si éstas dos estaban presentes, nada del ayuno… de manera que tras los tiempos convenientes comenzaron a vivir en comunidad los mensajes de la Virgen María, fundando la Comunidad Mariana del Oasis de la Paz. A día de hoy tienen casi diez casas en tres continentes, unas cien vocaciones, y la aprobación como Asociación Privada de Fieles por el obispo de Sabina-Poggio Mirteto, encontrándose ahora en el tiempo de prueba para pasar a ser Asociación Pública.
 
Entre sus estatutos queda bien claro que parte esencial de su carisma es la adoración eucarística durante todo el día, una práctica muy sana, dicho sea de paso, aunque quienes la hagan sean estos tipos tan raros que deciden vivir desde la vida monástica los mensajes de Medjugorje.
 
Cuando ellos se instalaron en Medjugorje, solo pidieron permiso al párroco, porque del obispo del lugar no había rastro. Su casa en Mostar fue bombardeada junto con la catedral, y como es lógico, monseñor huyó buscando refugio donde las bombas no matasen a la gente. El párroco concedió dicho permiso y en Medjugorje se construyó la casa del Oasis de la Paz durante estos años, casa cuyos habitantes han sido invitados a abandonar por el obispo el año pasado, en los siguientes términos:
 
“Usted [Superiora General] sabe muy bien que aunque sean una comunidad de derecho diocesano, ni tienen autorización de esta cancillería diocesana para residir ni para trabajar en la diócesis de Mostar – Duvno. Lo mismo vale para la adoración en su capilla privada”.
 
Es decir, que el obispo les echó, y los frailes y monjas del Oasis de la Paz, poco a poco fueron haciendo petate con las pocas cosas que tenían y se fueron disgregando por las casas que tiene en Italia, Camerún y Brasil. Pero algo ha pasado estas semanas, y es que en Roma han dicho “pies quietos, que no se mueva nadie”.
 
En el Oasis de la Paz quedan dos frailes para cerrar la casa, y cuando todo apuntaba a que se marchaban ya, pues resulta que al menos no se van a ir con tanta prisa.
 
Es fácil imaginar que para un obispo que dice no creer en las apariciones de Medjugorje no es plato de buen gusto tener en su diócesis a unos tíos que nacen de esas apariciones. Es fácil echarles en cuanto a que cuando se instalaron, no recibieron más permiso que el del párroco, pues el país estaba en ruinas y el obispo huido. Hubiese sido muy fácil solventar esa situación cuando los religiosos del Oasis pregunatron sobre eso, su situación, pero aceptar su presencia hubiese sido tan crudo como bendecir los frutos de algo en lo que no se cree, aunque los frutos parezcan buenos. Así que mejor que no estén.

Pero algo se está moviendo en Roma con respecto a Medjugorje. Yo auguro sorpresas y noticias en poco tiempo, por cierto y aunque parezca mentira, agradables para toda la Iglesia, aunque para algunos suponga sacrificios. Pero por ahora, la consigna ha sido que pies quietos, que no se mueva nadie.

Yo imagino un Medjugorje rejuvenecido, con la cara de nuestra Madre y punto, puede que sin franciscanos y casi seguro que con otro obispo al mando de un clero diocesano no contaminado por tantos intereses generados en torno a este milagro. Roma es sabia, y Medjugorje es algo bueno para la Iglesia, y por tanto hay que cuidarlo. Pero todo esto no son más que divagaciones de un bloggero, un periodista que se desahoga en un espacio donde escribir con las zapatillas de estar en casa y sin la corbata. Ahora bien, de lo que tengo absoluta certeza, y si queréis apostamos una cerveza, es de que los que sí que van a salir en la foto, mira tú por donde, van ser los religiosos del Oasis de la Paz.*

 Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)