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Artículos de la Honda

Aquel niño llamado David cogio cinco piedras del suelo para enfrentarse al gigante filisteo, Goliat. Oró a Dios, confió en Él a pesar de no disponer de más armas que una sencilla honda de cuero,,, y le sobraron cuatro de ellas. Las palabras llenas de verdad vuelan como las piedras, veloces y certeras, si se lanzan con la audaz confianza de un niño que se sabe hijo del Padre.

02/03/2010 - El Mensaje I: La Reina de la Paz

 

Me han quitado la escayola, y de verdad…. ¡Qué bien se está! La rehabilitación es molesta, pero poco a poco, iré recuperando movilidad, aunque por ahora, siento una bonita paz…
Eso, paz, es lo que cuentan haber conocido a menudo los fieles y peregrinos que regresan de Medjugorje. Para conocer más de esa ansiada paz, resulta interesante introducirse en el mensaje de Medjugorje. Allá vamos:


En principio, hay que saber que el mensaje de Medjugorje es importante porque en él se encuentran las directrices para alcanzar esa paz de la que hablan los videntes. Una paz interior, origen de toda paz, que no se produce ni se alcanza por medios humanos porque viene sólo de Dios, al cual se llega a través de una forma de vida basada en una serie de principios, revelados a la Humanidad hace ya dos mil años, y que cobran actualidad en la vida y el testimonio de estos muchachos.
 
El principio del mensaje de Medjugorje, transmitido por la Virgen María, es este: la conversión al Amor. A ese Amor-Dios del que habló en una carta un tal san Juan, evangelista que conoció en persona a Cristo, que es la personificación humana del Amor, hecho hombre a través precisamente de la Virgen María, y así se cierra el círculo de Medjugorje.
 
Dice la citada carta: “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor”. Y continua: “En esto se manifestó entre nosotros el amor de Dios; en que Dios envió al mundo a su Hijo único [Jesucristo] para que vivamos por medio de él”.
Cuando uno se adentra en el mensaje de Medjugorje se da cuenta de que los videntes no paran de hablar de esto, por eso resulta interesante señalarlo y tomar la referencia.
 
Así pues, lo que hacen los supuestos videntes de Medjugorje es transmitir una serie de mensajes en el que el primero y más importante es la llamada a la conversión a Dios, es decir, al Amor, para lograr que todos los hombres, por medio de Dios-Amor, nos amemos sin remisión, siendo iniciadores y portadores de una paz interior que se transmita, desde nosotros, a todo el mundo, o al menos, hasta donde lleguemos. Al fin y al cabo, el mandato más importante de Cristo a sus discípulos tenía mucho que ver con esto: “Amaos unos a otros como yo os he amado”, es decir, acoger el Amor total, convertíos al Amor total.
 
La virgen María habla, según multitud de los mensajes transmitidos por los videntes, de esta necesidad de conversión, entendida como vuelta del hombre hacia Dios, que es Amor.
Un ejemplo de ellos es el siguiente:
 
“Gracias por vuestra respuesta a mi llamada. Queridos hijos, empezad a convertiros en esta parroquia. De esa manera, todos los que vengan aquí serán capaces de convertirse. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”. (Mensaje dado a la parroquia a través de Marija el 8 de marzo de 1984).
 
Esta, la conversión, es la principal llamada que haría la Virgen María en sus apariciones de Medjugorje, y es ese, la conversión, el más llamativo y asombroso de los hechos que se desprenden de los viajes que tanta gente hace a Medjugorje: las conversiones. La decisión de cambiar de vida para mejor, a pesar de que signifique renunciar a cosas que hasta ese viaje, habían resultado interesantes, pero que no habían logrado satisfacer ni la inmensa capacidad ni la inmensa necesidad de amor que tienen los hombres.
 
Eso es Medjugorje: una fortísima llamada a la conversión, no tanto de los no católicos a la Iglesia, sino de los propios católicos, los cristianos bautizados que en alguna esquina de nuestra vida nos hemos dejadas olvidadas una serie de cosas muy importantes para vivir en cristiano en medio del mundo que nos ha tocado, o mejor dicho, en el tiempo que nos ha dado Dios.
 
Por ahora, son muchos los testimonios que hablan de conversión, y ninguno -hasta donde yo sé- que hablen de desconversión. A la Iglesia, a nuestra Santa Madre y Sabia Iglesia, entran muchos fieles por esa puerta llamada Medjugorje. Entran además pasando por el confesionario y con un impulso y un testimonio que destroza los prejuicios del mundo por donde van, que sorprende a sus amigos y conocidos y que descoloca al más pintao. Gloria a Dios.

Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)

23/02/2010 - La Virgen no viene a lucir palmito

Aviso de antemano que esto de “estar manco” me tiene tocado el ánimo, y lamentando mucho haber podido dar otra impresión, respondiendo a un comentario de un lector, me brindo la oportunidad de aclarar que yo no pienso que la Iglesia haya machacado nunca a nadie. Y mucho menos, machacar por machacar. Pero vamos a ver, de qué estamos hablando. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, por tanto, la Iglesia no puede machacar a nadie. En todo caso, habremos sido alguno de sus miembros, torpes personajes individuales cada uno con sus cadaunadas, necesitados de confesarnos con cierta frecuencia. Que hasta donde yo sé, infalible, lo que es infalible, solo es uno, y en especialísimas circunstancias. Y en esto de lo que hablo, no seamos ingenuos. Si nos hemos machacados tantas veces incluso entre nosotros, ¿cómo no lo vamos a haber hecho de puertas afuera? Si lo hacemos con gente cercana y de nuestra condición, ¿por qué no lo vamos a hacer con una niña enfermiza y analfabeta como Bernadette, que decía ver nada menos que a la Virgen María? ¿Porqué no suspender a un frailecillo de nombre Pío y de carácter encontradizo, que decía tener en sus manos los agujeros de los clavos de Cristo, nada menos?

Una vez dicho, es bueno saber que eso es tan cierto como que cuando se aparece la Virgen María, pues no viene a molestar, no viene a hablar de ella ni a dar ruedas de prensa. Si quisiera lucir palmito pues montaría un numerito en Las Vegas o haría milagritos sobre la Torre Eiffel en Noche Vieja. Desde luego, si quisiera dar la nota no escogería una aldea perdida en Herzegovina como es Medjugorje. Yo siempre tengo en cuenta que Dios, para nacer, no escogió el Ruber Internacional. Qué va. Nació en una cuadra del último pueblo de la más alejada provincia romana. Pero así funciona Dios. Él sabrá. Y de la misma manera que hay santos en el cielo no declarados santos por la Iglesia, o que han ocurrido milagros no reconocidos por la Iglesia, no es descabellado pensar que ha habido apariciones auténticas y no declaradas por la Iglesia. Porque la autenticidad de una aparición no depende de su estudio y declaración de autenticidad, sino de su propia autenticidad, igual que la santidad de un alma no depende de su canonización, sino de su santidad. Que la Virgen se haya aparecido a alguien no depende de que lo diga nadie, sino de que se haya aparecido. Por eso es una buena noticia que ninguna aparición sea dogma de fe, que para eso la Iglesia es sabia, prudente y abierta. Para que los que a través de los furos y del contenido del mensaje, hablen de ella, no se corten y no esperen a que nadie diga nada tanto tiempo después, porque si viene, si es cierto que viene ahora, es por algo, no para que esperemos quietos y callados.
Hace unas semanas, una chica de 21 años ha entrado en un monasterio de clausura. Allí estaban toda su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo y estudios… ahora empieza un proceso de discernimiento, y Dios dirá. Pero el solo hecho de que una joven de 21 años se atreva a dejar amigos, trabajo y estudios, en estos tiempos y mundo, para encerrase de por vida en una clausura, es un milagro. Cuando dio testimonio, lo dijo: “Fue en un viaje a Medjugorje, al que no iba a ir. Pero allí, Dios se me declaró. Me dijo que me quería para mí”. Qué valiente al decirlo y al contarlo. Qué valiente, porque sin que ella la haya visto, ya se ha quedado con el sambenito de ser ‘la de Medjugorje’, con lo que ello conlleva. Y seguramente no se lo cuente a nadie que no se lo pregunte, pero si lo hacen, contará la historia. Explicará con la voz temblorosa y la mirada convencida algo que es inexplicable, incomprensible, alucinante, magnífico, bueno.

Cuantas veces se habrá aparecido la Virgen María a tanta gente sin que nadie se haya enterado más que el santo o el místico agraciado con su presencia. Y si alguien tiene algún problema con que la Virgen María se aparezca, que lo discuta con ella, que es quien se aparece, y deje en paz a quien se haya beneficiado espiritualmente de su presencia, que demasiado tiene el pobre atontao con haberse convertido en un lugar de supuestas apariciones, y tener que venir aquí y contarlo, con lo poco que vende eso, tanto dentro como fuera de la Iglesia.
Ahora, ya te digo yo, que si en una aparición la Virgen María te señala un camino hacia fuera de la Iglesia, desaconseja los Sacramentos, o recomienda el Código da Vinci en vez de la Palabra, ya no hace falta que la Iglesia declare nada: ¡es falsa! Seguro, no lo dudes. No esperes ningún juicio.
Por eso, cuando un peregrino de Medjugorje, que es el pompi del mundo, se ha ido hasta allí con un par, ha conocido el mensaje, y dice haber convertido (de converger) su vida hacia la Iglesia Católica, donde vive Cristo, merece un respeto del que la mayoría de las veces carece. Seamos honestos: ir a Medjugorje es a día de hoy ir contracorriente –aunque esté explícitamente permitido por la Doctrina de la Fe-, es políticamente incorrecto. Sin embargo, la gente va allí, reza y se confiesa. Eso ya es un tantazo. No para mí, ni para la Iglesia, sino para esa persona concreta, y por tanto, como mínimo, merece nuestra alegría y respeto, y que con nuestra personal opinión hagamos un bocadillo de mortadela.

En ocasiones veo recelo de conversiones o vocaciones por donde han sido (Medjugorje, un movimiento, una parroquia concreta…), en vez de alegría de por lo que ha sido.

Por eso me admiran más aún los peregrinos de Medjugorje. La verdad es que no sé si la Virgen se aparece allí, pero por vuestra fe, piedad viva y vivida, incombustible apostolado, perseverancia e insistencia, si no lo ha hecho ya, os merecéis que se aparezca. Por aclamación popular, como los santos de antaño.

Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)

30/01/2010 - De Milka, Ivan, y las desconocidas videntes de Fátima.

Una pequeña lesión en el brazo aumenta mi torpeza frente al teclado, lo cual no quita para que me sigan llegando noticias desde Medjugorje, traídas casi siempre en la maleta de un peregrino audaz o en la memoria de un sacerdote desubicado por lo que ha conocido.
Mi propósito hoy no es otro que responder a una pregunta de un lector sobre el fenómeno del que en este blog se escribe.
 
La primera de ellas es qué ha pasado con aquellos dos muchachos que dijeron ver a la Virgen María el primer día y que no volvieron a verla los siguientes.
Se llaman Milka e Ivan, y viven ambos en Medjugorje. Ellos no ven el no haber tenido más apariciones como una ‘maldición’ o una pena, sino que al contrario, viven muy felices por haber tenido ese don un día de su vida. Y seguramente también, por haber visto eximidos o relegados de llevar la cruz que supone ser vidente…
Antes de que nadie empiece a torcer el gesto en esta especie de juego del escondite de la Virgen María con éstos dos videntes, conviene recuperar de un libro firmado por Javier Paredes, titulado Santos de pantalón corto ( Homo Legens ) en la que cuenta cosas curiosas sobre la vida de los videntes de Fátima.
Resulta que las apariciones de las que fueron testigos en 1917 Lucia, Jacinta y Francisco, comenzaron dos años antes con las apariciones de un ángel, el Ángel de Portugal, dijo, que en tres apariciones en 1915 y en otras tres mas a lo largo de 1916, se supone que fue preparando a los videntes para el encuentro culminante con la Virgen María para ser los portadores de una gracia de Dios muy especial.
Pero resulta que los tres primeros videntes del ángel, en 1915, no fueron Lucía, Jacinta y Francisco, sino Lucía y dos amigas suyas de la misma edad.
Sin embargo, por lo que fuese, el ángel –que actúa por mandato de Dios, no va por libre- fue cambiando de destinatarios de sus apariciones, y finalmente optó por Jacinta y Francisco pasando al anonimato aquellas dos amigas de Lucía que le vieron antes que los ya beatos. Les pasó lo que a Milka Pavlovic e Ivan Ivankovic.
La verdad es que escarbando entre la historia, en los pequeños y más nimios detalles de otros fenómenos de apariciones, se encuentran cosillas como estas que, sin querer decir nada a favor de su autenticidad, sí que responden por sí solas a éstas cuestiones.
 
Toda esta información, en ocasiones sorprendente, está ahí. Solo hay que interesarse por ella, y en muchas ocasiones eliminan dudas y cuestiones sobre el fenómeno de Medjugorje o similares como el de El Escorial, Garabandal, Ezkioga, Umbe... Una de las cosas que yo he aprendido gracias al estudio de ellas, es que el fenómeno de las apariciones no tiene un patrón común. No son Lourdes y Fátima y lo que se salga de ahí no cuenta. Pocas cosas son las que unen unas apariciones de otras (hablo de apariciones auténticas, reconocidas o no por la Iglesia): Los videntes siempre son gente humilde; los videntes siempre son perseguidos, en ocasiones machacados; la síntesis del mensaje es siempre la misma (oración, conversión, penitencia, Iglesia); los frutos son buenos. Estas cuatro mínimas se dieron en Fátima, donde los niños fueron machacados por la autoridad eclesial competente; en Lourdes, donde pocas veces una vidente ha sufrido tanto como sufrió Bernadette; en La Salette, donde sus dos videntes no acabaron teniendo precisamente una vida ejemplar; en Laus, en Ámsterdam, en Kibeho, en tantas partes…

Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)


23/01/2010 - Comienza el Fenómeno

240681:

Muchas veces me he preguntado qué cosas ocurrieron en la tarde del 24 de junio de 1981, aquella en la que un grupo de adolescentes yugoslavos llegaron a sus casas asustados y despavoridos, alguno sin zapatos, pálidos y sin aliento según contaron y sostienen hoy en día, por la experiencia que habían tenido en la ladera de ese cerrillo que corona su barriada en una aldea de la antigua Yugoslavia.
Me lo pregunto porque sin que nadie se diese cuenta, posiblemente esa tarde no cambió solo la vida de esos niños y adolescentes, la de sus familias y paisanos, sino la de millones de personas en todo el mundo, que se verían afectados, de una u otra manera, por la experiencia que estos mocosos yugoslavos han difundido ya por toda la Tierra, conocida como el Fenómeno de Medjugorje, con la que la verdad… ‘la han liao parda’.

La tarde del 24 de junio de 1981, tarde de miércoles, probablemente yo ya estuviese disfrutando de aquellos largos y sensacionales veranos de infancia y juventud que me pegué en la sierra de Ávila, en Piedrahita. Mi madre trabajaba en casa y en cuanto acabábamos el cole, nos metía a todos en el SEAT 124 ranchera, entre los huecos de las maletas, y nos plantábamos en el pueblo hasta mediados de septiembre. Yo, con apenas cuatro años recién cumplidos, no sabía ni qué era Yugoslavia, cómo para saber que en una de sus recónditas aldeas, esa misma tarde, cambió mi vida para siempre.

La hemeroteca del ABC nos cuenta que el 24 de junio España le metió un 1 a 3 a México, apriétense los machos, con un gol de Hugo Sánchez para ellos y dos de Juanito para nosotros. En la portería, Arconada. Gordillo ya lucía la zancada menos glamourosa del fútbol internacional con tanta efectividad como poco garbo. Es probable que yo viese aquel partido con mi hermano JP, en esos ritos iniciáticos en el mundo del fútbol que vivieron su máxima expresión con el 12-1 a Malta… sin embargo, mientras Hugo empezaba a ser conocido en España, mi hermano jaleaba los goles de Juanito y yo disfrutaba de la diversión que supone un pueblo con gallinas y vacas, mi vida cambiaba para siempre de la mano de otros niños que ni conocía ni me importaban, con los que jamás me hubiese entendido y con los que hoy, sin embargo, comparto tanto como es la fe en Cristo, casi nada.
No lo sabía entonces, y no lo sabría hasta 24 años más tarde. Pero sí, esa tarde comenzó el Fenómeno de Medjugorje, y por tanto, comenzó mi enamoramiento por ella. Por María, en la Iglesia.
No me acuerdo de ese día. No tengo ni idea de si llovió, de que comí, de si estuve enfermo o de si me divertí. Solo sé que sin acordarme, fue el día más bonito de mi vida. Aquel día, en Yugoslavia, cambió mi vida y yo entré en la Iglesia. Me enamoré de María y, sin tener ni idea, comenzaría a vivir el Fenómeno de Medjugorje. Ahora, cada vez que estoy en Medjugorje y me veo paseando por los alrededores de la parroquia, miro al monte y digo: “En ese monte cambió mi vida, y yo sin enterarme”.

¿Cómo empezó la historia que tantas vidas ha cambiado, en forma de conversiones y vocaciones, en las tres últimas décadas? En el siguiente post intentaré contarlo de nuevo, sin que falte nada, pero por ahora, ahí queda eso:
Todo empezó cuando dos adolescentes, de nombre Mirjana e Ivanka, quedaron para dar un paseo y contarse las novedades al pie de una montaña. Se dice que se fumaban un cigarrillo a escondidas, hablando de sus novietes, de sus notas y esas cosas, cuando de pronto, una de ellas, dijo a la otra: “Mirjana, estoy viendo a la Gospa”…

Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)

 

17/12/2009 - Las personas

Voy camino ya de cuatro años de conocer Medjugorje, y os prometo que de tantas cosas que han pasado, me parecen lo menos siete.
Gracias a esa aldeucha de Herzegovina he sido protagonista y testigo de numerosos acontecimientos que no han hecho otra cosa más que enriquecer mi pobre persona y descubrir un mundo vivo que yo creía muerto: el de mi propia fe. Sí, es cierto, y es que en esas famosas cinco piedras y en cómo me las transmitió el padre Jozo, se fraguó el poco brillo que luzco hoy dentro de una iglesia. Antes de eso, oscuridad y tristeza. Después, el mismo pecador con otra cara: la de la alegría sosegada; la de la tranquilidad; la de la paz interior que solo Dios te puede dar; la de esa amiga que mira por mí desde el cielo como lo hacen las mejores de la tierra.
De todas las cosas que he conocido en y de Medjugorje, el mayor regalo que me he traído ya estaba aquí: gente.
Personas con nombre y apellido que han hecho que este tramo de vida sea mucho más colorido, diferente y rico. Más humano en cuanto a profundidad de las relaciones. Más divino en cuanto a la búsqueda de Dios por mi parte.
Desde que salió a la venta el libro que me han regalado escribir, titulado Medjugorje, lo he presentado en varias ciudades diferentes de España y en todas, he podido estar con gente que he conocido en Medjugorje y que me han abierto, literalmente, las puertas de sus casa, y las de sus amigos. En Barcelona no cené solo, sino con tres amigos sensacionales que podían haber sido más.
En Jerez se desvivieron y ya soy toda una estrella.
En Sevilla me llevaron al Pizjuan y vi la parada de la historia gracias a Iker.
En Murcia estuve en casa de mi familia guadalupana y conocí a una gran periodista que dará que hablar.
En Córdoba lo que conocí fue una Estrella de Navidad que nos hizo de guía a los peregrinos por toda la ciudad.
En Sevilla estuve una segunda vez.
De Sevilla son Inés y Rocío. Ojito con esta pareja de hermanas.
En Zamora ‘sufrí’ con mi hermano Borja Mec el segundo empacho de mi vida, con la compañía de Carmen Ferreras, una crack.
Ya tengo cerradas o habladas las visitas a Ávila, Cáceres, Trujillo, Valencia y León. Ah! y en Puerto Rico, mira tú. Y en todos esos lugares me esperan con ilusión. A mí, que tantas veces no me aguanto ni yo. Pero lo tengo claro. Me esperan a mí, pero no por mí, sino por Ella. Y por Ella es también por lo que nunca digo que no a un viaje o a una presentación. Aunque a veces me dé pereza, al final siempre me alegro. Dejo atrás a los lectores anónimos y acabo conociendo a magníficas personas. Ellas son mi mejor regalo.

Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)

22/07/2009 - Cuanto darían aquellos peregrinos por vivir en estos días

Bernadette Soubirous (1858).

No quiero vivir ni un instante de mi vida sin amar (Bernadette Soubirous).
Hace 151 años, en 1858, una pequeña aldea del sur de Francia fue epicentro de un acontecimiento espiritual, asombroso y difícil de creer, y es que el cielo se hizo presente en la Tierra a través de los ojos de una pobre y humilde aldeana llamada Bernadette. La chiquilla era apenas una analfabeta, poco ducha en materia espiritual, que apoyaba la precaria economía familiar con trabajos domésticos reservados para las sirvientas: fregar, cuidar niños, recoger leña, pastorear ganado… tal era su ignorancia y pobreza que a sus catorce años aún no le había sido permitido hacer la Primea Comunión. Y fue precisamente a esta niña, a Bernadette, a quien se le había aparecido nada menos que la Virgen María en 17 ocasiones desde el 11 de febrero hasta el 16 de julio de ese 1858.
Los acontecimientos que acompañaron a las apariciones de Bernadette cruzaron las fronteras de Francia en unos tiempos en que no existía ni la tele por cable ni Internet y sin embargo, muchos miles de peregrinos pudieron compartir y participar de aquella gracia extraordinaria de Dios, que derramaba su amor entrañable a quien, llamado por su Madre, se hacía presente en la aldea francesa junto a Bernadette. 


El 16 de julio de aquel año, la Santísima Virgen apareció en Lourdes “más hermosa y sonriente que nunca e, inclinando la cabeza en señal de despedida”, desapareció de la vista de Bernardita, que nunca más volvió a verla en esta tierra. No hubo previo aviso, no hubo anuncio ni despedida. Solo sabemos que Bernadette, durante el resto de su vida, añoró con tremenda nostalgia aquellas visitas. La pregunta que asalta al corazón y a la cabeza cuando se medita sobre este acontecimiento, es cuantos serían los peregrinos que llegaron los siguientes días, una vez acabadas las apariciones, y no pudieron participar de tanta alegría… ¿Cuanto hubiesen dado aquellos peregrinos rezagados porque las apariciones de la Virgen María hubiesen ocurrido durante 29 años más? ¿Qué cálculos hubiesen hecho? ¿Cuánto hubiesen escatimado? ¿Cuantos días de vacaciones no se hubiesen gastado? ¿Cuántos ahorros hubiesen empleado? ¿Cuantos kilómetros recorridos, en carro o a pie, bajo el sol y la lluvia, no hubiesen caminado con tal de estar solo una tarde junto a Bernadette ante María? ¿Cuánto amor hubiesen mostrado en su peregrinar? ¿Cuánta confianza?
Hoy, en este año 2009, cuentan que la historia de Bernadette se repite en una aldea de Herzegovina, pero a diferencia que en Lourdes, en la aldea de Medjugorje las apariciones perduran hasta nuestros días, y eso permite al hombre de hoy viajar a ese lugar y participar de esa gracia: organizar viajes, encuentros y actividades en el Lourdes de Bosnia y Herzegovina.

 
Es verdad que, aunque los testimonios de cosas maravillosas, de encuentros reales con el amor entrañable de Dios, son incontables, es posible que no se aparezca allí la Virgen María. Que las miles de confesiones no se deban más que a la excelente pastoral de unos sacerdotes que más que frailes deben parecer ángeles, a juzgar por el éxito de su apostolado. Tal vez esos montes llenos de gentes rezando sin parar, llegadas desde países tan lejanos como Canadá, Korea, Vietnam, Nicaragua, Sierra Leona, Líbano, Nigeria, Chile, Perú… no sea más que el producto de una histeria colectiva, que nada tenga que ver con la búsqueda sincera, sin importar la vergüenza, de Cristo en sus vidas. El fruto del entusiasmo exagerado de quien busca lo innecesario. Es posible y probable que las curaciones médicas, inexplicables, que de allí se cuentan y se tiene constancia, no sean más que un chisme inventado por aquellos aldeanos yugoslavos que han abierto una pensión o una tienda en la que vender rosarios y estampitas. Y también es posible que los chicos que, como en tiempos contó Bernardita, dicen ver a la Virgen María, digan la verdad. Es posible que los incontables análisis e interrogatorios que han superado no hayan sido amañados. Que los comunistas que les persiguieron en tiempos y finalmente se convirtieron fueran en realidad enemigos del Sistema. Puede ser que la inmensa controversia surgida en torno a ellos no sea más que la confusión del mal que intenta, como ya sucedió con Bernadette, confundir a la buena gente que se cierra en banda ante la posibilidad de un viaje hasta esa tierra. Sí, todo eso es posible. Son cábalas que se escapan del peregrino, del hombre de a pie, del que busca con confianza y esperanza la presencia de Dios en su vidas. Pero entre cábalas, dudas y preguntas, una certeza es la que queda: ¿qué no darían aquellos que no llegaron a Lourdes por vivir un día, un solo día más, aquel fenómeno en que Dios se hizo presente a través del corazón maternal de María?
Cualquier día de estos, los videntes de Medjugorje nos dirán que aquella a la que dicen ver, vino más bella que nunca, hizo un gesto de despedida y que ya no la volverán a ver. Y sin saber con absoluta certeza si fue cierto o no, al menos a unos cuantos millones de peregrinos nos quedará la alegría de saber que le dimos a Dios, a corazón abierto, la oportunidad de sorprendernos ante la presencia amorosa de su Madre, la Virgen María.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres).

05/06/2009 - El Milagro de Oziornoye I: La Virgen de los Peces

Llevo varios días queriendo escribir una breve crónica sobre mi visita a este pueblecito de nombre impronunciable que tanto me recuerda al impronunciable nombre de Medjugorje. Me voy a extender en un par de capítulos o tres, tal vez más, porque la presencia de María en él me ha recordado la fortísima presencia de María en Medjugorje.
Oziornoye no es un lugar de apariciones marianas, pero sí de milagros, de signos que llevan impresa la firma de Dios sin que ningún hombre la pueda suplantar.
Para empezar a hablar de Oziornoye hay que hablar de la inmensidad llena de nada en medio de la que se encuentra: la estapa kazaja. Y es que Oziornoye es un pequeño pueblecito fundado en 1936 por los polacos que fueron deportados allí por aquellos comunistas que decidieron utilizar Kazajstán como basurero humano donde tirar a toda persona que no les sirviese para nada o que les molestase.
El primer milagro de Oziornoye es la supervivencia de la población. La estepa kazaja es una inmensidad tan grande como Europa en la que la vida es  muy difícil. Para empezar, por los extremos climas que soporta en invierno y en verano. Segundo, por la dificultad que presenta su entorno para cultivar nada. Las fuertes nevadas de invierno convierten el suelo en un patatal a partir de abril, que hace impracticable el suelo hasta bien entrado el verano, formando neveros, lagunas y barrizales difíciles de distinguir en un terreno tan grande como España, Polonia y Francia unidas por charcos más o menos grandes.

LA ESTEPA. Imaginaros esto a los -40ºC de invierno.Es precisamente de uno de estos charcos o lagunas pequeñas, de donde parte el primer milagro. Y eso es lo que quiere decir Oziornoye: el pueblo de la laguna. ¿De qué Laguna? De una que aparece en primavera bajo un nevero gigante, que llega a cubrir cuatro metros de profundidad a finales de marzo y que desaparece absolutamente, sin que quede nada de agua, al acabar el verano. Solo un signo, una señal humana, te hace pensar que ese cuenco seco –que yo conocí con un poco de agua-, es en ocasiones, profundo como un pozo natural en medio de la nada.
Pero como es lógico, en esos charcos temporales, llenos de lodo y agua estancada, la vida no surge, no progresa, no perdura.
Sin embargo, una imagen de la Virgen en lo alto de un poste de metal -el signo humano del que hablaba-, lo suficientemente alto para que el agua del invierno no la tape, señala la laguna cercana a Oziornoye en la que, aquel invierno de 1937 -el primero de los deportado polacos en el que murieron millares de ellos-, vieron los lugareños, polacos católicos que rezaban a nuestra Madre, como desde lejos, saltaban cientos de peces enormes como perros.

Efectivamente, en esa laguna hubo una tercera pesca milagrosa no descrita en el Evangelio, ocurrida en los años 30, que dio de comer a todos los hambriento polacos durante un durísimo invierno kazajo, lo que les dio un verano más de tiempo para asentarse y sobrevivir hasta nuestros días, en esa maravilla en medio de la nada que es Oziornoye, donde no llegan las carreteras, donde la población se aísla absolutamente durante cuatro mese al año, donde no hay alumbrado urbano ni calles asfaltadas, y donde unos cuatrocientos hijos y nietos de deportados polacos honran a la Virgen de los Peces, y guardan en el corazón de su pueblo un  misterio no revelado que une el cielo con la tierra y hermana el impronunciable pueblo kazajo de Oziornoye con el impronunciable pueblo herzegovino de Medjugorje.
Os seguiré contando.

Jesús García. Periodista.

05/05/2009 - Hasta el tato

Acabo de regresar de Medjugorje acompañando a un grupo de cien peregrinos que partió desde Madrid. La maravilla de este grupo ha sido la novedad, ya que apenas hubo repetidores.
Ha sido un viaje duro por la crudeza del mensaje que Mirjana transmitió el sábado, pero ha sido una delicia, una maravilla ver como a todos esos nuevos les iba cambiando la cara según pasaban las jornadas, desde ese gesto de suspicacias interiores a ese otro de haber llegado a casa, pasando, claro está por esa mueca intermedia que cabalga entre el asombro y la sorpresa: “Uy, yo no había venido para esto… pero me está gustando”.
Podía contaros extensamente todo lo que hemos hecho por allí todos estos días, pero voy a resumir en una frase: Se confesó hasta el tato. Incluso los más reticente no sólo con el fenómeno, sino con la Iglesia. Diez años, quince años, veinte años después…  Incluso hubo quien llevaba toda la vida sin confesarse. Sí, ellos se confesaron. Esos son los frutos de Medjugorje. Lo demás, me importa bastante menos de lo que pueda parecer a veces.
Eso me demuestra una cosa: en realidad, todos buscamos lo mismo. Todos tenemos la misma necesidad, y en Medjugorje, es más fácil encontrarlo. Es así de sencillo.
Volviendo a la dureza del mensaje. Mi amigo Manolo Barreda me ha hecho una reflexión: “Ya está bien de conversaciones y charletas sobre lo bien que lo pasamos. Hay que actuar”. Ese hay que actuar quiere decir una cosa: vive los mensajes, Jesús. No hables de ellos y vívelos. Y todo será más fácil. Todo será mejor.

Jesús García. Periodista.

27/04/2009 - La primera en la frente

La primera pedrada de Medjugorje me la llevé en toda la frente. Yo tenía 28 años y viajé allí para “descubrir el pastel”, como dice jocosamente mi compañero de aquel viaje, Gonzalo Moreno, sobre el presunto fenómeno de apariciones marianas que se vendrían dando en Bosnia y Herzegovina desde 1981.
Aquella noticia me atraía, por un lado, por la tremenda novedad que podía suponer la presencia real de la Virgen María en mi vida, en mi tiempo, en mi generación. De ser cierto, suponía que el acontecimiento de Fátima se revivía ahora mismo, y me abría la posibilidad de conocer a Lucía en la actualidad, de hablar con un Jacinta en el idioma de los croatas y de ver reflejada la mirada de Francisco en la de un joven llamado Jakov seguidor del Hadjuk Split.
Por otro lado, me rebelaba pensar que en todos estos años, un católico como yo, educado en colegio del Opus Dei y para quien el rezar ha sido el pan mío de cada día -en ocasiones como alimento de ganso para el paté, hasta reventar-, nadie en esta Tierra de María me hubiese hablado del acontecimiento. No, tenía que ser falso. No era verdad.
Y cual fue mi sorpresa allí que mi primera tarde en aquel lugar me robó el corazón una sencilla y recogida adoración eucarística en una parroquia de pueblo a punto de estallar. Yo había estado en cientos de adoraciones y vigilias, pero algo tuvo aquella que de nada me importaron aquella primera noche los llamados videntes ni que el sol pudiera bailar. Por primera vez en mi vida tuve la certeza vivida de que Cristo Eucaristía escuchaba y mimaba a los que le hablaban. Me lo decían los ojos de todos aquellos que le rezaban en la penumbra. No fue normal. Aquella parroquia tenía algo que yo desconocía. Y la primera pedrada me la llevé en toda la frente, ante el pan vivo de la Eucaristía. A partir de ahí, nada fue igual.  

Jesús García, Periodista. 

   
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