30/06/2014 – Medjugorje, un lugar donde se busca fortalecer la fe

Medjugorje es catolicismo en acto, acto permanente de afirmación de la fe

Medjugorje es catolicismo en acto, acto permanente de afirmación de la fe

En Medjugorje, los habitantes del cielo caminan entre los hombres; la separación entre cielo y tierra es tenue como un visillo.

Pedro Abelló.
Zdravo Marijo, milosti puna, Gospodin s Tobom, blagoslovljena Ti medju zenama i blagoslovljen plod utrobe Tvoje, Isus. Sveta Marijo, Majko Bozja, moli za nas grjesnike, sada i na cas smrti nase, amen.

En su día, alguien me pidió una larga y detallada explicación sobre mi estancia de una semana en Medjugorje a caballo entre dos años, 2011 y 2012 (del 28 de diciembre al 4 de enero), y aproveché para hacerla extensiva a todos, incluidos los nuevos amigos encontrados allí. Han transcurrido más de dos años, pero por su interés la reproduzco a continuación.

Creo que para hablar de Medjugorje hay que empezar haciendo referencia a su contexto geográfico y cultural, sin los cuales difícilmente resulta comprensible. Medjugorje forma parte de la Herzegovina croata, nación desgajada de su ámbito natural (Croacia) e insertada por motivos políticos en una Bosnia de mayoría musulmana, por lo que debemos comenzar por una referencia histórica a esa etnia y a esa particular situación.

El pueblo croata es de origen eslavo-dinárico, instalado en su ubicación actual, a orillas del Adriático, desde el siglo VII. Ya desde su irrupción en la historia europea, la religión católica constituye el rasgo fundamental de la identidad croata, y el emperador bizantino Heraclio recurre a ellos en sus enfrentamientos con los pueblos bárbaros. Ese rasgo religioso fundamental será sometido a duras pruebas a lo largo de la historia, la más dura de las cuales, aunque no la única, será probablemente la dominación turco-otomana de la región, que se extiende desde el siglo XIII hasta el XIX, aunque en el siglo XVIII gran parte del territorio croata se encuentra ya bajo control austro-húngaro. Tras la Primera Gran Guerra, que supone la desaparición del imperio de Austria-Hungría, Croacia pasa a formar parte del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que se convertirá posteriormente en Reino de Yugoeslavia, pero el dominio serbio-ortodoxo del nuevo estado impulsa a los croatas a reclamar su independencia, que consiguen tras arduas luchas en 1939. En ese mismo año se inicia la Segunda Gran Guerra y Yugoeslavia es invadida por Alemania, que convierte a Croacia en estado independiente. Tras la derrota del Eje, Croacia se integra nuevamente en Yugoeslavia, convertida en estado federal de régimen comunista. En 1991, tras la caída de la Unión Soviética, Croacia se declara independiente de Yugoeslavia, iniciándose así la guerra serbio-croata en el contexto de una guerra general dentro del territorio de la antigua Yugoeslavia, que dará lugar a la ya conocida intervención de la ONU y a la actual partición del territorio en seis repúblicas independientes.

Durante el régimen comunista, Yugoeslavia se convierte en la séptima potencia militar mundial, y al caer la URSS, la práctica totalidad de esa máquina militar se encuentra en manos de los serbios, que controlan el poder político y militar. La caída del comunismo impulsa a croatas, bosnios, eslovenos, macedonios y montenegrinos a reclamar su independencia del poder serbio, que emprende una guerra de exterminio por el control total del territorio, forzando la mencionada intervención de Naciones Unidas y la partición hoy existente. En esa partición, el territorio de Herzegovina hubiera debido por afinidad integrarse en la República de Croacia, pues su población es mayoritariamente croata, pero eso hubiera supuesto la aparición en el corazón de Europa de una nación (Bosnia) mayoritariamente musulmana, razón probable por la cual se decide integrar la Herzegovina croata en una Bosnia de mayoría islámica. Cabe aquí señalar que, durante la guerra, las naciones musulmanas más radicales envían a Bosnia gran número de muyahidines, luchadores de la fe islámica contra los infieles, que se instalan en el país con el objetivo de radicalizar a la población islámica del territorio, lo cual comporta actualmente no pocos problemas.

Podemos ver fácilmente por todo lo señalado que, si el catolicismo es el rasgo definitorio de la población croata, tras las duras pruebas que ha debido soportar (turcos otomanos, nazis, comunistas y guerra serbia de exterminio), o bien hubiera podido debilitarse hasta desaparecer, o bien fortalecerse hasta constituir realmente la suprema e indestructible señal de identidad étnica, capaz de superar todas las pruebas, como efectivamente ha sucedido. Si eso es verdad para toda la población croata, en el caso de los croatas herzegovinos esa identidad religioso-cultural se refuerza aún más si cabe por el hecho de formar parte hoy de una nación de mayoría musulmana, con sectores francamente hostiles a su religión.

Es en ese pequeño territorio croata de Herzegovina, donde la fe católica es el alma y la identidad de la población, forjada tras luchas de siglos contra toda clase de enemigos, donde se producen los sucesos de Medjugorje, y probablemente no hay lugar en Europa que reúna más méritos para recibirlos.

Hemos hablado de los croatas en general y de los croatas de Herzegovina; hablemos ahora de la comunidad de Medjugorje. No voy a repetir ahora la historia de los sucesos que vienen repitiéndose diariamente en el lugar desde hace más de 30 años; no es el objetivo de este escrito y la información es fácilmente accesible.

Medjugorje (léase medjugorie, con la suave como la g italiana en Gianni) es una de las cuatro aldeas vecinas (las otras tres son Miletina, Vionica y Bijakovicj), a escaso kilómetro y medio unas de otras, que forman el conjunto que recibe al año más de dos millones de peregrinos de todas las naciones, con puntas diarias de hasta 70.000 personas. El corazón de ese verdadero organismo viviente lo constituye la gran iglesia parroquial de Santiago Apóstol, absolutamente insuficiente pese a su tamaño para albergar las mareas de peregrinos que acuden a participar en cada una de las numerosas celebraciones que tienen lugar en ella diariamente, concelebradas las principales por cincuenta o más sacerdotes para poder repartir la Eucaristía entre los miles que se congregan en la iglesia, en el gran espacio anexo al aire libre con excelente megafonía y pantallas gigantes, la gran nave cubierta también anexa y todos los espacios circundantes a los que llega la potente megafonía.

Medjugorje es catolicismo en acto, acto permanente de afirmación de la fe. Todo en Medjugorje son ámbitos para la oración, no sólo la iglesia y sus anexos, sino también los numerosos espacios recogidos, marcados con la palabra tišina, que no significa silencio, sinoquietudaquietamiento, esa actitud de espíritu necesaria para el recogimiento y que no es simple silencio, sino pacificación de la actividad interior. Por no hablar de los dos montes que enmarcan la geografía del lugar, el Monte de las Apariciones, el Podbrdo, y el Monte de la Cruz, o Krizevac, a los que ascienden día y noche en procesión permanente los miles de peregrinos junto a los habitantes del lugar. Vale la pena comentar algo sobre esos montes.

En general, la geografía del lugar es áspera y dura. Se trata de un territorio rocoso, poblado de arbustos espinosos, poco atractivo para quien toma como referencia las verdes praderas de centro-Europa. Nada que ver. Pero si el territorio es duro, esos montes parecen diseñados para acabar con la resistencia humana. Es como si de la tierra hubiera emergido un bosque de rocas erizadas en el que es imposible trazar camino alguno. Laderas de aristas rocosas y resbaladizas, entre las que es necesario estudiar cada paso para no caer. Y sin embargo, esas laderas son recorridas día y noche por miles de personas de todas las edades, de todas las condiciones y nacionalidades, muchos de ellos descalzos, que quieren orar donde tuvieron lugar las primeras apariciones, cuando la policía comunista ponía vigilancia en los caminos para impedir a la población acudir a ellas; que suben deteniéndose y arrodillándose por grupos en las estaciones del Rosario (Podbrdo) o del Via Crucis (Krizevac), deteniéndose durante horas en los lugares principales (la estatua que señala el lugar de la primera aparición en el Podbrdo o la gran cruz de hormigón que corona el Krizevac y que contiene un fragmento de la Verdadera Cruz). Esas laderas, se dice, otorgan grandes gracias, y yo no lo dudo.

¿Y quiénes son los peregrinos? Todo el universo humano está allí representado, sin faltar ninguno de los tipos que lo forman: creyentes, agnósticos, ateos, fervientes devotos, escépticos, curiosos, intrigantes, investigadores, marginados, felices, desgraciados, buscadores de exotismo, aficionados al esoterismo, diletantes de todo tipo, gente normal, gente rara, despistados, desorientados, iluminados, oscurecidos… Pero todos ellos están ahí por algo, y a nadie se le niega su derecho a estar ahí, su oportunidad de estar ahí y encontrar lo que viene buscando.

En Medjugorje, los habitantes del cielo caminan entre los hombres; la separación entre cielo y tierra es tenue como un visillo. Los sujetos receptores de las apariciones, que no lo fueron, sino que lo siguen siendo, algunos de ellos diariamente, andan entre la gente, la reciben en sus casas, organizan charlas en las que exponen y comentan los mensajes, permiten a los peregrinos acompañarlos en esas apariciones. A miles se agolpan para escucharlos, para observarlos. Son personas normales, casados y con hijos. Ninguno de ellos ha abandonado la vida secular. Por cierto, recomiendo a los escépticos la exposición detallada de las conclusiones del famoso estudio de la comisión franco-italiana, compuesta por quince expertos en medicina, psiquiatría, psicología y teología, cada uno con su ejército de auxiliares, que permanecieron nueve meses con los videntes, analizándolos diariamente antes, durante y después de sus apariciones, sin hallar la menor prueba de engaño o falsificación. Y ese fue sólo uno –aunque el más documentado – de los cientos de exámenes que los videntes han sufrido y deberán sufrir todavía.

Pero cuidado; parece que no sólo los habitantes del cielo andan por el lugar. Hay quien me ha dicho que también lo hacen los del equipo contrario, y con bastante tenacidad. En este mundo dual no hay luz sin oscuridad, y Medjugorje es parte de este mundo, sin duda.

Pero no sólo hablan los videntes. En Medjugorje habla todo aquél que siente el impulso de facilitar a los demás su testimonio. Hay multitud de testimonios que pueden escucharse, testimonios de conversión, de cambio radical, de curación, tanto física como espiritual. Algunos testimonios son ya clásicos, y forman parte de las “rutas” establecidas; otros son espontáneos y pueden escucharse en cualquier lugar, en cualquier momento, provenientes de la persona más insospechada, del compañero de pensión, del taxista o del tendero. Quien ha experimentado algo que transciende esta vida mortal, arde en deseo de comunicarlo, de compartir su buena nueva, y ciertamente los testimonios no faltan. Muchos peregrinos han tenido sus experiencias, sus curaciones. Cientos de casos han sido documentados y publicados. Pero no se va a Medjugorje buscando “la experiencia”; pocos son los que la encuentran entre los millones que acuden, y si esa fuera la finalidad, la inmensa mayoría saldría decepcionada. En Medjugorje se busca un motivo para seguir confiando, para seguir esperando; se busca fortalecer la fe si ya se tiene, o encontrarla tal vez; se busca la paz interior que no da el mundo, la respuesta que no se ha encontrado en ningún otro lugar… ¿Y siempre se encuentra? Posiblemente no, aunque pienso que nunca se sale de vacío. Tal vez se obtiene solamente un indicio, una pequeña piedrecita sobre la que cimentar algo mayor, una semilla que puede crecer, algo sobre lo cual trabajar. ¿Es necesario entonces Medjugorje para convertirse? Nadie lo ha pretendido, pero sin duda ayuda, y lo prueban los cambios radicales que se han dado en la vida de millones de personas de todo el mundo por influencia directa o indirecta de ese lugar, los miles de comunidades que se han creado en todo el mundo bajo esa influencia, el florecimiento e impresionante enriquecimiento de la vida religiosa que languidecía en las parroquias hasta que toparon con Medjugorje, algo que en España por desgracia apenas percibimos todavía. Nos asombraría conocer la influencia de Medjugorje en países como Italia, Francia, Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Argentina, o incluso Australia y Nueva Zelanda. Y todo ello en el seno de la ortodoxia católica más estricta, sin asomo de fantasía de ningún tipo.

¿Qué más se encuentra en Medjugorje? Vale la pena mencionar las impresionantes aldeas, construidas y mantenidas por la propia parroquia, para alojar a niños huérfanos o abandonados, a jóvenes marginados o drogodependientes, a mujeres maltratadas, a madres solteras; aldeas casi benedictinas en su regla: oración, trabajo y ayuda mutua. Impresiona hondamente visitarlas y escuchar los testimonios de sus habitantes. Medjugorje es también una gigantesca obra religioso-social, y no podría ser de otro modo, puesto que hablamos de la esencia de la Iglesia católica. Hay que hablar también de las numerosas comunidades religiosas que se han creado o se han establecido en el lugar, que colaboran en esa obra religioso-social y atienden a los peregrinos. Sus puertas están también abiertas (con cita previa normalmente, por lo de guardar un orden) a quien desea escuchar los testimonios y consejos de sus miembros. También en Medjugorje hay medjugorjinos (no tengo ni idea de cómo se llaman a sí mismos los lugareños), gente abierta, alegre y sociable, que, tal como ellos mismos dicen, trabajan para la mejor empresaria para la que nadie puede trabajar: la Madre de Dios; y lo hacen muy contentos, por lo que se ve. No se detectan grandes preocupaciones entre ellos; llevan una vida sencilla, no aspiran a grandes cosas, están contentos con lo que tienen, les gusta compartirlo y abren los brazos al forastero con gran facilidad y entusiasmo (tampoco vamos a olvidar que viven de ellos). En Medjugorje, quien tiene cuatro cuartos monta una pensión. De cada cinco casas, cuatro son pensiones, lo cual no es de extrañar, dada la extraordinaria y permanente afluencia de visitantes a un lugar de dimensiones muy reducidas. No perdamos de vista que, hace apenas un cuarto de siglo, eran cuatro aldeas de pastores de cabras con cuatro casas cada una. Hoy el 90% de la edificación es nueva, anárquicamente nueva, puede decirse. Las casas están como sembradas a voleo, allí donde buenamente caen, y pueden encontrarse en el mismo trecho de calle casas de auténtico lujo que no desmerecerían en una de nuestras urbanizaciones con más solera, junto con auténticos bodrios, obras a medio terminar pero ya habitadas y obras abandonadas a medio hacer (no he conseguido averiguar el motivo de los abandonos). Esa anarquía constructora es lo más exótico que he identificado en el lugar.

Y claro, están las apariciones, los mensajes, los secretos, cómo no… Pero sobre eso hay ya mucha literatura, y no soy el más cualificado para hablar sobre ello ni esta especie de crónica de viaje es el lugar más adecuado para hacerlo. A quien quiera documentarse sobre ello no le faltará material. Sólo diré unas palabras. La esencia de los mensajes es muy sencilla: muchachos, habéis olvidado que Dios os ama infinitamente, hasta el punto de haberse hecho hombre y haber sido martirizado y muerto por vosotros; habéis olvidado que Dios es Padre, un Padre tierno y misericordioso, no un tirano terrible; habéis olvidado que os espera con los brazos abiertos en todo momento, que espera una señal vuestra para lanzarse a vuestros brazos. A ese amor infinito de Dios por vosotros debería corresponder por vuestra parte una confianza absoluta en Dios; sin embargo, no sólo habéis pretendido organizar el mundo sin Él, sino que incluso aquellos que siguen creyendo no le tienen ninguna confianza y viven agarrotados por el temor al futuro. Por eso os va todo tan mal. Rectificad pronto. Confiad plenamente en Dios y Él os acompañará en vuestro camino; no os dejará abandonados en ningún momento, y menos en el dolor y en el sufrimiento. Sólo confiad en Él y contad con Él.

Este es el mensaje del 2 de enero de 2012, recibido a las 8:30 de la mañana en el lugar llamado de la Cruz Azul. Yo estaba a un par de cientos de metros, tan cerca como me lo permitía la inmensa multitud congregada, subido a una roca y agarrado a un arbusto intentando ver algo. Vano empeño, por supuesto. No hubo luces ni fuegos artificiales. Todo muy normal, todo muy de este mundo… pero el mensaje venía del otro, o así lo creo sinceramente:

“Queridos hijos, mientras con preocupación maternal miro vuestros corazones, veo en ellos dolor y sufrimiento. Veo un pasado herido y una búsqueda continua. Veo a mis hijos que desean ser felices, pero no saben cómo. ¡Abríos al Padre! Ese es el camino a la felicidad, el camino por el que deseo guiaros. Dios Padre jamás deja solos a sus hijos, menos aún en el dolor y en la desesperación. Cuando lo comprendáis y lo aceptéis seréis felices. Vuestra búsqueda terminará. Amaréis y no tendréis temor. Vuestra vida será esperanza y verdad, que es mi Hijo. ¡Os lo agradezco! Os pido: orad por quienes mi Hijo ha elegido. No debéis juzgarlos, porque todos seréis juzgados”.

Fuente: http://www.forumlibertas.com