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Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de enero de 2008 OREN Y AYUNEN Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de enero de 2008 En su último mensaje, la Virgen nos alienta para que preparemos nuestros corazones en el tiempo de Cuaresma que se acerca, que es también un tiempo de gracia. Ella nos invita a ayunar, a orar, y a hacer actos de penitencia, que han sido siempre las características principales de la Cuaresma. En el Antiguo Testamento, la penitencia se reducía más bien a signos exteriores, y algo similar sucede actualmente, cuando los creyentes renuncian al alimento, las bebidas, los dulces y los cigarrillos, y mucho menos a la blasfemia, el chisme u otros pecados. El ayuno cristiano y la oración son el fundamento de la vida comunitaria, porque la Iglesia entera ha sido llamada al ayuno, la penitencia y la oración, especialmente en el tiempo del Adviento y de la Cuaresma. La renuncia a las cosas materiales es solamente una de las formas de penitencia para los pecados personales. Es la prueba que demuestra que estamos dispuestos a renunciar a algo y compartirlo con la gente que vive en la pobreza y la indigencia. Fr. Danko Perusina
Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de marzo de 2008 EL ENCUENTRO CON DIOS - CONDICIÓN PREVIA PARA LA CONVERSIÓN VERDADERA Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de marzo de 2008 “¡Queridos hijos! Los invito a trabajar en la conversión personal. Aún en su corazón, están lejos del encuentro con Dios. Por eso, transcurran el mayor tiempo posible en oración y en Adoración a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, para que El los cambie y ponga en su corazón, una fe viva y el deseo de la vida eterna. Todo es pasajero, hijitos, sólo Dios es eterno. Yo estoy con ustedes y los aliento con amor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” La Virgen, en su mensaje del 25 de marzo pasado, nos invita a la conversión. Es una invitación maternal dirigida personalmente a cada uno de nosotros, nadie está excluido. Convertirse significa renunciar a la anterior manera de vivir e iniciar una nueva vida en Jesucristo. La conversión involucra todo el ser humano, así como involucró, por ejemplo, al hijo pródigo del Evangelio de Lucas, a San Pablo, a San Francisco y a muchos otros santos más o menos conocidos. La conversión abraza nuestro corazón y nuestra voluntad. Antes que nada el corazón, porque es el centro del hombre. Si el corazón se convierte, entonces podemos decir que se convierte todo el ser humano. Además de la conversión del corazón, es necesaria la conversión de la voluntad, porque la conversión es una invocación de ayuda. La voluntad nos ayuda en el camino que hemos empezado. Nos ayuda a que no nos desanimemos frente a las primeras cruces. La verdadera conversión supone la renuncia no sólo al pecado, sino también a todas aquellas pequeñas divinidades que nos impiden entregarnos completamente a Dios. Jesús es demasiado claro cuando nos dice: “Si alguien quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga” (Lc 9,23). En la conversión dejamos que Dios nos guíe hacia el descubrimiento del plan que nos ha reservado. No hay conversión sin la oración, porque la oración es, en cierto sentido, la primera y última condición para la conversión, para el crecimiento espiritual y para la santidad. María nos habla de la misma manera y con el mismo significado también en su mensaje del 25 de junio del 1992: “Por eso los invito día a día a la conversión: sin embargo, si no oran no pueden decir que se están convirtiendo”. La oración nos ayuda a convertirnos continuamente, a pensar siempre en Dios y a permanecer fieles a Él. La oración es un coloquio entre Dios y el hombre: Dios conoce nuestro corazón mejor que nosotros mismos; no le interesan nuestras palabras, más bien le interesa lo que tenemos en el corazón. En la oración es importante también la entrega. Es necesario ponerse completamente en las manos del Señor, para que Él pueda hacernos de nuevo sus hijos queridísimos. Es necesario entregarle a Él cada uno de nuestros deseos, planes, objetivos o debilidades. Nuestra entrega debe ser total, para que Él pueda guiarnos hacia Su Reino. La Virgen, como verdadera Madre, durante todo el tiempo que ha transcurrido entre nosotros, no ha hecho otra cosa que dirigirnos humildemente hacia su Hijo Jesús, sin tomar nunca el rol de protagonista. Fr. Danko Perutina Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de abril de 2008 BUSQUEN LA VOLUNTAD DE DIOS Y HAGAN EL BIEN Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de abril de 2008 “¡Queridos hijos! También hoy los invito a todos a crecer en el amor de Dios, como una flor que siente los rayos cálidos de la primavera. Así también ustedes, hijitos, crezcan en el amor de Dios y llévenlo a todos aquellos que están lejos de Dios. Busquen la voluntad de Dios y hagan el bien a aquellos que Dios les ha puesto en su camino; y sean luz y alegría.¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” Al inicio del mensaje del 25 de abril de 2008, la Virgen nos invita a que crezcamos en el amor de Dios. Crecer en el amor, significa abrirse a Dios como una flor, para que El nos ilumine, abrace, y se compenetre en nosotros. Eso puede suceder solamente en una atmósfera de oración, porque la oración es como un canal, como un tubo, a través de la cual Dios envía Su amor y Su misericordia a esta tierra. La verdadera oración puede venir solamente de un corazón que permite que la fuerza del amor de Dios lo abrace y lo envuelva. El amor de Dios puede conquistar solamente a quién ora con el corazón, con todo su ser. El amor de Dios busca una respuesta, y la respuesta es la fe. Un corazón lleno de fe puede ser comparado con la luz. Como la luz, la fe expulsa las tinieblas, la angustia y la desesperación, da seguridad y fuerza. La fe, en cierto sentido, ilumina el camino de los que la poseen, guiándolos como la nube oscura, de día, y la nube clara, de noche, guiaron al pueblo de Israel a través del desierto. Quedará desilusionado quien de la fe espera pruebas claras y tangibles, porque la fe está por encima de las pruebas y los argumentos. La fe no se puede medir solamente por el conocimiento, porque es sobre todo vida, es decir, una dirección de vida, que no se puede expresar con el conocimiento. La fe se puede comparar con las estrellas que guían de noche a los marineros. No ilumina las olas sobre las cuales los marineros navegan, pero les muestra la dirección. Fr. Danko Perutina Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de mayo de 2008 LOS LLAMO A LA CONVERSIÓN Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de mayo de 2008 “¡Queridos hijos! En este tiempo de gracia, en que Dios me ha permitido estar con ustedes, nuevamente los invito, hijitos, a la conversión. Trabajen de una manera especial por la salvación del mundo mientras estoy con ustedes. Dios es misericordioso y concede gracias especiales, y por eso, pídanlas por medio de la oración. Yo estoy con ustedes y no los dejo solos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”
Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de junio de 2008 ¡SEAN ALEGRES PORTADORES DE PAZ Y AMOR! Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de junio de 2008 “¡Queridos hijos! También hoy con gran alegría en mi corazón los invito a seguirme y escuchar mis mensajes. Sean portadores alegres de paz y amor en este mundo sin paz. Yo estoy con ustedes y los bendigo a todos con Mi Hijo Jesús, el Rey de la Paz. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” Hace veintisiete años la Virgen se presentó aquí en Medjugorje como la Reina de la Paz. A través de esos años, Ella, como una verdadera madre y llena de amor, nos ha enseñado pacientemente y nos ha llamado a practicar los Sacramentos. Ella nos ha estado llamando a la conversión, al ayuno, a la penitencia y a adorar a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. En su mensaje del aniversario núm. veintisiete de sus apariciones, Ella dice que con gran alegría en Su corazón nos llama a seguirla y a escuchar sus mensajes. Mientras meditamos acerca de su último mensaje, así como de los otros que hemos escuchado hasta ahora, no debemos olvidar nunca la regla de San Luis María Grignon de Monfort que decía: ¡A Jesús por María! María siempre reúne a la gente alrededor de su Hijo. Ella nos llama a una entrega total a Jesús, pues El es el único que puede hacer de cada uno de nosotros personas íntegras, merecedoras del Cielo. La Virgen nos da un ejemplo de cómo ser fieles a Dios, de cómo vivir la experiencia de nuestra fe y de cómo vivir según nuestra fe. Ella participó desde el principio en la obra del Espíritu Santo. Por lo tanto, la Iglesia, que también es obra del Espíritu Santo, ora junto con aquella en quien Dios ha hecho grandes obras. La Virgen está ante nosotros como un gran don, como la imagen más hermosa de la Iglesia. Ella habla con palabras sencillas que atraen a tantas personas de todas partes del mundo. Sus mensajes son comprendidos por todos, desde los más pequeños hasta los más ancianos. Son comprensibles porque están llenos de amor y porque cualquiera puede comprender el lenguaje del amor. La Virgen nos llama a ser portadores de paz y amor en este mundo sin paz. Hoy en día, nosotros somos testigos de los grandes peligros que la humanidad enfrenta, tales como el armamento nuclear, enfermedades diversas, el calentamiento global, la pobreza. La gente vive con mucho temor. La Virgen sabe eso. Es por eso que Ella, desde que comenzaron las apariciones, nos ha estado llamando a que nosotros, los cristianos, los creyentes, seamos portadores de paz y amor en este mundo sin paz. En el tercer día de sus apariciones, la Virgen nos dio el primero de sus grandes mensajes, diciéndonos: “¡Paz, Paz, Paz – y sólo Paz!” Después de eso Ella repitió tres veces: “¡La paz deberá reinar entre el hombre y Dios y entre todos los pueblos!” La verdadera paz sólo puede venir de Dios, que por Jesús y María se ha convertido en “nuestra Paz”. (Ef. 2,14). Es una paz que “este mundo no puede dar” (Juan 14, 27). Es por eso que Cristo ordenó a sus Apóstoles que llevaran la paz por todo el mundo (cf. Mt 10,11), para que todos se conviertan en “hombres de paz” (Lc 10, 6). Algunas veces nosotros tendemos a buscar la fuente de la inquietud en otros, porque es más fácil comportarse de esa manera. No obstante, nosotros primero debemos encontrar esa fuente en nosotros mismos y luego resolver el problema. La fuente de la inquietud siempre es un pecado al cual uno debe renunciar, y así crear las condiciones para que Dios actúe en nosotros. Al final de su mensaje, la Virgen nos bendice, y también nos bendice su Hijo Jesús, el Rey de la Paz. Queridos veneradores de la Reina de la Paz, digamos Sí a la paz en nuestros corazones, decidámonos por Dios, y de esta manera permitamos que Jesús se convierta en el Camino, la Verdad y la Vida en nosotros. Fr. Danko Perutina Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de julio de 2008 EL VERDADERO DESCANSO ESTA EN DIOS Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de julio de 2008 “¡Queridos hijos! En este tiempo, en que piensan en el descanso del cuerpo, yo los llamo a la conversión. Oren y trabajen de modo que su corazón anhele a Dios Creador, quien es el verdadero descanso de su alma y de su cuerpo. Que El les muestre su rostro y les done su paz. Yo estoy con ustedes e intercedo ante Dios por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” Fr. Danko Perutina Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de agosto de 2008
Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de agosto de 2008 “¡Queridos hijos! También hoy los invito a la conversión personal. Sean ustedes quienes se conviertan y con su vida testimonien, amen, perdonen y lleven la alegría del Resucitado a este mundo en que mi Hijo murió y en que la gente no siente la necesidad de buscarlo ni descubrirlo en su vida. Adórenlo y que vuestra esperanza sea la esperanza de aquellos corazones que no tienen a Jesús. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”
Al principio de su mensaje del 25 de agosto de 2008, la Virgen nos llama a la conversión diciendo: “Sean ustedes quienes se conviertan y con su vida testimonien, amen, perdonen y lleven la alegría del Resucitado a este mundo.” Todos necesitan la conversión. Es un proceso que dura toda la vida. La verdadera conversión consiste en un encuentro con Dios. Solamente los que han encontrado al Dios vivo pueden testimoniar sobre ese encuentro. Los encuentros humanos siguen siendo a menudo superficiales, mientras que el encuentro con Dios ocurre en las profundidades del corazón y del alma del hombre, y dejan rastros en el hombre en su totalidad. Cada vez que un hombre no ama, él necesita la conversión. Cada vez que un hombre no es fiel a las palabras de Jesús, él necesita la conversión. Toda conversión consiste de un proceso de dos pasos. El primer paso es que por lo menos una vez en nuestra vida debemos arrodillarnos ante Jesús y decirle desde la profundidad de nuestro corazón y alma: Jesús, yo me decido por ti, deseo dejar mi antigua vida detrás, deseo ser libre de todos mis pecados y así purificado comenzar a caminar contigo. Esta es la decisión fundamental para Dios. El segundo paso es preguntarse cada noche: ¿He cumplido los Mandamientos de Dios completamente, qué puedo mejorar en el encuentro con las personas, cómo puede amar más a la Iglesia? Solamente cumpliendo estos dos puntos, podemos caminar rectamente en el camino de nuestra vida espiritual. La Virgen nos ha llamado y llama a la conversión en tantas ocasiones. Ella nos llama para ser testigos. Pareciera que nosotros permaneciéramos sordos y ciegos, y pensamos que la Virgen llama solamente a quienes no van a la Iglesia, a quienes pensamos que no son buenos. La Virgen piensa también en ellos, pero Ella piensa principalmente en aquellos que se comportan como fariseos, que juzgan a otros, fingen ser buenos y perdonan raramente. Ellos son los que necesitan una conversión radical. La Virgen nos da los medios también. Ella nos ha llamado tantas veces a la oración y en el último mensaje nos llama a adorar a Jesús. Dios acoge a los que lo adoran en el espíritu y en la verdad, y eso significa con sus acciones y vida, y no sólo con palabras porque Dios no necesita nuestras palabras, lo que El necesita es nuestro corazón. Totalmente consagrados a El, nosotros podemos representar la esperanza de esos corazones que no tienen a Jesús. Hay innumerables definiciones acerca de lo que es el hombre, y uno de ellas es el siguiente: “¡El hombre es un ser que espera!” A nosotros viajeros aquí en la Tierra, la esperanza nos da fuerza para no detenernos y para dirigirnos valerosamente al futuro. Nuestra esperanza se encuentra solamente en el nombre de Jesús. La esperanza siempre mira al futuro. El amor es la realidad que se debe perpetrar ahora, y la fe nos ayuda a alcanzarla. Muchos pueden pensar que el mundo no cambia en absoluto, y por eso nos preguntamos: ¿Para qué sirve la conversión? Para otros el mundo cambia, pero para peor. Somos hoy capaces de destruir totalmente nuestro mundo, más que la gente que vivió muchos años antes de nosotros. Debemos preguntarnos cuál es el papel de la conversión en nuestras vidas. ¿Es nuestra conversión algo bueno? Podemos decir a otros: eso no es un encuentro como el que podemos experimentar con la gente cuando, por ejemplo, nos encontramos a nuestra madre, hermanos, hermanas o buenos amigos en la calle. Naturalmente nos gustaría tener tales encuentros cercanos, personales y profundos con Dios, pero, generalmente, nuestros encuentros con Dios son de naturaleza diversa. También hoy debemos preguntarnos si creemos que el Reino de Dios está cercano. Es una de las maneras para describir el encuentro con el Dios vivo. Hoy en día muy poca gente siente que Dios está presente. Cada vez más gente se vuelve atea o agnóstica. Esta vida es lo único que tienen. Pero, nosotros los cristianos, que seguimos las enseñanzas de Nuestro Señor, creemos en Sus palabras. Él nos dice que hay vida después de la muerte. Él nos dice que existe un Dios vivo con quien podemos hablar mediante la oración. El nos dice que el camino que conduce a una nueva vida después de la muerte es el amor que demostramos hacia nuestro prójimo en esta vida. Nuestra espiritualidad plantea a menudo la pregunta fundamental: ¿creo en Jesucristo? Si creo, entonces mi opinión acerca de este mundo es diferente e intento tomar las decisiones que corresponden a mi creencia. Jesús nos dice que encontramos a Dios cada vez que nosotros servimos a los demás. La conversión es por tanto necesaria e importante cada vez que no soy fiel a la palabras de Jesús y a su llamada a vivir en Su compañía. La conversión es necesaria cuando perdemos el amor.
Fr. Danko Perutina Medjugorje, 26.08.2008 Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de septiembre de 2008 DECIDANSE POR LA PAZ
Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de septiembre de 2008 “¡Queridos hijos! Que su vida sea nuevamente una decisión por la paz. Sean portadores alegres de la paz y no olviden que viven en un tiempo de gracia, en el que Dios, a través de mi presencia, les concede grandes gracias. No se cierren, hijitos, más bien aprovechen este tiempo y busquen el don de la paz y del amor para su vida, a fin de que se conviertan en testigos para los demás. Los bendigo con mi bendición maternal. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”
Nuestra vida está llena de decisiones diarias. Tenemos siempre que tomar decisiones para todo. Algunos se deciden por una cosa, otros por otra. Tendremos que tomar decisiones mientras vivamos. En su último mensaje, la Virgen nos invita a que nuestra vida se convierta en una decisión por la paz. El decidirse por la paz significa decidirse por Cristo: “Porque El mismo es nuestra paz” (Ef 2,14), escribió San Pablo en su Epístola a los Efesios. Jesús trae una paz que no es una paz superficial o falsa como la de los hombres. Es una paz que se consigue a través de pruebas y luchas. Envuelve los corazones humanos y transforma a la gente desde dentro. Jesús dice: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da.” (Jn 14,27). Jesús vino a esta tierra a derribar el muro de la hostilidad y del hastío que ha reinado entre el hombre y Dios, y a establecer el Reino del amor, de la alegría y de la paz. La paz que Jesús nos da no es una ausencia de inquietud o de guerras, sino es una relación filial y pacífica con Dios. La paz que Jesús trae es una paz que toca, cambia los corazones humanos y transforma el mundo. Todos los mensajes de la Virgen que hemos recibido a través de estos veintisiete años están empapados de humildad, amor y paz. En el tercer día de las apariciones, mientras los videntes bajaban de la colina, la Virgen se apareció a Marija Pavlović y le dijo: “¡Paz, paz, paz - y solamente paz! ¡La paz debe reinar entre el hombre y Dios, y entre toda la gente!” La Virgen se ha presentado en Medjugorje como la Reina de la Paz. Ella llama a todos personalmente a ser portadores alegres de la paz porque vivimos en un tiempo de gracia en el cual Dios nos da grandes gracias. Precisamente estos veintisiete años han sido un tiempo verdadero de gracia porque la Virgen ha estado muy cerca de nosotros de una manera especial. Eso lo testimonian millones de peregrinos que en ese lugar han encontrado el significado de la vida y la paz espiritual. La Virgen nos llama a ser testigos. Cada uno de nosotros debe convertirse en un testigo. La fe nos da fuerza para ser testigos de Jesús en este mundo. Gracias al testimonio de la Bienaventurada Virgen Maria, de los Apóstoles y de los mártires de la primera Iglesia hemos recibido la fe en el Dios Trino. Los testigos verdaderos nos han precedido en el Reino, especialmente los que son venerados como santos por la iglesia. Están presentes incluso hoy como parte de la tradición viva de oración de la Iglesia, con el ejemplo de sus vidas, los escritos que dejaron y su oración. Ellos contemplan a Dios, lo glorifican y no dejan de ocuparse de la suerte de aquellos que quedaron en la tierra. Ellos son verdaderos testigos que al entrar en la alegría de su Señor, han sido colocados por sobre muchos otros. Su mediación es el servicio más alto en el proyecto de Dios. Nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica que podemos y debemos pedirles que intercedan por nosotros y por el mundo entero (cf. CIC 2683). Por lo tanto, todo el que desee seguir a Jesús y luchar por la verdad, debe saber que encontrará resistencia y desaprobación. Hay solamente un camino que conduce a la victoria, y ése es seguir a Nuestro Señor Jesucristo, porque solamente de esa manera llegaremos a ser instrumentos de paz, según las famosas palabras pronunciadas por San Francisco de Asís. Oremos para que con la ayuda de la bendición maternal que nos da la Bienaventurada Virgen María, podamos realizar ese propósito.
Fr. Danko Perutina Medjugorje, 26.09.2008 Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de octubre de 2008 ARMENSE CON LA ORACION Y EL AYUNO
Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de octubre de 2008 “¡Queridos hijos! De manera especial los llamo a todos ustedes para que oren por mis intenciones a fin de que por medio de sus oraciones se detenga el plan de Satanás sobre esta Tierra, que cada día está más lejos de Dios, y en lugar de Dios se pone a sí mismo y destruye todo lo que es hermoso y bueno en el alma de cada uno de ustedes. Por eso hijitos, ármense con la oración y el ayuno para que sean conscientes de cuánto Dios los ama y puedan hacer la voluntad de Dios. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”
La Virgen nos invita a que oremos por sus intenciones. Si nos entregamos en oración a Dios, el plan de Satanás no se podrá realizar en la Tierra. A través de este mensaje, la Virgen pide nuestra colaboración. Estamos conscientes de que Jesús y la Virgen pueden vencer a Satanás sin nosotros, pero piden nuestra colaboración y nuestra decisión. Dio nos creó libres y pide que nosotros nos decidamos. Dios nos creó sin nuestra ayuda, pero sin nosotros no nos puede salvar si no lo deseamos. Cuando la Virgen habla acerca del plan de Satanás en esta Tierra, Ella no está pensando ante todo en la naturaleza, sino en el hombre y en todos los pecados que él comete cuando sucumbe a las tentaciones de Satanás; los varios tipos de pecados graves son: los matrimonios entre personas del mismo sexo, el aborto, los asesinatos, la fornicación, la explotación de los pobres, la blasfemia, la drogadicción, el alcoholismo, etc. La humanidad se pone hoy en el lugar de Dios y repite continuamente el error descrito en las primeras páginas de la Biblia (Gen 3). Los valores humanos han llegado a ser más importantes que los valores cristianos. Para mucha gente, el dinero se ha convertido en un dios. La consecuencia de eso es que se está destruyendo todo lo que es bueno y hermoso en las almas de hombres. La Virgen nos da los medios para oponerse al plan de Satanás, y ésos son: la oración y el ayuno. Todos pensamos que oramos mucho y que creemos firmemente. Si hiciéramos una encuesta, veríamos que no oramos tan a menudo. Pasamos más tiempo hablando por teléfono, bebiendo café, leyendo los periódicos o mirando encuentros deportivos, que en oración. El ayuno y la oración han sido, desde los inicios del Cristianismo, los medios fundamentales en la lucha en contra del mal. Si no oramos y no ayunamos, entonces tampoco podemos creer, porque la fe, es decir, la confianza, se establece con relación a alguien y ese alguien es Dios. La oración es el encuentro con Dios, y de ese encuentro, nace una fe fuerte y poderosa. La Virgen nos invita en el mensaje del 25 de noviembre de 1987, a orar para que Satanás no nos atraiga con su orgullo y falso poder. Ella dice: Estoy con ustedes y deseo que me crean que los amo. El amor y la humildad se pueden leer en cada mensaje de la Virgen, y esa es la razón principal por la cual tanta gente del mundo entero visita Medjugorje, porque se siente amada por Ella. El mensaje de la Virgen de esta tarde termina con las palabras: hagan la voluntad de Dios. En el Salmo 40 en el versículo 9, podemos leer: “Yo amo, Dios mío, tu voluntad.” El hombre que cumple la voluntad de Dios se llena de alegría y de paz. Hacer la voluntad de Dios significa dar grandes pasos hacia la santidad. La humildad es la característica de los que hacen la voluntad de Dios. Son obedientes y mansos. Aquellos que no responden a la llamada de cumplir la voluntad de Dios están preocupados de las cosas terrenales y Dios no está en el primer lugar para ellos. Son gente llena de ambición y que desea lograr sus objetivos por cualquier medio. Son gente que lo mide todo según la medida de este mundo, y por lo tanto pierde su alegría. Decidámonos todos juntos nuevamente por Dios, respondamos a la llamada de la Reina de la Paz, y nos convertiremos en testigos verdaderos del amor de Dios y del amor de la Virgen, tal como los discípulos que Jesús desea que seamos.
Fr. Danko Perutina Medjugorje, 26.10.2008 Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de noviembre de 2008 OREN POR ESTE MUNDO TURBULENTO Y SIN ESPERANZA
Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de noviembre de 2008
“¡Queridos hijos! También hoy los invito en este tiempo de gracia a orar para que el Niño Jesús pueda nacer en el corazón de ustedes. El, que es sólo paz, done a través de ustedes la paz al mundo entero. Por eso, hijitos, oren sin cesar por este mundo turbulento y sin esperanza, a fin de que ustedes se conviertan en testigos de la paz para todos. Que la esperanza fluya en sus corazones como un río de gracia. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” La Virgen nos llama a orar sin cesar por este mundo turbulento y sin esperanza. La esperanza es una virtud teológica que nos hace anhelar el Reino de los Cielos y la vida eterna como las fuentes de nuestra felicidad, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y no apoyándonos en nuestras propias fuerzas, sino en la ayuda de la gracia del Espíritu Santo. “Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es El que prometió” (Heb 10,23). “El Espíritu Santo que El derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna” (Tt 3, 6-7), lo leemos dentro del Catecismo (cf. CIC, 1817). Gracias a la esperanza podemos enfrentar con mayor facilidad los problemas diarios. La redención nos ha sido dada en el sentido que se nos ha dado la esperanza, una esperanza digna de confianza, en virtud de la cual podemos hacer frente a nuestra vida cotidiana: “… el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino”, nos enseña el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Spe Salvi. En este breve comentario del mensaje, recordaremos el octavo aniversario del fallecimiento de Fr. Slavko Barbaric. Fra Slavko tuvo una auténtica devoción infantil hacia la Virgen. Él era incansable en su ministerio. Siempre estaba dispuesto a ofrecer ayuda tanto espiritual como material a cualquier persona que se lo pedía. Lo incluiremos en nuestras oraciones agradeciendo al Señor por darnos la ocasión de haberlo conocido y al mismo tiempo de aprender de él.
Fr. Danko Perutina Medjugorje, 26.11.2008
Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de diciembre de 2008 PONGAN SUS VIDAS EN LAS MANOS DE JESUS
Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de diciembre de 2008
“¡Queridos hijos! Ustedes corren, trabajan y acumulan, pero sin bendición. ¡Ustedes no oran ! Hoy los invito a que se detengan ante el Pesebre y mediten sobre Jesús, a quien también hoy les doy, para que El los bendiga y les ayude a comprender que sin El no tienen futuro. Por eso, hijitos, pongan sus vidas en las manos de Jesús para que El los guíe y proteja de todo mal. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”
El día de Navidad celebramos el nacimiento de Jesús. El 25 de diciembre, la Virgen nos dio un mensaje, que es al mismo tiempo una advertencia y una llamada. Ella dice: ¡Queridos hijos! Ustedes corren, trabajan, acumulan, pero sin bendición. Estas palabras son verdades. Nos tocan incluso más profundamente porque vienen de la boca de la Virgen. Si miramos alrededor, podemos notar como todos estamos preocupados ansiosamente de las cosas materiales. Trabajamos mucho y no tenemos ninguna bendición. No hay bendición porque no ponemos a Dios en el primer lugar. Uno podía notar que en esos días antes de la Navidad, los almacenes, las tiendas y los salones de peluquería estaban más llenos que los confesionarios. Una gran atención se presta al aspecto exterior, mientras que no nos esforzamos en lograr la limpieza interior de nuestra alma. Si estuviéramos tan preocupados por nuestra salvación y nuestra vida espiritual como de las cosas exteriores, el Paraíso pronto comenzaría a florecer en la tierra. En su mensaje, la Virgen continúa diciendo: ¡Ustedes no oran! Por la mañana, antes de ir a trabajar, la mayoría de los católicos apenas hacen el signo de la cruz, sin ninguna otra oración más profunda. Por la tarde, cansados por causa del trabajo, caemos dormidos en la segunda Ave María, y así día tras día. Nuestro cuerpo se cansa, y nuestra alma aún más. Entonces nos preguntamos: ¿Por qué no hay bendición? ¿Por qué Dios no nos oye? Él nos oye, pero nosotros somos quienes no lo oímos. Cuando El viene, nunca estamos en casa. La Virgen nos llama a detenernos ante el Pesebre y meditar sobre Jesús, a quien nos trajo, para que El nos bendiga y nos ayude a comprender que sin El no tenemos futuro. La Navidad, el nacimiento de Jesús, es la festividad del amor eterno e infinito de Dios que ha entrado a nuestra historia bajo la figura de un niño inocente. Mientras meditamos, reflexionamos sobre el nacimiento de Jesús, debemos considerar que no es solamente una hermosa historia acerca de un niño pequeño, de pastores, ángeles y de reyes magos que vivieron en tiempos remotos. Es una festividad que habla sobre el vínculo permanente entre Dios y el hombre. No es un acontecimiento que ocurrió alguna vez. Es una realidad que debería suceder cada día en nosotros. Dios se encarna y cada día se convierte en Dios con nosotros. Lo encontramos en la Santa Misa, en los Sacramentos, en la oración y en las obras buenas. Jesús desea nacer continuamente en nosotros, sus hijas e hijos queridos, así como en la comunidad de sus fieles, en la Iglesia, que es Su Cuerpo misterioso. La Virgen nos ofrece la solución a todos nuestros miedos, angustias y ansiedades – y es su hijo Jesús. Ella dice: Pongan sus vidas en las manos de Jesús para que El los guíe y proteja de todo mal. Solamente en las manos de Jesús, solamente en Su corazón, tendremos una protección verdadera contra cada mal. Seamos testigos de la Buena Nueva y alegrémonos con ese gozo primordial al cual nos invita San Pablo: “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense” (Flp 4:4). No seamos como los buscadores de oro que transcurren toda su vida buscando oro, lo encuentran y lo extraen, pero resultan ser más pobres que antes, aunque sostienen el oro en sus manos. Que Jesús recién nacido bendiga nuestra vida entera y todas nuestras nobles intenciones.
Fr. Danko Perutina Medjugorje, 26.12.2008 |
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