Aquel niño llamado David cogió cinco piedras del suelo para enfrentarse al gigante filisteo, Goliat. Oró a Dios, confió en Él a pesar de no disponer de más armas que una sencilla honda de cuero,,, y le sobraron cuatro de las piedras. Las palabras llenas de verdad vuelan como las piedras, veloces y certeras, si se lanzan con la audaz confianza de un niño que se sabe hijo del Padre.
13/09/2011 – Un té con pastas con los amigos de la Virgen
Peregrinar es darle la oportunidad a Dios de demostrarte en pocos días lo que puede hacer en toda tu vida.
En pocos días de peregrinación puedes conocer grandes amigos que duren toda tu vida, porque te das cuenta de que compartes con ellos los más importante que hay en ella, y aunque no los veas en mucho tiempo, sabes que están muy muy cerca, porque rezan por ti, y tú por ellos, y no hay lazo más estrecho que el saberse en el corazón de Dios, en su Iglesia.
Hace tres años conocí a un grupo de amigos en una peregrinación a Medjugorje. Todos ellos se conocían ya, de hecho, tienen la afición de practicar el sano deporte de las peregrinaciones, en concreto a Lourdes. Acompañando a enfermos. Ojo. No llevándolos, sino acompañándolos y siendo acompañados por ellos.
De aquella peregrinación a Medjugorje surgió un grupito formado por todos ellos, que ya se conocían, y yo, que me subí a su carro. De vez en cuando quedamos para tomar un té con pastas, nombre con el que nos identificamos entre nosotros. La verdad es que el té que tomamos poco tiene de té, y las pastas, tampoco son pastas. Ellos tiran más hacia el gin tonic y yo a la cerveza bien fría. En lo que coincidimos es en el surtido de ibéricos y buen queso.
En esas reuniones compartimos todo tipo de conversaciones: del día a día, del trabajo, de las familias, de los exámenes, de los amigos… de todo un poco. Ponemos otro gin tonic, y seguimos hablando.
Compartimos entre todos una pequeña mochila virtual, en la que metemos las intenciones y necesidades de cada uno y nunca nos olvidamos de rezar por la mochila. No sabemos cuántas ni cuáles son esas intenciones, pero la mochila siempre está presente cuando rezamos.
En octubre emprenden con la Hospitalidad de Lourdes otra peregrinación, y este verano han hecho un video sobre alguna de esas, sus peregrinaciones con los compis, como llaman ellos a los enfermos que acompañan, que no llevan.
Con la Hospitalidad solo he coincidido una vez, en el convento de Iesu Communio, en La Aguilera. Fue un día de principios de verano, y fue uno de esos días en que vuelves a casa como si nada, pero que sabes que ha pasado algo.
29/03/2011 – Fracasos
Ayer pasé un día maravilloso en compañía de unos amigos cristianos. Fuimos en una furgoneta a La Aguilera, ya que era el rito de iniciación a la vida consagrada de un par de chavalas a las que de forma totalmente desligada, habíamos conocido en los últimos tiempos. y ya ves tú, tuvieron su inicación al noviciado juntas el mimso día. ¡Qué regalo para nosotros!
Maribel conoció La Aguilera a la vuelta de una peregrinación en bus a Medjugorje. Era la última parada antes de llegar a Madrid y Dios se quedó su corazón allí dentro. Ya no pudo volver a la vida de antes. Se enamoró de Cristo, y contra eso, chavales, nada que hacer.
Rut, en cambio, nunca ha ido a Medjugorje. Ni le ha hecho falta ni le ha dado tiempo. Jesús la enamoró a los catorce años. Y si el primer amor suele ser especial, imagínate con Él. De nuevo nada que hacer. Me voy al convento y hasta luego.
Al acabar el rito, sencillo y entrañable al mismo tiempo, tuvimos un rato de charleta con algunas hermanas, y hablando con una de ellas de mi edad, coincidimos en que en el camino de la vida, han sido los fracasos lo que nos han llevado a la Vida.
En la mía, han sido muchos más los fracasos que los éxitos. Y bien sonoros. Y lo siguen siendo, la verdad.
Fracaso en la voluntad, fracaso en el amor, fracaso en la obediencia, en la entrega, y así en un montón de cosas en las que me gustaría no fracasar, y no puedo. Pero supongo que eso es lo que me mantiene mirando día sí día también a ese fracaso humano desgarrado y desangrado que acabó colgado de un madero. La aparente derrota de Cristo.
Siguiendo las matemáticas de Dios, han sido mis fracasos mis mejores éxitos, y mis éxtios, mis más peligrosos enemigos.
Estoy seguro que la vida de Rut y Maribel está llena de fracasos en los que solo Dios y ellas han entendido que ahí está el éxito de su vocación, de su vida, de su sí y de su llamada.
Dios os bendiga, enamoradas.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje” (Ed. Libros Libres)
09/12/2010 – 36.803
6.803 sacerdotes han concelebrado Misa en la parroquia de Medjugorje desde el 1 de enero hasta el 8 de diciembre de 2010.
Se ha superado ya la cifra más alta en este sentido. Es un dato, y que cada cual saque las conclusiones que quiera, desde las sencillamente estadísticas, a las trascendentes.
En todo el año 2009 concelebraron 33.302, y el año que más presbíteros lo habían hecho en la parroquia de Santiago fue 2007, con 34.265.
Aún quedan 23 días para que finalice el año, algunos de los cuales son de los que, precisamente, más sacerdotes hay en la que ya es conocida como la parroquia más grande del mundo.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje” (Ed. Libros Libres)
06/12/2010 – Juan Pablo II: “Medjugorje es la realización de Fátima”
La verdad es que leí tanto en su día sobre Juan Pablo II, que cuando salió el libro Por qué es santo, firmado por el postulador de su causa de beatificación, Slawomir Oder, directamente pasé del tema. Digamos que sentí que nada más podía aportarme la vida de JP2, por todo lo que ya sabía. Sin embargo, el polaco tenía una sorpresa para mí, y para toda la Iglesia, sobre la presencia de la Virgen María entre nosotros, en nuestro tiempo, durante toda nuestra generación, de una forma mística y asombrosa: Medjugorje.
Como ya sabéis, el cardenal Ruini, Vicario Emérito de Su Santidad para la Diócesis de Roma, es quien preside la Comisión Internacional de Investigación sobre Medjugorje. Éste cardenal Ruini, uno de los más allegados a JP2, eligió al sacerdote polaco Slawomir Oder como postulador de la causa de beatificación del anterior Papa.
Slawomir Oder es sacerdote diocesano y presidente del Tribunal de Apelación de la Oficina Legal del Vicariato de Roma, y en el año 2010 publicó el libro del que os he dicho que yo directamente pasé, Por qué es santo.
En el prólogo de dicho libro se explica que Oder, como es lógico, se ha convertido en el “depositario de las noticias, sacrificios, y anécdotas que debidamente unidos, conforman la imagen inédita del candidato [Juan Panlo II]”.
Pues bien. En el Capítulo III de dicha obra, titulado “El místico”, Oder empieza a describir la profunda devoción que Juan Pablo II tenía a la Virgen Santísima. Para describir esta devoción, Oder no ha escogido la advocación de Guadalupe, primer destino escogido por este Papa peregrino y Mariano; tampoco ha escogido la de Lourdes, Santuario que visitó en algunas ocasiones; ni siquiera la de Fátima, a quien él siempre reconoció que le salvó la vida en el atentado del 13 de mayo de 1981. No; Slawomir Oder ha escogido nada más y nada menos que Medjugorje, destacando que el Papa relacionaba el atentado con las apariciones de la Reina de la Paz en Medjugorje, lugar de realización de Fátima. ¿Sorprendidos? Bien. Vamos al tema.
En dicho capítulo III, nos encontramos con un epígrafe titulado: “Si no fuese Papa estaría confesando en Medjugorje”. Os copio el texto íntegro:
“Su devoción por María se incrementó vivamente cuando se aclaró que el tercer secreto de Fátima hacía alusión al atentado de 1981. Muchos testigos de su entorno confirmaron que el Papa relacionaba éste dramático suceso con las apariciones de la Reina de la Paz en Medjugorje, en la ex Yugoslavia, que habían empezado a producirse en junio de ese mismo año. Una ulterior confirmación de éste vínculo fue, para los creyentes, el mensaje que dirigió [La virgen María] a los fieles marianos el 25 de agosto de 1994, durante los días en que se preparaba el viaje pastoral del Papa a Croacia, previsto para los días 10 y 11 de septiembre: “Queridos hijos, hoy me uno a vosotros en la oración de una manera especial, rogando por el don de la presencia de mi amado hijo en vuestra patria. Rezar, hijos míos, por la salud de mi hijo predilecto, que sufre, pero al que yo he elegido para estos tiempos”.
Si bien jamás adoptaba una posición oficial cuando se producían dichas apariciones, el Papa no ocultaba en privado su convicción. A monseñor Murilo Sebastiao Ramos Krieger, arzobispo de Florianópolis (Brasil), que estaba a punto de viajar por cuarta vez al santuario de la Reina de la Paz, le confirmó: “Si no fuese Papa estaría confesando en Medjugorje”. Un deseo que corrobora el testimonio del cardenal Frantisek Tomasek, arzobispo emérito de Praga, quien le oyó decir que, de no haber sido Papa, le habría gustado ir a Medjugorje para ayudar a los peregrinos.
Aún más elocuentes son, a éste propósito, las palabras que escribió el obispo de San Ángel (EEUU), monseñor Michale David Pfeifer, en su carta pastoral de 5 de agosto de 1988 a la diócesis: “Durante mi visita ad limina con los obispos de Texas, pregunté al Santo Padre qué opinaba de Medjugorje en el curso de una conversación privada. El Papa habló favorablemente y dijo: “Afirmar que en Medjugorje no ocurre nada significa negar el testimonio viviente y orante de los miles de personas que han estado allí”.
Al 26 de marzo de 1984 se remonta, en cambio, un episodio que recordó el arzobispo eslovaco Pavel Hnilica, uno de los prelados más próximos al Pontífice. Una vez que fue a comer con Juan Pablo II para ponerlo al día de una misión secreta que debía desempeñar en Moscú –celebrar clandestinamente la Misa entre las murallas del Kremlin- éste le preguntó: “¿Después fuiste a Medjugorje, Pavel?”. Cuando le dijo que no lo había hecho, dado que ciertas autoridades vaticanas le habían manifestado su desaprobación, el Papa le pidió: “Ve de incógnito y vuelve para contarme lo que has visto”. Después lo llevó a su biblioteca privada y le enseñó un libro del padre René Laurentin en el que figuraban varios mensajes de la Reina de la Paz mientras le comentaba: “Medjugorje es la continuación de Fátima, es la realización de Fátima”.
Tras la muerte de Juan Pablo II, sus amigos Marek y Zofia Skwarnicki pusieron a disposición las cartas que éste les había remitido y en las que abundan las referencias a Medjugorje. El 28 de mayo de 1992 el Pontífice escribió a los cónyuges: “Agradezco a Zofia todo lo concerniente a Medjugorje. Yo también visito a diario este lugar cuando rezo: me uno a todos los que allí oran y reciben desde allí la llamada a la oración. Hoy comprendemos mejor esta llamada”.
El texto es del libro Por qué es santo, de Slawomir Oder, editado en España por Ediciones B.
Sin entrar en detalles, pero barajando ciertas informaciones, acontecimientos como la publicación de este libro o el saludo del Benedicto XVI a los peregrinos de la parroquia de Medjugorje, y algunas intuiciones que no sé si son mías o no, me atrevo a opinar que pronto, muy pronto, Roma nos va a sorprender con una información acerca de la bondad del fenómeno de Medjugorje. En cualquier caso, esto es tan solo una opinión formada desde la distancia y la ignorancia de un periodista. Ahora bien, sean los que sean los tiempos y discusiones que hay en Roma al respecto, Medjugorje está ahí. Y está ahí ahora. Sucede ahora. No sabemos si mañana. No cuando Roma diga algo o no diga nada, si no ya.
En Medjugorje se hace una llamada fortísima a la oración, y en Medjugorje, con apariciones o sin ellas, existe una realidad que te motiva a esa oración. No sé si será el aire, el agua, la luz, la comida o la presencia del Espíritu Santo y de Su Esposa, pero eso es así. No es ni discutible ni opinable. Es un hecho. De cada uno de nosotros depende el estar allí o el no estar. Juan Pablo II quiso y no pudo. Aunque solo fuese por él, por ofrecérselo, yo iría. Nada malo puede suceder de una peregrinación a este lugar bendecido en el que los corazones se enamoran de la Iglesia de Jesucristo para convertir hacia ella toda la vida.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje” (Ed. Libros Libres)
04/12/2010 – El Papa saluda a los peregrinos de Medjugorje
El Grupo Intereconomía edita desde hace cuatro años Mensaje del Papa (MdP), una pequeña publicación fundada por el padre Alberto García Ruiz, capellán del aeropuerto de Barajas, y asumida por Intereconomía como idea del que fuera su Director de Publicaciones, Pablo Rodríguez Sierra.

MdP pretende dar a conocer “lo que el Papa hace y dice en un mes” con titulares destacados y breves resúmenes de sus catequesis, audiencias, discursos y demás actos e intervenciones. Se da la circustancia de MdP lo redacta un servidor, y lo maqueta con enorme paciencia y cariño mi hermano Victor.
MdP nunca me hará famoso, ni me sacará del mileurismo, pero a parte de ayudarme a sobrellevarlo, me da la oportunidad de estar al tanto de esos pequeños detalles que, a lo mejor, pasan desapercibidos entre tantas y tantas cosas que hace y dice el Papa, y que tienen un valior significativo.
Esta noche, revisando su última catequesis, me he dado cuenta de que, al final, en el turno de saludos a los peregrinos llegados a Roma, saluda a un grupo de peregrinos croatas, en especial, y ésta es la noticia, a los de la parroquia de Santiago Apostol de Medjugorje, la que es, sin duda alguna, la parroquia con más feligreses del mundo.
Tal vez, sus palabras y su saludo particular a los fieles de Medjugorje han pasado desapercibidas para la mayoría, pues el santo Padre las pronunció en croata. Pero no han pasado desapercibidas para Mensaje del Papa. Estas fueron sus palabras:
“Saludo de corazón a todos los peregrinos croatas, en especial a los fieles provenientes de la parroquia de Santiago, en Medjugorje. Vuestra peregrinación a la Urbe es parte de la preparación para la Navidad. Por ello, en la esperanza, sed misioneros del amor de Dios en vuestro pueblo”.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje” (Ed. Libros Libres)
18/10/2010 – Jim Caviezel: “¿Habéis visto mi interpretación de La Pasión….?”
El pasado martes día 5, Jim Caviezel presentó en Madrid su última película, y fui al pase con un montón de amigos. Era una ocasión única ver en persona al actor que puso rostro a nuestro Señor en la mejor película que se ha hecho sobre Él.
La verdad es que el tío tiene una planta de actor de Holywood que te caes, sin embargo, en la presentación se le notó nervioso. Explicó por qué había hecho la nueva peli, titulada La verdad de Soraya M., basada en la historia real de una mujer que muere lapidada en un pueblecito iraní, víctima de una confabulación perpetrada por su marido, que se quiere enrollar con otra y no sabe cómo quitarse de encima a su esposa. Y lo consigue. Vaya si lo consigue…
La cosa es que Borja Mec probó suerte con pedir una entrevista a Caviezel cuando aún le llamábamos Caviezel, para colarnos en una agenda que manejaba quince encuentros con la prensa, por día, durante los dos siguientes.
El miércoles, a eso de las diez, recibí la llamada. Todo estaba en marcha y nuestra cita era a quince minutos de la una del mediodía, suficiente para atar las tareas de la mañana y organizarme.
Cogí la cámara y un taxi y en un periquete estaba en el hotel de Caviezel escribiendo una dedicatoria para él en un ejemplar del libro que escribí sobre Medjugorje. De pronto, Lucía nos llamó. Era nuestro turno, y es curioso porque recuerdo que Borja y yo nos colocamos allí como si nos fuesen a entrevistar a nosotros. Me explico. Aquello no formaba parte de una entrevista, sino de una conversación que teniamos pendiente. Sencillamente, se nos había echo esperar el tal Caviezel…
Borja le hizo las preguntas de rigor sobre la peli. Respuestas de concurso, ni una sola sonrisa y nada de aire en unos siete minutos que fueron un muermo. Hasta que Borja tuvo las narices de ofrecerle un trabajo a Jim. Ese fue el momento en que dejamos de llamarle Caviezel. Jim lo rechazó, pero nos habló de otras dos personas a las que preguntar. En ese momento, Borja le pidió que explicase que fue para él el hecho de haber conocido Medjugorje, y Jim fue explícito. Está grabado, para los incrédulos: “Medjugorje… verás, la cosa funciona de la siguiente manera: Yo no habría hecho La Pasión de Cristo de no haber ido a Medjugorje. ¿Habéis visto mi interpretación de Cristo en La Pasión”. Ahá, la hemos visto. “Pues entonces habéis visto un fruto de Medjugorje. Yo no sé si lo que dicen que allí sucede es verdad, lo que yo sé es que allí conocí el Amor de Dios, experimenté la maternidad de María… Yo no oí ninguna voz física, pero sentí que Dios me prevenía de que algo iba a pasar y de que yo debía estar preparado”.
Jim sonrió ante nuestros comentarios, no le importó no tener ni idea de español cuando le regalé el libro, y nos brindó una divertida y emocionante representación a dos voces de una conversación que él tuvo con Juan Pablo El Grande, como le llama, imitando la voz del anterior Papa y poniendo la suya propia cuando tocaba.
Jim sonrió cuando le dijimos que la culpa de haberle ofrecido trabajo la tuvo él cuando, la noche anterior, nos contó una anécdota en la que él mismo, recién llegado a Hollywood y trabajando de camarero, le dijo a un afamado actor que quería ser actor como él. “No tengáis miedo. No tengáis miedo de hacer lo que hay en vuestro corazón”, dijo. Y nos remató con una indicación acerca de la responsabilidad que tenemos los que tenemos fe, y más aún, los que nos dedicamos al mundo de la Comunicación. Él mismo nos dijo que en Hollywood se hacen películas para ganar dinero, pero que a él no le sale. “Yo recibí un don de Dios y lo pongo a su servicio”.
Para acabar, Borja le preguntó que qué se siente cuando alguien le dice que, al rezar, es su rostro el que le pone al rostro de Cristo. “No es solo mi rostro. También es el tuyo, y el del otro, y el de todos, porque Cristo murió por todos nosotros”.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
09/10/2010 – Jim Caviezel
Os contaré la historia de esta foto la semana que viene.
Estuvimos hablando sobre Medjugorje.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres
08/10/2010 – El Cristo Resucitado
A unos doscientos metros de la parroquia de Medjugorje, en el camino que lleva hacia el cementerio, colocaron hace unos doce años una escultura de bronce de unos siete metros de alto que representa a Cristo levantándose de la tumba, del sepulcro, de una fosa con su molde.
La escultura es de bronce y fue un regalo de unos peregrinos eslovenos como agradecimiento a la Virgen por las gracias derramadas sobre ellos y sus familiares tras algunas peregrinaciones a Medjugorje.
Imponente por su tamaño y su presencia, la obra de arte fue colocada allí detrás porque, entre otras cosas, no había nada. Más tarde, en 2002, se colocaron de camino hacia el Cristo unos mosaicos que representaban los misterios luminosos de l rosario, establecidos por Juan Pablo II para completar esta devoción mariana. Un tiempito después, se colocaron en torno al Cristo las estaciones de l Via Crucis, para que aquellos peregrinos que no pueden subir al Krizevac a rezarlo, lo pudiesen hacer fuera de la siempre atiborrada parroquia.
Poco después, a finales de 2002, de la rodilla derecha del Cristo comenzó a manar agua. A una altura de unos dos metros del suelo, gota a gota y sin saber por qué, comenzó así lo que muchos han considerado un milagro. Se convirtió así el Cristo en un lugar de obligada visita para todos aquellos peregrinos que quisiesen ver el milagro, y muchos de ellos llevaban pañuelos con los que untar el líquido y llevar a casa para enjugar las heridas o el rostro de algún familiar enfermo.
Sobre este fenómeno he oído todo tipo de historietas más o menos originales, muchas de ellas tremendas. Sobre la naturaleza del líquido, por ejemplo, he oído tres versiones distintas. En las tres, un aplicadísimo equipo de científicos ha guardado en una probeta unas gotas de ese líquido y lo han analizado en sus laboratorios, de los mejores del mundo. Una versión me cuenta que es líquido sinovial. Otra que es líquido lacrimal. Otra que H2 O y punto. Yo, me quedo con la tercera, que queréis que os diga…
Otra controversia sobre este fenómeno era el de dónde salía el líquido, fuese lo que fuese. Entonces entran en juego los ingenieros y los meteorólogos, que como los aficionados al fútbol en este país, que cada uno lleva un seleccionador dentro, cada peregrino de Medjugorje lleva un ingeniero y un meteorólogo dentro para explicarte el fenómeno. En sus teorías entran en juego fenómenos como la condensación, la materia, la gravedad, la climatología, la evaporación, el calentamiento global y yo qué se que más. Algunas veces solo me ha faltado ver a Marty McFly con un condensador de fluzo junto al Cristo…
Lo cierto es que yo he hecho mis propias pruebas. Tanto en verano como en invierno, tanto si ha llovido como si no, el flujo de agua que salía de la rodilla ha sido constante siempre. No sé si es agua, o lágrimas, o líquido sinovial, pero le importaba un pito que hiciese calor o frío. Ni se evaporaba ni se congelaba lo más mínimo y el flujo siempre fue constante. Ignoro si se trataba de una manguera escondida por dentro o de qué, pero ni si quiera mi grifo del lavabo de mi casa es tan constante. Unos días sale más y otros menos… de verdad.
Y ahora os cuento una anécdota verídica. Yo no estaba pero el sacerdote que me la cuenta es como mi padre, así que…
Una tarde de octubre estaban allí un grupo de peregrinos españoles. Entre ellos, un chaval de quince años que llegó a Medjugorje arrastrado por sus padres, protestaba por todo y a nada ponía buena cara hasta que, allí debajo del Cristo, una anciana extranjera le pidió con gestos que le untase un pañuelo blanco impoluto en la rodilla del Cristo, pues ella no llegaba. El chico dice que miró el pañuelo, que lo untó y al mirarlo de nuevo vio que tenía, en la parte que había pasado por la rodilla, una gotita de un líquido rojo. El chico desdobló entonces el pañuelo y a cada desdoblez que hacía, la mancha roja era mayor, es decir, se había empapado de fuera hacia dentro más que de dentro hacia fuera.
Este cura amigo mío se encargó de dar a conocer el fenómeno a la parroquia, donde decidieron llevar ese pañuelo a Ivan, uno de los videntes que tiene apariciones de la Virgen María cada tarde de su vida desde hace treinta años. Ivan le preguntó a la Virgen María y dijo que la Virgen dijo que sí, que era sangre de su hijo.
Así me lo contó este sacerdote y os aseguro que no tiene motivo alguno para contar cosas de estas. Es más, le encantaría que no fuesen ciertas. Lo sé.
Luego hay mil anécdotas, como la de ese peregrino de Sevilla que en la víspera de su partida hacia España decide levantarse a las cuatro de la mañana para untar su pañuelo y resulta que esa noche está cayendo la del pulpo en Medjugorje. Cuando llega al Cristo y ve que aquello está empapado de agua, se pregunta: “¿Cuál es la gota milagrosa?”. Llegó el pobre calado hasta las orejas, con un pañuelo chorreando de agua de tormenta y sin saber cual de todas esas gotas, es la milagrosa…
En fin, cosas que pasan.
El tema es que sea lo que sea… se ha secado. Desde hace tres semanas no sale nada. Y sea cual fuere el origen de todo esto, lo cierto es que la escultura es maravillosa, y el Cristo Resucitado, un lugar excepcional al que apartarse un poco a rezar, a orar, a meditar y a descansar el corazón en esa imagen imponente de una muerte y una resurección. Es una ilustración maravillosa de nuestra propia resurección, una vez que muramos, y de la de los nuestros, los que ya han muerto. Eso sí que es un milagro.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
01/10/2010 – La Experiencia Humana
Os voy a contar una pequeña historia en la que se mezclan sueños, trabajos, dudas, amigos, silencios… y la Virgen María lo va tejiendo todo como un jersey a medida para mí, y para el mundo entero.
La historia de esta foto creo que empezó a cuajarse hace unos quince años, cuando un tipo llamado Joe al que no conocía entonces, viajó por primera vez a Medjugorje.
Hace cinco años, cuando trabajaba en el Semanario Alba, un jovencísimo equipo de trabajo vivimos una de las experiencias profesionales más alucinantes que he podido conocer, que fue el lanzamiento y asentamiento del periódico. Todos teníamos entre 26 y 30 años y nos pegamos unas curradas alucinantes. En aquella redacción había una atmósfera diferente que hacía que trabajásemos con un plus de dedicación. No dependía de nosotros, era el proyecto, era la misión. Era una especie de vocación, y como digo, eso no dependía de nosotros.
Pero aquella redacción en la que Pablo Rodriguez y Gonzalo Moreno –con quien hice mi primer viaje a Medjugorje y hoy está en el seminario- se mataban a vender periódicos, pululaba Gonzalo Altozano, un aspirante a crack del periodismo con aspecto de sibarita abandonado, Sonsoles Calavera y su incansable entrega, su convencimiento en el trabajo… Miguel Jaque, Andrés, Carlos… pero a este pedazo de equipo le faltaba uno, y ese era Borja Mec.
Borja llegó con una mochila llena de ideas nueva, rompedoras. Era algo así como un especialista en marketing volcado al periodismo. Solo le faltaba lo que Alba nos aportó a todos, que creo que fue una especie de conversión. En serio. Cada uno por diferentes circunstancias, vivimos en aquel tiempo una experiencia de conversión y otra de conocimiento de la Iglesia. En palabras de Borja, aquellos diez mese para él fueron como un retiro espiritual, una especie de curso avanzado en el conocimiento de Dios.
La estancia de Borja en Alba no duró ni un año, suficiente para conocer a lo que yo llamo mi alter ego periodístico. Hicimos juntos un par de reportajes de lo mejor que he firmado. A su lado, yo crecía. Hicimos dos o tres viajes en los que no era la cabeza lo que paría ideas y temas a porrillo. Era del corazón de donde nacían sueños e ilusiones con una clarividencia impresionante sobre la evangelización, es decir, del anuncio de que Dios hecho hombre ha muerto por ti y por mí y ha resucitado, a través del mundo de la comunicación.
Sin embargo, aquellas ideas tan claras no tenían forma visual. No éramos capaces de ponerle música y color a lo que intuíamos con el corazón. Hasta que un día dimos con la web de una productora norteamericana que puso en una pantalla ante nuestros ojos aquello de lo que tantas veces habíamos hablado entre artículos más o menos decentes y cierres de espanto. Se llaman Grassroots y son de Brooklyn, NY.
Desde entonces les seguimos de cerca. Sus documentales Fishers of Men y God in the streets of New York nos marcaron una línea de trabajo escrito. Aquello era bueno, era auténtico y se podía hacer. Un documental sobre la Eucaristía podía resultar comercial, atractivo para las granes salas comerciales, los areópagos de nuestro tiempo. Ahí nos dimos cuenta de que si san Pablo se hubiese encontrado una Handycam Sony y un ordenador con Youtube, se hubiese puesto como loco de contento.
La última producción de Grassroots se llama The Human Experience. Desde que vimos el trailer con nuestro inglés de Madrid, nos marcamos un objetivo. Sentarnos con ellos a hablar. No queríamos estrenar su peli, ni imitarlos, ni pedirles trabajo. Solo queríamos sentarnos con ellos a hablar, mirarnos a los ojos y ver si en los suyos veíamos reflejada la misma inquietud que se asoma por los nuestros. Estábamos dispuestos a irnos a Brooklyn al precio que fuese y nos intercambiamos un par de emails con uno de los productores. Su nombre es Joe. Pero no fue posible. Sin embargo…
Hace una semana me llegó por email una iniciativa de la diócesis de Getafe. Uno de los productores de Grassroots y uno de los actores de The Human Experience venían a Madrid a hacer un pase de la peli. Se me encendieron todas las alarmas pues la verdad, en principio, no podía asistir, pero hice todo lo posible para poder. Cuando se lo conté a Borja, me dijo que les iba a pedir una entrevista y en menos de veinte minutos teníamos la cita. Era a las 17 horas en el Palafox. Yo no podía ir, pero al final… pude.
Estábamos esperando en la puerta cuando un coche dejó allí a Joe y a Jeffrey –el prota de la peli-. Joe es un hombre que ya ha superado los cincuenta, de pequeña estatura y gesto apacible. Va por la vida como si nunca hubiese hecho nada el tío, y la está liando parda. En su gesto, en su mirada, os digo de verdad que en mi primera impresión reconocí algo. Un sello, un brillo que me es familiar, pero no quise apostar. Era demasiado osado.
Jeffrey vestía jersey fino y camisa blanca. Un joven de 23 años que se calaba una gorrilla de cuero marrón, al más puro estilo yankee. Tengo la sensación deque esas gorrillas de uniforme antiguo de béisbol solo te quedan bien si vives en Brooklyn, pero bueno… Su mirada es limpia, de agradecimiento y de sorpresa. Y así les conocimos.
Borja les machacó a preguntas para una entrevista para su periódico mientras yo quemaba mi Pentax tirando placas. Me enteré de la mitad de la entrevista, que duró unos veinte minutos. Nos quedaban unos cuarenta para sentarnos y mirarnos a la cara. Y lo hicimos, vaya que lo hicimos.
Para empezar, nos confesamos. Éramos sus fans. Ellos se sorprendieron cuando les contamos que les veníamos siguiendo desde hacía cinco años, y la cosa se fue viniendo arriba. Compartimos nuestros puntos de vista sobre la Comunicación y la vida de los hombres. Muchas de nuestras ideas les hicieron sonreír como si hablásemos de la misma cosa.
Entones llegó la pregunta que todos estábamos esperando. Borja arqueo una ceja, agravó su voz y taladrando a Joe con la mirada le preguntó en el inglés mas perfecto del mundo, para que quedase bien claro: “¿Habéis oído hablar de Medjugorje?”. El tiempo se paró. Fueron dos segundos que parecieron largos, sabrosos, densos, cálidos. La mirada de Joe cambio, se hizo respetuosa. Era como haber nombrado a su madre y a su padre. Paseó su mirada sobre las nuestras, de derecha a izquierda, y en voz bajita nos dijo: “Si. Yo me convertí en Medjugorje. Fue hace quince años. El 15 de agosto de 1995”. No lo sé explicar muy bien, pero el silencio ante su testimonio se hizo presente entre nosotros cinco, que también vino Pablito. Creo que todos intuimos que algo estaba pasando pero que no podíamos decirlo. Es de eso momentos de la vida en que los que lo esperamos todo de Dios y vivimos confiados en su Divina Providencia, notamos de forma tangible su presencia. Él estaba ahí, entre nosotros. Llevaba planeando aquello desde hacía mucho tiempo. A partir de ahí, todo fue diferente. Ya éramos hermanos. Sabíamos el mismo idioma porque compartíamos la misma experiencia de amor.
Joe nos dio unas cuantas pautas, nos dio consejos y al final, nos pidió oraciones. Nos levantamos del suelo del cine y nos dispusimos a seguir con lo nuestro, como si nada. Esperar a los amigos que venían a ver la peli, contestar las llamadas perdidas del rato de la sentada… La vida seguía.
La peli en sí no es una peli. Es una experiencia humana en la que todos estamos metidos desde el primer crédito hasta nunca jamás. Con el The End empieza la movida. Trata de dos hermanos que viven en una especie de casa de acogida u orfanato, que deciden vivir una serie de experiencias a través de las cuales encontrar el sentido de sus vidas. Son chicos desarraigados que no saben de donde vienen ni a donde van, que quieren respuestas. Las tres experiencia que viven y graban son con los sin techo en las calles de Nueva York, con los niños abandonados de Lima, y con una comunidad de leprosos en Ghana, pasanso por una crucial visita a unos enfermos de sida moribundos que les arrancan una sonrisa.
Sinceramente, no creo que haya visto nunca nada tan grande en cine ni en tv como este documental. De verdad. Va directo al alma, con nombre y apellidos: Jesús García.
Jeffrey es un chico con muchas dudas. Él explica que el no haber crecido desde una cierta edad con sus padres le ha privado de ciertas oportunidades y seguridades que van mucho más allá de las materiales. Son cosas que solo se pueden construir en una relación de padre con hijo, de madre con hijo, durante todos los días de tu infancia y de tu adolescencia. Jeffrey no encuentra respuestas, pero sí una serie de claves con las que se da cuenta de que sí, de que merece la pena seguir viviendo aún en las más difíciles circunstancias.
Ayer recibí un buen número de claves que llevaba buscando durante años, pero es que las obtuve después de una inquietud nacida cinco años atrás, de la mano de un converso de Medjugorje, en una sala de cine.
Dios siempre ha estado a mi lado. Muchas tardes de mi vida me faltaron los consejos, la ayuda, la compañía de mi padre y de mi madre. Pero Dios, ha estado siempre ahí. Ahora lo sé. Mi fe se ha transformado en certeza.
Uno de los mendigos de New York les cuenta a Jeffrey y a su hermano que si sigue vivo, es porque Dios quiere algo de él aún, y que aún tiene algo para él. En otra escena, un leproso al que se le ha caído un ojo dice con el otro mirando a la cámara y sonriendo que es feliz.
Dios existe, nada de todo lo que he contado sería posible si no existiese. “Este encuentro no es casual. Nos veremos pronto. Nos sabemos cuando, pero estas cosas suceden. Dios te bendiga”. Así se despidió Joe de mí. Y de alguna manera, sé que es verdad.
Por la noche, antes de acostarme para no dormirme, me llegó un email en el que una amiga citaba a Sor Emmanuel:
“Cuando hemos sido elegidos, no podemos vivir como si no lo hubiéramos sido. Es algo indeleble, la llamada de Dios no permite el arrepentimiento. Cuando hemos conocido, gustado tal intensidad de amor, no podemos olvidarlo, estamos marcados.”
Esa era la marca que intuí en Joe al verle bajar del coche. La he visto muchas veces ya como para no reconocerla. No me extrañó que su conversión fuese en Medjugorje. Luego, otra cita más.
“Cuando uno ha hecho daño a Jesús, cuando uno se ha separado de el abiertamente, es entonces la hora de María, ¡la hora de la Madre de las misericordias!”.
Eso es verdad, y yo doy testimonio de ello. Y pienso sicenramente que todos estamos marcados, porque hemos sido creados a imagen de Dios. Yo, y Jeff, y Joe, y Borja, y tú.
La foto de arriba es de ayer. Salimos Borja, Pablito Rodríguez y yo, con Joe y Jeffrey. No fue un encuentro casual. Estaba planeado desde hacía cinco años. Quince tal vez. O más. Aunque nosotros no lo supiésemos. Empezó a tomar forma el 15 de agosto de 1995, en Medjugorje, Bosnia y Herzegovina.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
29/09/2010 – Sor Emmanuele
Sor Emmanuel Maillard era en los sesenta una chica francesa que se graduó en Bellas Artes en la Universidad Sorbona, de París, y a la que, según ella misma cuenta, el mundo no contentaba.
Durante años de juventud se dedicó a buscar la Verdad de su vida y en su vida. Visitó países de Asia, buscó en otras culturas, probó otros tipos de meditación muy alejadas de la cristiana, pero no encontró ni rastro del sentido de la misma de su vida.
No fue hasta 1973 cuando, en una celebración de Pentecostés con miembros de la Renovación Carismática, vivió lo que ella misma ha definido como una “experiencia sobrecogedora del Dios Vivo”, y se decidió a entregar su vida a un Dios con nombre y apellidos en la persona de Cristo.
Tres años más tarde, en 1976, sintió la llamada a formar parte como consagrada en la Comunidad de las Beatitudes, comunidad a la que sigue perteneciendo a día de hoy, y ya han pasado más de treinta años.
Después de vivir siete años en Tierra Santa -Nazaret y Jerusalén-, en 1984 hace un viaje con miembros de su comunidad a Medjugorje. Sor Emmanuel tiene entonces 36 años y su vida da un vuelco brutal, el mismo vuelco que, hoy, 26 años después de aquel primer viaje a Medjugorje, la lleva a dar testimonio por todo el mundo.
En aquella primera visita, un mensaje de la Virgen María caló profundamente en el seno de la Comunidad de las Beatitudes. Decía así: “Yo misma os he invitado a cada uno de vosotros porque necesito que transmitáis mis mensajes a todo el mundo”. Que la Virgen María diera este mensaje precisamente el día que los miembros de la Comunidad de las Beatitudes estaban allí, no fue una casualidad, sino una vocación en toda regla. Es de este mensaje dado por la Virgen María por lo que se deciden a abrir una casa en Medjugorje, de la cual sor Emmanuel es fundadora. Era el año 1989 cuando se abrió la casa, aquello aún era la Yugoslavia comunista y un pequeño grupo de monjas, comandadas por sor Emmanuel, abría su primera fundación en Bosnia y Herzegovina.
En 1991, cuando comenzó la Guerra de Yugoslavia, recomendaron a todos los extranjeros huir del país. Sor Emmanuel y los miembros de su comunidad recibieron de los superiores de su comunidad la recomendación de abandonar Medjugorje, pero Sor Emmanuel decidió quedarse aún pensando que se quedaría sola. Según cuenta en un libro titulado “Medjugorje, la guerra día a día”, cuenta como ella habló con el padre Jozo, y este, con una sonrisa de oreja a oreja, estaba convencido de que la guerra no llegaría nunca a Medjugorje. Y así fue. La guerra no llegó.
Gracias a sor Emmanuel y a los miembros de su comunidad, que se quedaron con ella, y a un fax que funcionaba cuando le apetecía, el mundo entero recibió noticias puntuales, casi diarias, desde Medjugorje, cuando habían desaparecido de allí los peregrinos, los periodistas y se habían quedado solos los lugareños, los videntes, y la Virgen María.
Tantos años después Sor Emanuel escribió varios libros sobre los acontecimientos de Medjugorje y la espiritualidad que de allí se desprende. Uno de ellos es el “Triunfo del Corazón”, un libro que ha dado la vuelta al mundo, y que le ha dado la vuelta a más de un corazón con ese triunfo que no es otro que el del amor de Dios en tu vida. Entre aquellos a los que dio la vuelta este libro, os confieso, estoy yo.
Tanto es el bien espiritual que se desprenden de sus escritos y de sus conferencias, que sus propios superiores de comunidad le pidieron que ejerciera una misión especial: testimoniar por todo el mundo la gracia que supone la presencia de la Virgen María en Medjugorje.
Sus superiores se dieron cuenta de que Sor Emmanuel era un testigo de la gracia, un altavoz con un don para la escritura y la palabra a través del cual la Virgen María daría a conocer su plan, y que por el bien de miles de almas, tanto sus hermanos de comunidad como ella misma, tenían que aceptar un desprendimiento, que es el que conlleva que sor Emmanuel pase muy poco tiempo con su comunidad de Medjugorje, y esté dando la vuelta al mundo.
Allí, en Medjugorje, se abrió una segunda casa de las Bienaventuranzas, en la que sor Emmanuel recibe a miles de peregrinos que llegan hasta Herzegovina preguntando por ella. De este modo no se desvirtúa el día a día de su comunidad, y al mismo tiempo sor Emanuel responde al deseo de sus superiores de atiende a quienes llegan a Medjugorje conmovidos por alguno de sus libros.
Sor Emmanuel nunca ha dejado de pertenecer a la Comunidad de las Beatitudes. Es curioso como siempre en torno a las personas que hacen bien surgen otras personas aficionadas al insano deporte del mal.
Escuchar de viva voz el testimonio de quien ha vivido en Medjugorje los últimos 21 años es un privilegio. Si no conocéis sus libros, por favor, haceros con ellos. Los mejores libros de Medjugorje los ha escrito sor Emmanuele. En mi opinión, ningún otro periodista o profesional de la comunicación hemos superado a esta monja francesa de voz apagada y mirada fulminante.
Si por el contrario, ya conocéis sus libros… haceros con ellos otra vez y regalarlos. Aunque solo sea uno.
Los libros de Sor Emmanuel están llenos de vida, de alegría, de esperanza. Están llenos de Virgen María. Si regalas uno, tan solo uno, estarás llevando una pista de por donde empezar la búsqueda de la alegría, de la paz. De la Virgen María.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
19/09/2010 – Las diferencias
Una de las cosas que menos me gusta de entre los peregrinos de diferentes lugares, es que se piensan con cierta frecuencia que sí, que todo está bien, pero que lo suyo es lo mejor. Bien porque su sitio está más cerca, bien porque su fundador es más bueno o bien… en fin, por lo que sea…
Lo mismo pasa con los movimientos en la Iglesia. De verdad, cuantos católicos me he encontrado que barren para casa, como si las demás habitaciones de la casa no fuesen tan buenas como la suya, o como si el Dueño de la casa no supiese qué estancia le conviene a cada uno.
A mí, lo de las rivalidades entre movimientos o corrientes de gracia, me deja perplejo. ¡Menudo ejemplo de Iglesia! ¡Menudo ejemplo de apertura al Espíritu Santo!
Tengo la suerte de haber conocido Medjugorje, Lourdes, Fátima y un buen número de lugares y santuarios en los que la gracia de Dios se desparrama a raudales. En España, en Europa, en Asia, en América… Uno de entre muchos ellos es El Escorial.
He escrito sobre el Escorial numerosos artículos, conozco la historia de las apariciones, la de Luz Amparo, y tres de las residencias de las Hermanas Reparadoras. Conozco a buena parte del entorno de Luz Amparo, el estatus jurídico de su fundación y estoy enterado del curso y seguimiento que la Iglesia hace de este fenómeno al detalle.
Todo me parece fenomenal. Ahora bien, si alguien tiene un problema con que haya gente que necesita irse a Bosnia desde Madrid, teniendo el Escorial tan cerca, que lo discuta con Dios, que es quien ha montado todo esto.
Cada uno tiene su momento, su lugar y su llamada, y si nos ponemos farrucos, pues diré que, en realidad, no hace falta ni Medjugorje, ni Escorial, ni Lourdes. Ni Camino Neocatecumenal, ni Opus Dei, ni monjas de una capa o de otra. Porque todo lo que podemos necesitar y poseer en esta vida se esconde cada día en el mayor misterio y milagro del mundo: cualquier Eucaristía; y todo lo que necesitamos está ya contado en la Palabra.
No hay movimiento superior ni mayor al movimiento de la Iglesia Católica, fundada por Cristo.
No hay orden ni congregación mejor que la comunidad cristiana entera.
No existe fenómeno místico milagroso más sublime y que nos acerque más a Dios que cualquier sencilla Eucaristía.
Para vivir en clave de Dios no se necesita nada más que eso. Si por lo que sea, el Señor ha llevado a unos de sus hijos a la conchinchina para que le conozca, y alguien tiene algún problema, que lo discuta con Dios, que es el Señor de todo esto. Que se alegre, porque han hallado a Dio y que deje de protestar y que rece. Con lucidez… o sin ella.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
17/09/2010 – El amor es paciente
Lo reconozco. La impaciencia es una carretera por la que el demonio me adelanta por la derecha cada vez que centro mi mirada en mis planes y me despisto de los de Dios para mí.
Ayer por la mañana andaba yo turbado con una historia. A veces no me aguanto. No me aguanto a mí, digo. Ha sido a eso del medio día cuando he llamado a las Dominicas de Lerma para una gestión, y me ha saltado el contestador: “Sé feliz. Dios te ama”, ha sido el saludo, y yo me he acordado de quien inventó el aparatito.
Dios te ama. El amor. ¡Menuda cuestión! En ella, solo una cosa tengo clara: procedemos del Amor, estamos llamados a Él, y por tanto, lo necesitamos para vivir. Cada uno, en la manera y forma en que Dios haya conformado su corazón: en la vida religiosa, en la vida monástica, en la vida conyugal y familiar… es ahí, en su búsqueda, hallazgo y desarrollo de esa vida donde un corazón, un alma, la esencia inmortal y eterna de nuestro ser, es feliz o no, encuentra alegría o no, vive o no. No basta para ser feliz el saber que Jesús te ama. Hombre, ayuda bastante, es cierto, pero hay veces, situaciones concretas en que hay que vivirlo, hay que sentirlo.
A veces se da la paradoja en esa búsqueda de que tienes que esperar cuando ya sabes lo que te espera. Para entrar en un convento que está lleno, a que se muera una monja. Para entrar en un seminario, a que te acepten. En un noviazgo, ni te cuento… En una situación la que sea… y muchas veces el que espera, desespera. Le puede la impaciencia vestida de anhelo de la felicidad.
El mensaje de las dominicas de Lerma continuó: “Si estás llamando en el horario de llamadas y nadie contesta, es porque una hermana está hablando. Si estás llamando en el horario de nuestra oración, ten por cierto que estás en ella. El amor es paciente”.
¡Qué gracia me ha hecho sor contestador! Me ha dado en la línea de flotación y entre la duda de echarme a llorar o despiporrarme de risa, he decidido que qué narices, y he soltado una carcajada que ha dado la vuelta a la oficina. ¡Hay que fastidiarse con la monja del mensaje! Cuando vaya allí, va a ser ella la que me va oir…
Fuera de bromas. Muchos de los que oyen hablar de Medjugorje, cuestionan la autenticidad del fenómeno argumentando que por qué tantas apariciones, por qué tanto tiempo. Esa es la respuesta: porque el amor es paciente. Yo creo que, si las apariciones de Medjugorje fuesen ciertas, pues que si la Virgen María no nos amase mucho, se habría ido ya hacía tiempo, porque con todo lo que cuentan que ha hecho, y la gente le sigue poniendo pegas… Es como si muchos estuviesen deseando que fuese mentira. Pero es que el amor es paciente, y la Virgen es buena prueba de ello. Así que ese argumento ya no vale.
La cosa es que a mí me ha servido para darme cuenta de que mi impaciencia no es amor. Así que, ¡hala! ¡A amar en la espera!
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
05/09/2010 – Escribir de un amor sin haberte enamorado
Es muy diferente escribir una crónica de un partido de fútbol si nunca te has puesto unas botas, si no has formado parte de un vestuario y si no has saboreado el gustazo de marcar un chicharro de bandera -aunque te saliese de churro-, a escribirlo habiéndolo vivido. No es que no se pueda, es que es diferente.
Es muy distinto escribir una crítica de cine si tú nunca has sufrido o disfrutado de la crítica de tu propia obra, sea la que fuere. No es que no se pueda, pero es diferente. Te faltará algo que te hubiese aportado el haberlo vivido.
Es más complicado escribir un reportaje sobre la investigación del universo si nunca has mirado por un telescopio, que si has sido un poco un loco de las noches de verano mirando estrellas tumbado en el campo.
Tendrás más posibilidades de dar en la diana al escribir sobre una faena de Enrique Ponce si una vez, al menos una vez, te has puesto el traje campero y has participado en una tienta. Tendrás olores, sonidos y sensaciones que enriquecerán tu vocabulario para ponerle palabras a lo que has vivido, no solo a lo que has visto o te han contado.
Para escribir sobre un fenómeno espiritual es necesario investigar, preguntar, leer y estudiar. O no, porque al fin y al cabo, hasta te lo puedes inventar. Pero para hacerlo bien, para explicarlo desde la verdad, es necesario rezar de rodillas, como es necesario probar un bocado del plato sobre el que vas a hacer una reseña en la guía gastronómica.
Para escribir sobe la fe tienes que haber rezado. Tendrás un criterio más acertado.
Si te quedas en lo que rodea al fenómeno del que vas a escribir sin entrar en materia, es como si escribes sobre los puestos de bufandas y banderas que rodean al Bernabeu en vez de describir el golazo de Cristiano Ronaldo. “El futbol no es un deporte, es un negocio. Solo tienes que ver que cada domingo junto al Bernabeu se montan cientos de quiscos de banderas”. Bueno, pues no. El futbol es un deporte que genera negocio, como Medjugorje, o Lourdes, o Fátima, es un fenómeno espiritual que genera tiendas de rosarios. No sé si este fenómeno radica en una aparición o no, pero si sé que es algo que se entiende mejor rezando, como el fútbol se entiende mejor jugando.

Es muy difícil escribir sobre Medjugorje y aspirar a hacerlo medio bien si no te arrodillas, si te quedas en lo que rodea al fenómeno. Para entrar en el meollo tienes que rezar, y hacerlo de rodillas. Es algo que aprendí de un franciscano que zanjó una efervescente discusión sobre el fenómeno de Medjugorje en la que yo no entendía nada: “Medjugorje no se entiende estudiando ni discutiendo. Medjugorje se entiende rezando de rodillas”. Me di cuenta entonces de que me faltaba algo.
Ahora ya escribir de Medjugorje me importa poco. Lo que no me deja indiferente es rezar de rodillas, o no hacerlo.
Escribir de Medjugorje, sin haberte enfrentado a la posibilidad de que fuera cierto, remota y loca posiblidad de que toda esa gente está ahí por algo más que un sencillo engaño, es como escribir de una comida sin haber probado bocado, de futbol sin haber entrado al estadio, de música sin haber bailado, de humor sin haberte reído o de un amor sin haberte enamorado.
Puedes hacerlo, pero lo más seguro es que te equivoques en algunas cosas.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
02/09/2010 – Ahora empieza lo mejor
“Tenías razón. Es ahora cuando empieza lo bueno”.
Esta frase con tono a topicazo universal se hace eco una y otra vez estos días, cuando los peregrinos de Medjugorje van volviendo de sus diferentes peregrinaciones y se dan cuenta de que es verdad, de que es una gozada volver al día a día, a la rutina, y palpar que algo ha cambiado en su vida.
No ha sido ni el jefe ni el trabajo, eso todo sigue igual. Lo que ha subido no ha sido tu sueldo, sino el IVA. El barrio es el mismo. La hipoteca, la enfermedad, las penas de unos y las angustias de otros. Eso todo sigue igual. Incluso el Madrid sigue pareciendo el del año pasado… Pero no. Suelen pasar unos días, semanas acaso, para que tanta gente que viene con ese “tenías razón, ahora empieza lo bueno”, se de cuenta de que el cambio está dentro y no fuera. Lo cual, hace que nada sea igual.
Debo de parecer un paleto escribiendo en este blog siempre de lo mismo-con las excepciones futboleras-, pero es de lo que me pidió escribir el director de ReL. Ya sé que hay más peregrinaciones, mas lugares santos, preciosos, especiales, únicos. Cada cual sabe cual es su sitio. Gracias a mi trabajo y a otras excusas que se ha buscado nuestro buen Dios, he conocido muchos de ellos. Sin embargo, el aluvión de emails, sms’s y llamadas como los de estos días solo los vivo tras volver de este lugar en el que, sencillamente, si está ocurriendo lo que se dice que está ocurriendo, o no, pues da un poco igaul, porque enrealidad que más da que unos chicos vean a la Virgen si no la veo yo, y que más da que unos chicos vean a la Virgen si yo no me convierto. Y que más da que no la vean si… si Dios me da la vuelta.
El “lo bueno empieza ahora” lo juzgan los expertos con un “a ver cuanto le dura a este la conversión”, expresión ante la que sonrío cuando una persona se ha confesado tras diez años sin hacerlo, cuando una pareja de novios que viven juntos se vuelven de allí con un anillo de compromiso en el dedo, o cuando una niña de ojos anacarados deja a su chico para meterse en un convento, y los dos se lo toman con una alegría que da envidia.
Es verdad, lo bueno empieza cuando vuelves. Da pereza, incluso un poco de vértigo, pero no se puede ir por la vida diciendo: “Vaya, otra vez a lo de siempre”, porque lo de siempre, ya no es lo de siempre. Lo de siempre es nuevo cuando has visto en tu corazón cómo se las gastan en el cielo. Si de repente te sorprendes a ti mismo buscando la Eucaristía como buscas el consuelo, eso tal vez sea nuevo. Si te das cuenta de que buscas la oración y que te falta tiempo, eso tal vez sea nuevo. Si te das cuenta, en definitiva, de que eres católico… Antes ya lo sabías, pero tal vez, ahora sea nuevo.
Buscas una comunidad, un grupo de oración, algo en lo que compartir lo que ahora es más importante para ti quitándole tiempo a lo que antes hacías, y eso también puede que sea nuevo. Si esto es así, no es que ahora empiece lo bueno, es que ahora empieza lo mejor.
Si todo sigue igual menos tú, entonces tú puedes hacer que nada siga igual. Con paciencia, con oración y confianza. Transforma tu alrededor, sonríele a la vida, dale caña mariana. Eres una bendición para el mundo cuando has vivido una experiencia de Dios. Vuelve, dalo todo. Los que no han vivido una experiencia de Dios, te necesitan. Y si conviven contigo un buen número de horas al día, lo siento. Ellos no lo saben, pero de alguna manera, ya están dentro. Y no te preocupes cuando el desierto aparezca ante tus ojos. Antes de que te des cuenta, estarás nuevo… de nuevo. Es necesario para el crecimiento.
Os copio el último testimonio que he recibido esta misma mañana de un peregrino que vino al Festival de Medjugorje. Y demos gracias a Dios.
Hola a todos/as!
Os mando lo que yo viví con vosotros esos maravillosos días:
Ganado el Jubileo en Santiago de Compostela, voy a ver a la Gospa arengado por su irresistible sonrisa: Manu, tienes que venir…
La fe que me inspira esa sonrisa me ayuda a entender el fenómeno de las apariciones con claridad lo que atenúa la curiosidad natural por experimentar milagros. El objetivo es otro: acompañar a la Virgen, agradarla con mi presencia en Medjugorje pasándolo bien durante unos días.
Sin embargo los milagros vienen, lo sobrenatural se da con clarividencia y sin margen para la duda, en la intimidad y a la vista de todos: son como guiños divertidos de Dios que parece decir: sé que crees pero por si alguna vez te falta la fe esto te ayudará… Es el cariño del Señor con detalles de Padre que quiere que vaya al Cielo y que se desvive por salvarme.
Estoy viviendo un retiro espiritual en el que no hay que estar callado para escuchar la voz de Dios; ésta la percibo en la sonrisa y en los testimonios de otros peregrinos, nuestros iguales, que indican caminos que nos llevan a Dios o nos espolean a inventar el nuestro propio con paso firme; en las oraciones que no sólo se rezan, también se cantan y bailan, como queriendo hacer sonreir al Cielo; El Cielo sonríe al ver movimientos corporales y canciones que expresan muy bien universalidad de la Iglesia aliñadas con el vuelo de banderas de todo el mundo, bonita señal del sano orgullo patrio. Sin estar a solas estoy a solas con Él y todo me lleva a Él. Soy un único protagonista. Es un encuentro personal -en forma de divertido festival- montado sólo para la salvación de mi alma.
Y las emociones no se terminan: La Virgen nos dice ese mismo día en ese mismo lugar: Queridos Hijos: Hoy os invito a que junto a mí, empecéis a construir en vuestros corazones el Reino de los Cielos y a olvidar lo personal, y guiados con el ejemplo de mi Hijo penséis en lo divino. ¿Qué es lo que Él quiere de vosotros? No permitáis a Satanás que os abra los caminos de la felicidad terrena, los caminos en los que no está mi Hijo. Hijos míos, éstos son falsos y duran poco. Mi Hijo es el que es. Yo os ofrezco la felicidad eterna y la paz, la unidad con mi Hijo, con Dios, el Reino de Dios. ¡Os doy las gracias! ”
Es un cariño el de la Virgen que enamora, conquista y convierte; nutre de deseos y libera el corazón; arrastra y empuja a ponerle fe a todo; cariño que convence y predispone a concretar propósitos de cambio visceral, de dejar de hacer lo que hacemos y empezar una vida radicalmente distinta. ¡Qué bonito es pensar que Ella hace suyo, con lo que ello supone, este proyecto de cambio a convertirnos en Hombre Nuevo!
Noto que, inmerecidamente, soy el blanco de las gracias de Dios, quien quiere que mi alma se purifique mediante la Confesión, un desagüadero estupendo, que me llena de paz y me deja ver en mi vida es un frondoso campo en el que trabajar: “Sé Santo como tu Padre Celestial es Santo”. Ya no hay escusas, todo es posible, todo está en mi mano. Y no puedo ocultar mi sonrisa como tampoco mis lágrimas.
Busco momentos que me roben el aliento y los encuentro. Los encuentro y disfruto cada vez que recibo al Señor y le adoro. Uno entiende el porqué del enfado de Satanás cuando me ve de rodillas poniendo el corazón como alfombra para el Amor de los Amores.
El Señor me lleva al Tabor pero también me muestra el sufrimiento en su plan. El viaje, como respuesta a una cariñosa llamada de la Virgen María, empieza y termina en Madrid pero con un claro destino último: el Krizevac donde me espera Jesucristo agonizando. Me doy cuenta que mi vida es cruz: ¡Señor quiero llegar a ti, llevando con garbo y alegría la cruz, para poder pedir lo que pidió el Ladrón arrepentido: que al mirar tu rostro cara a cara, sea feliz viendo tu gloria!
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
26/08/2010 – Alegres
Ser cristiano es ser alegre. No estarlo, ni sentirse, ni hacer que. Digo serlo.
Ser cristiano es ser alegre. Así lo he entendido yo después de… de… después de todo.
Un cristiano no puede esperar que le sonría la vida para estar alegre, sino que debe sonreir a la vida aunque esta no sea alegre. ¿Es esto una teoría? No, es una vivencia. El que ha conocido a Cristo Resucitado, el que lo ha saboreado aunque solo haya sido una décima de segundo de su vida…
Me sientan fatal los cristianos tristes, grises y aburridos, los que andan por las iglesias como si tuviesen una inmensa ampolla en las plantas de los pies.
Me siebntan fatal los cristianos enfadados que cuentan con el entusiamos de una almeja en una lata que Cristo ha resucitado.¡Qué no! ¡Que no cuela! La Buena Nueva es eso, buena.
En mis tiempos jóvenes me alejé de la Iglesia porque no soportaba que me contaran esa historia tan alucinante de que Dios se ha hecho hombre y tal, que me ha querido tanto incluso que ha muerto por mí, con el entusiasmo de quien cuenta una tesis doctoral sobre la resina fosilizada de los abedules preshistóricos. No los creí, y me alejé.
El cristiano que te dice con cara de amargado que Dios te ama, mejor que no te dijera nada.
¿Lloramos? claro que sí. Tenemos nuestros ratos. El pecado también nos hiere y lo notamos, que no somos de plástico.
De eso -de alegría cristiana y de lloreras pasajeras- saben mucho los chicos del Cenáculo, y mirad cómo se lo toman.
Conocí la Comunidad del Cenáculo en marzo de 2006, en mi primer viaje a Medjugorje. Se trata de una realidad de la Iglesia fundada por sor Elvira Petrozzi en 1985.
Según su propia descripción, se trata de una escuela de vida en la que se enseña a vivir en la Verdad. Acoge en la actualidad a casi tres mil miembros de más de treinta países diferentes. La mayoría de todos ellos, jóvenes rescatados de las calles de Occidente. La mayoría de ellos han sido drogadictos, callejeros y delincuentes.
Sor Elvira les propone un plan para vivir en una comunidad que más bien parece una cartuja. Oración y trabajo. Mucha oración y mucho trabajo. Nada de metadona. Ningún sustitutivo, nigún tranquilizante.
Los chicos del Cenáculo rezan al día tres partes del rosario, leen la Bibilia y la comparten en comunidad, rezan cada día la coronilla de la Misericordia y todas las noches, en todas su casas, rompen la noche para adorar al Señor en la Eucaristía. Un turno a las 2 de la mañana. Otro a las cinco.
Mario, un chico que vagó dos años por las calle de Bolonia, me contó como ese rato de adoración por la noche, en silencio, a oscuras, es para él el momento más importante del día. “Rezamos por los jóvenes que se divierten de una manera poco acertada. Ya te he contado mi vida, puedes imaginar lo que siento”.
De los jóvenes de la comunidad, tóxicos y delincuentes, salen luego familias, sacerdotes y religiosas. Tiene sus propias vocaciones.
Son gente seria, que se toma esto de ser cristiano muy en serio. Una sola cosa más. Cuando veas el video, fijate en ellos, en sus rostros. Imaginalos tirados a dos portales de tu casa, en medio de la noche, junto a un charco de vómito y con una jeringuilla clavada en el brazo. Imagina a sus madres. Imaginales en su tristeza antes de ser cristianos.
Aquí les tenéis en acción. Fue este verano, en Medjugorje. Son para mí el mejor ejemplo, vivo, de que Cristo ha resucitado. ¡Cristianos! ¡Fuera ampollas!
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
19/08/2010 – Estamos de vuelta
La mejor reseña que puedo hacer de la peregrinación de este año es contando lo que hicimos la última noche de todas.
Nos habíamos cruzado el sur de Europa en un viaje que se quedó corto, participamos en el Festival de Jóvenes de Medjugorje durante unos días que fueron pocos, regresamos cruzando un mar que se quedó estrecho y visitamos santuarios y lugares santos sin darles descanso.
Pero la gente quería más. Lo necesitaban. Había que vivir la peregrinación hasta el final. Había que darle al espíritu todo lo que iba a desear a la vuelta y que no tendría tan sencillo.
El alma humana anhela a Dios. Lo ansía. Cuando lo prueba, ya no se conforma con poco. De vez en cuando se le puede engañar dándole caprichos al cuerpo para mitigar ese grito. Pero no se puede engañar al corazón. Y los jóvenes que lo han probado, lo saben mejor que nadie.
Trece noches durmiendo poco y mal y comiendo de lata y sándwich de gasolinera mantuvieron el cuerpo a raya para dejar crecer al espíritu hacia Dios, y Dios se hace querer haciendo que le quieras más, enamorándote, y queriéndole más se inicia una relación de Tú a tu con Él que no acaba nunca, como un baile entre dos personas a los que es la música la que los sigue, invirtiendo el orden natural del encuentro siguiendo un compás. Si sigues bailando con Dios, la música no se acabará nunca, aunque no se oiga.
La última noche la pasamos en las cercanías de un monasterio a cuya comunidad le pedimos utilizar la capilla esa noche.

Siete horas de adoración eucarística continua, desde las doce hasta las siete, con turnos que más que turnos parecieron tortas por adorar entre los cien peregrinos que compartimos la experiencia del desierto, de la búsqueda de todo, de las duchas de agua fría, del hambre, el calor, la lluvia, la incomodidad. Tenían siete horas para descansar y lo quisieron hacer sin dormir, invirtiendo el orden natural del descanso para vivir durante una noche en el sobrenatural. A oscuras y en silencio, sobre la piedra del suelo. Ahí pusieron todos, todo. Al menos lo que les quedaba, que era más de lo que llevaban al principio, bendita paradoja. Vacíos de sí mismos, llenos de Dios.
Así pasamos la última noche. Cuando más cansados estaban los peregrinos, menos durmieron. Cuando más se aproximaba el fin de la peregrinación, más rezaron. Cuando más les pedía la mente compartir con los demás las experiencias de la peregrinación, menos hablaron. Solo adoración, silencio atronador que calma con la paz de Dios todos los gritos inaudibles del corazón, los que solo uno mismo conoce. Contemplación del Milagro Eucarístico que es la presencia real de Cristo entre nosotros, como un peregrino más que arrebata horas al sueño metido en el autobús. En nuestro autobús.
¿Lo que ocurrió los trece días anteriores? Eso queda en la memoria de los que lo vivieron. Lo pasado, pasado está. Ahora queda el momento presente. Estamos todos de vuelta, pero de vuelta hacia Dios. Que no pare la peregrinación.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
02/08/2010 – Gracias otra vez a María Visión
El pasado miércoles escribí un post sobre María Visión que, una vez releído, me doy cuenta de que no estuve nada elegante. Pido perdón a quien pudiese ofender. De verdad, creo que mi intención fue más desahogarme de un malestar que aportar algo. Pero claro, este no es el sitio que procede. Lo siento.
Emilio Burillo procede de una gran familia mexicana dedicada a las comunicaciones y, más en concreto, a los grandes grupos de Comunicación.
Su tío, el “Tigre” Azcárraga, controló el mayor grupo de medios de comunicación en habla hispana del mundo, que hoy, casi cuarenta años después de su muerte, controlan sus hijos y/o nietos, primos de Emilio Burillo. Hablo de Televisa.
En la actualidad, Televisa tiene pactos multimillonarios con Univisión, La Sexta, EMI, Nextel, Volaris, Cartoon Network… Posee editoriales y no hay lugar donde se hable castellano en el mundo en el que no haya un poste de radio emitiendo alguna de sus señales.
Este entramado familiar, un auténtico imperio, no ha crecido por casualidad. Las formas y maneras no me las sé, ni viene a cuento, pero a buen seguro que entre ellas hubo trabajo, mucho trabajo, y saber hacer. Visión de futuro y mano izquierda y derecha.
Burillo formó parte del empresariado familiar desde joven. Mamó televisión desde el otro lado de la pantalla, desde donde se crea. Y no hablo solo de los platós. Hablo de los despachos y los salones familiares. Entiende perfectamente lo que es un share, una audiencia, una estrategia de mercado, una limpieza de imagen, un apuesta de futuro, una competencia, una evolución, todo eso en el mundo de la televisión, porque son los fogones entre los que ha crecido.
En septiembre de 1985, un terremoto de mas de 8 grados en la escala Richter dobló el DF hasta casi partirlo en dos mitades. Murieron ese día unas diez mil personas en la capital. Más de ochenta de ellas eran empleados directos de Emilio Burillo, personas con las que el joven empresario trabajaba y trataba. De la noche a la mañana, ya no estaban, se fueron, y eso sacudió profundamente el corazón de Emilio Burillo. Le hizo pensar, tal vez por primera vez en su vida, que había algo más que trabajar y crecer, que hacer dinero y cosechar éxito. Que Televisa no lo era todo en la vida.
Uno siete años después, Bosnia y Herzegovina se despezaba a morterazo limpio. Serbios, bosnios y croatas del mismo país se mataban puerta a puerta. Vecinos de toda la vida, cuñados, sobrinos y nietos se mataban a bocajarro ante la atónita mirada de Occidente, que no sabía hacer nada a parte de celebrar unas Olimpiadas.
Emilio Burillo fue a Bosnia, no sé con qué cometido, pero cometió un error que no estaba en su guión, y fue visitar Medjugorje. La experiencia bosnia de Burillo, entre la guerra fraticida y el genocidio, y ese pueblo donde las bombas no caían, le dio la vuelta como a un calcetín a este hombre de negocios, recio, fuerte, emprendedor. Sobrino de un tío conocido como El Tigre.
Emilio Burillo se convirtió. Ser rindió al amor más grande en medio del odio más funesto y tremebundo. El Amor de Dios Padre y el de su Hijo, Jescucristo.
Al volver a casa, nada podía ser igual. O al menos, no el contenido. Él, lo que sabía hacer, era televisión, pero se había convertido. Así que decidió que el contendor seguiría igual, y lo llenó de su nuevo contenido. Nació María Visión, una televisión católica, de contenido espiritual y familiar, que es vista por más de cuarenta millones de telespectadores en Latinoamérica, que es rentable, que crece, que va a más, sin ingresar ni un céntimo por conceptos de publicidad.
Ese milagro es de Dios, y su instrumento, nombre y apellido: Emilio Burillo.
Durante unos pocos meses hemos podido disfrutar en España de ese milagro en nuestras casas. En medio de la basura televisiva, Burillo vino a poner a disposición de los católicos españoles su dinero y sus conocimientos, basados en una experiencia, no en un libro o en una teoría.
Alguien, aún no ha quedado nada claro quien, ha decidido que se acabó.
Yo le doy las gracias a Emilio Burillo, porque durante unos meses, me he dado el gustazo de llegar a casa y encontrarme entre la basura un pastel que llevarme a la boca. Una oración del rosario, un tertulia sobre la vida, un spot del Camino de Santiago, un testimonio de un converso, una familia rezando a la Divina Misericordia… Eso, en el panorama televisivo español, se llama milagro. Encima con ese nombre que siento tan mío, tan y tan mío: María.
Deseo a la nueva etapa de Popular TV lo mejor, que salga a flote, que se recupere y cubra un espectro que sigue vacío. Tal vez, la impresión de todo así tan de golpe fue demasiado para nosotros. Pero no anda muy lejos el camino que marcó Burillo. La audiencia entre un modelo y otro así lo demuestra.
Por estos meses, y pidiendo perdón por mi post anterior, gracias María Visión.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
01/08/2010 – Gracias a María Visión
Mañana salimos hacia Medjugorje de nuevo. Dos autobuses, más de cien personas, quince días de los que la mitad dormiremos en campings y tiendas de campaña.
El Festival de Medjugorje, los jóvenes, oración a machete. La verdad es que apetece. Cuando te conviertes siendo un poco mayor, la rutina diaria te sirve para mantenerte. Oración, confesión, misa… siempre están ahí y te mantienen el tono, incluso si pasas una temporada de bajón y no lo frecuentas. Pero sabes que están ahí.
Yo me encontré con Cristo después de haber vivido con el Demonio, y de vez en cuando el cuerpo me pide ‘guerra’. Y allá vamos.
De todos modos, estoy en capilla y me voy un poco triste, con un desánimo. Estamos un poquito peor, pudiendo estar un poquito mejor.
La verdad es que yo siempre fui católico. Fui a un cole del Opus Dei, hice la Comunión y me confirmé. Me aprendí todos los Mandamientos, los Sacramentos y las obras de Misericordia, pero la verdad, todo eso me sirvió de nada. Mandé todo al carajo y tuve después, más que un encuentro, un encontronazo con Cristo, moribundo y jadeante, en la cruz, para luego tenerlo con el Padre en la luz.
Desde hace cinco años que me intereso por mi alma, creo ver que en la Iglesia hay dos tipos de personas. Conviven miles de carismas y millones de almas, cada una de nosotras muy particular. La Iglesia no está formada por personas buenas y malas, o mejores o peores. Solo Dios sabe lo que hay en el corazón de cada hombre. Lo que sí veo es que en la Iglesia hay gente que ha conocido a Cristo en persona, y gente que le conoce porque le han hablado de Él. Y no es lo mismo conocer a alguien a haber oído hablar de Él.
El encuentro personal con Cristo es una experiencia real que te cambia absolutamente la vida. En un plis plas, todo se da la vuelta, todo se pone del revés, o del derecho. No es una carrera, ni una relación de pareja, ni un título o un trabajo lo que te transforma. Solo un encuentro con Cristo, personal e íntimo. Conocer a esa persona obra en ti lo que ni tu madre logró durante años: que cambies, que te transformes.
Algo así pasa en las televisiones y medio de comunicación, que es a lo que me dedico yo. Si Le has conocido ya, solo quieres hablar de Él, meterle en las casas, contar cómo es. Todo lo estimas basura en comparación con todo aquello que es Él, sin velos ni máscaras. Sin miedo.
Si por ejemplo, hay en una tv un programa a las tres de la tarde en el que se difunde cada día la devoción a la Divina Misericordia, el Amor más entrañable de Dios, y tú vas y te lo cargas porque no lo ves rentable económicamente, tienes un problema, porque si de verdad has experimentado una sola vez de tu vida Su Divina Misericordia, no te atreverías a eliminarlo. No querrías. Y lamentablemente, creo que no querrás haberlo hecho. Buscarías como fuera la manera de hacerlo rentable, pero no lo fulminarías.
Cuando has vivido de verdad una charla de tú a Tú con Dios, cuando le has visto de frente y te has dado cuenta de que solo Él y nada más que Él. Cuando ya eres consciente de que ni líneas de negocio ni estrategias. Cuando ya sabes y has experimentado que la línea de negocio y la estrategia son Él y ya. Cuando ya estás dispuesto a hacer el ridículo como lo hizo Cristo, todo lo demás te da igual. Eres libre, eterno e indestructible. Y no importa nada que quien te lo cuente venga de México o de Tailandia. Cristo es para judíos y gentiles. Eso son excusas.
Cuando volvamos de nuestra peregrinación dentro de dos semanas, tendremos muchas ganas de seguir rezando. Siempre pasa. La tele antes nos podía ayudar. Ahora, la alternativa será cualquier otra basura de cualquier canal. Porque Verano Azul y España en la vereda, no se lo traga ni su madre.
Gracias Maria Visión, por ser auténtica.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
24/07/2010 – El Mapa del Tesoro
Hace cuatro años visité Medjugorje por primera vez. Fue en marzo de 2006 cuando, con el propósito de hacer un reportaje, viajamos hasta Bosnia y Herzegovina para adentrarnos en el epicentro de toda esta historia que parece sacada de la imaginación de un ángel medio loco, dando con los huesos de Gonzalo en el seminario y con mis dedos desgastándose escribiendo sobre el dichoso pueblecito de nombre impronunciable.
Gonzalo regresó a Medjugorje a penas mes y medio después. Yo tampoco tardé Mucho. En junio estaba allí de nuevo. Quería ir sin tener que trabajar, olvidándome la cámara y de la grabadora, de los horarios, entrevistas y obligaciones para respirar Medjugorje como un peregrino más.
Cuando regresé a Madrid, Rafa, del que ya os he hablado bastante, tenía una especie de necesidad imperiosa por ir a Medjugorje, pero sus seis hijos tienen la manía de comer cada día, y su jefe no le daba días libres hasta bien pasado el verano. En Julio era el EMF y en agosto se iba él. El jefe, digo…. De modo que el viaje, en ese momento, resultaba inviable.
Una mañana de martes entre el 15 de julio y el 25, a mí me había ido fatal en el trabajo. Llamé a Rafa para ver si podíamos comer juntos y cuanta fue mi alegría al ver que él tampoco había tenido el mejor día. Eso es genial, porque así pudimos hablar mientras devorábamos una hamburguesa y una cerveza bien fría de lo mal que hace las cosas todo el mundo en general y de lo bien que lo hacemos nosotros, en particular. Es un ejercicio muy común entre los ahombres. Entre risas y cervezas, Rafa comentó la idea de ir a Medjugorje por tierra. Una furgoneta o una caravana podían ser la solución, pero hasta entonces, no había visto una buena oportunidad de alquilar una u otra. El sueño del viaje se esfumaba en la cara de Rafa, pero con mucha pausa y sin exagerar, le dije a Rafa que si quería ir a visitarla a Ella, que se lo pidiera. Mi amigo me miraba con cara de que se me hubiese caído un tornillo, lo cual es irrelevante ante la mirada amorosa y tierna de Nuestra Madre, que empezó a organizarse para que el deseo de Rafa se cumpliera.
Cogimos la moto y antes de volver al trabajo, nos pasamos por el Corte Inglés porque Rafa quería comprar un libro. Yo, con tal de no pasar mucho tiempo por la redacción aquel día, me apuntaba a un bombardeo. Estando allí, Rafa comentó que había perdido su viejo mapa de carreteras y cogió a voleo uno de los que allí se vendían. No sé si alguna vez habéis estado, pero aquello era la sección de mapas de El Corte Inglés, es decir, que hay mapas hasta de la cara oculta de la luna. Eran como tres estanterías repletas de todo tipo de mapas: mapas de carreteras, planos de ciudades, mapas de Asia, de América, de África… no hubiese sido extraño encontrar allí algún mapa del tesoro, aunque ahora que lo escribo, creo que el que Rafa cogió a voleo tenía más de mapa del tesoro que de carreteras y autopistas.
Cuando Rafa ya había pagado el mapa y esperaba la vuelta, yo lo saqué de la bolsa. Era un mapa de tantos, uno entre un millón, pero el que Rafa había cogido sin pensarlo ni darse cuenta tenía marcada la equis del tesoro en todo el centro de la portada.
No es ningún descubrimiento que los diseñadores de las portadas de los mapas nunca van a ganar ningún concurso de diseño. En todos los mapas del mundo la portada del mapa es un trocito de mapa. En este caso, Rafa se había decidido por el Michelín de Europa, por lo que en su portada podían haber puesto un pedazo de Islandia, de Baviera, de Italia o de Formentera, por poner algún ejemplo.
Cuando tuve el mapa en mis manos me di cuenta de que en todo el medio aparecía ante mis ojos el mismo mapa que durante los últimos cuatro mese tantas veces había estudiado, con los mismos nombres raros que ya se me hacían familiares. Antes de que Rafa cogiera el cambio le miré con cara de pirata, con una sonrisa de oreja a oreja y sin dudarlo ni un momento, le dije: “No sé cómo va a ser, pero tú te vas este verano a Medjugorje”.
Rafa no se creía lo que veía, pero en la portada del mapa de Europa que él había escogido de entre decenas de mapas, estaba Medjugorje. Pequeñito, medio borroso y puede que incluso mal escrito, pero ahí estaba haciéndole un guiño como diciendo. “Tú te vienes conmigo”.
Rafa dice que en ese mismo instante él supo que ese verano iría a Medjugorje, y aún no sabemos muy bien cómo, a penas dos o tres día después ya teníamos furgoneta gratis, casa en Medjugorje para ir al Festival y dos acompañantes más que hacían más llevadero y económico el viaje.
Salimos de Madrid el lunes 31 de julio de 2006 a las diez de la mañana y llegamos a Medjugorje el martes 1 de agosto a las 17. Batimos todos los records mundiales habidos y los que quedan por haber de peregrinación. Treinta y dos horas para hacer dos mil quinientos kilómetros que dieron para muchas anécdotas. Me quedo con una de ellas. A pocos kilómetros de la frontera, Carlos, el cuarto pasajero, nos reveló un inconveniente y es que su DNI estaba caducado. Entrar sin papales en Bosnia y Herzegovina no es nada sencillo, claro está, y cuando el guardia de la aduana nos pidió explicaciones, el padre Cruz se limitaba a hablarle en un castellano perfecto que el policía no entendía, que nosotros íbamos a Medjugorje, a ver a la Gospa, que él era el padre Cruz, de Pamplona, y que rezaríamos por él y su familia durante toda la vida. El guardia, desesperado ante la tozudez de un fraile navarro, nos dejó pasar entre improperios y en su idioma, que parecía el arameo.
Esa semana conocimos el Festival de Jóvenes. Lo que disfrutamos aquellos seis días es imposible de expresarlo ni con un millón de adjetivos humanos diferentes. No hay diccionario capaz de expresar en la tierra la cantidad de cosas que vivimos los cuatro aquellos días, largos como cataratas que cayesen del cielo, agotadores como maratones pero inolvidables como los primeros amores. Cada uno tuvo lo suyo. El cura se infló a confesar. Le teníamos que llevar la comida en una bolsa de plástico cada día, y la merienda también, aunque alguna vez me olvidé. En fin, cada uno lo suyo y todos juntos una misma cosa, al pie del monte, cuando ya nos volvíamos.
Lo que ocurrió entonces lo recordamos hasta hoy como si hubiese ocurrido hoy. Es nuestro regalo de despedida. En la furgoneta, durante el regreso, estuvimos en absoluto silencio durante unas cinco horas. No se podía romper con nuestras palabras la sintonía que había allí dentro entre nosotros y el cielo.
Yo siempre lo he dicho, que no sé si la Virgen María se aparece en Medjugorje o no, lo que sí que se es que allí pasa algo, que ese algo es algo bueno, y que sigue sucediendo. Lo que sea, ya lo explicará la Iglesia, que es quien sabe de esto…
De aquel viaje nacieron los posteriores Medjujoven, las peregrinaciones que hacemos en bus desde Madrid para participar en el Festival de Jóvenes. Nos queda una semana para irnos. Repetimos Rafa, el padre Cruz y yo, con ciento veinte personas más. Qué sería lo que pasó aquellos días es algo que nos pertenece, pero lo que nadie puede negar es que la furgoneta ha dado de sí multiplicándose por treinta.
Quien nos lo iba a decir, aquella mañana de martes, en la que todo comenzó con un mapa de carreteras. Quien se lo iba a decir aquel día, cuatro años atrás, a los que este jueves emprenden con nosotros nuestro mismo viaje.
Dios mío, dicen de ti que escribes con renglones torcidos. Yo lo que creo es que, mucho más que torcido, escribes entre líneas. Te gusta dejar mensajes en los mapas, a los ojos de todos, pero que solo encuentran aquellos que te buscan, y que te sirves del cabreo humano de un mal día de trabajo, para enseñarnos a leerte en lo humano de cada día.

Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
19/07/2010 – Soy bella porque amo mucho
Me he dado cuenta de que, con motivo de la visita de Marija a España, había escrito una crónica para un medio que, finalmente y con el jaleo de Bolivia, no publiqué.
Como ya ha pasado tiempo, y está escrita, aprovecho y la cuelgo aquí.
Ahora que la leo bien pasado el tiempo, me hace gracia pensar que el mejor tratamiento de belleza no tiene nada que ver con ninguna crema. Al parecer, el mejor lifting es el amor:
“Soy bella porque amo mucho”
Marija Pavlovic dice tener apariciones de la Virgen María todos los días desde 1981. Ella es unos de los seis videntes de Medjugorje. Nadie en todo este tiempo ha podido aún probar que lo que dicen es mentira, y el mismo Vaticano ha tomado las riendas de una investigación formada por más de veinte especialistas en Teología, Psiquiatría, Historia de la Iglesia, Mariología y otras especialidades. Mientras la Iglesia les examina, ellos testimonian por todo el mundo que sí, que es la Virgen María a la que ven cada día. El último fin de semana de mayo, lo contó en España.
La tarde del 29 de mayo, más de dos mil personas reventaron la capacidad presupuesta de la capilla del colegio de Nuestra Señora de las Maravillas, donde se había asegurado que no cabían más de mil. Acudieron a escuchar el testimonio de Marija Pavlovic, una de las seis personas que cuentan tener apariciones cotidianas de la Virgen María desde que, allá por 1981, tuvieran la primera de todas en la aldea de Medjugorje, en Bosnia y Herzegovina.
Los curiosos, fieles y peregrinos abarrotaron los bancos, los pasillos centrales y laterales, las escaleras del presbiterio. El hall de entrada a la capilla también se abarrotó de gente que, rosario en mano y de pie cual tiesto, aguantaron durante horas para escuchar de viva voz semejante testimonio, increíble para unos, insultante para otros, y muy auténtico para quienes dicen conocer a Pavlovic.
Marija habló sin estridencias de esa increíble experiencia que supone una aparición mariana. Fue abierta y educada, mostró síntomas de sinceridad espontánea, y un buen sentido del humor a la hora de contar anécdotas. Al final de su testimonio, en el que recordó como vive ella su aparición diaria, se ofreció a contestar a preguntas de los más curioso y atrevidos. Al ser cuestionada por cual es la fórmula para acercarse a Dios y permanecer en su Iglesia, Marija dio tan solo dos palabras como respuesta: “Ser humilde”, y alentó a los enfermos y a los que sufren asegurándoles que esa, la de la cruz, es una ocasión de acercarse a Dios: “Dios no quiere el dolor. Es un fruto del pecado, pero Dios sí que utiliza tu dolor para el bien. Es el dolor la más grande de todas la oraciones, la que más cerca se vive del Señor”, para añadir que cuando sufrimos, “es cuando más trabaja Dios nuestro corazón”.
Marija arrancó la sonrisa de los asistentes contando como en una ocasión en que se les apareció la Virgen María a los seis videntes, vieron que hablaba solo con Jakov, el más pequeño del grupo, que contaba con diez años. Al acabar aquella aparición, dijeron a Jakov que no habían podido oír lo que la Señora le decía, a lo que el pequeño contestó: “¡Gracias a Dios no lo oísteis!”, porque la Virgen María le recomendó obedecer a su madre una tarde en que él la había desobedecido.
Tras el testimonio de Marija se rezó otro rosario, se celebró la Eucaristía y hubo otro rato de adoración eucarística. Más de cuatro horas en total en una parroquia a reventar, un sábado de mayo en el que el tiempo invitaba, a priori, a cualquier otra cosa que no fuese rezar.
Entre los asistentes, había un alto número de sacerdotes de la diócesis, tanto en el presbiterio de la iglesia como mezclados en el público, y durante las dos horas previas a la Misa, mientras se rezaba el rosario o Marija hablaba, no pararon de confesar.
La noche anterior, Marija estuvo en Barcelona, a cuyo acto acudieron unas dos mil personas, y tras Madrid aún le quedó tiempo a Marija de acudir a Sevilla, desde donde cada año parte hacia Medjugorje un considerable número de peregrinos.
El fenómeno de Medjugorje se ha colado en el corazón de muchos católicos españoles como lo hace un rayo de sol en el salón de casa, atravesando el cristal de la ventana, sin pedir permiso y sin dañarlo, dándole color y calor a un habitáculo hecho para el calor y para el color, y que por los motivos que sean, parecían tener más de fría oscuridad que de calidez apacible.
La Marija más desconocida
Marija Pavlovic tenía dieciséis años cuando comenzó el fenómeno de Medjugorje. Desde la tarde del 25 de junio de 1981 hasta nuestros días, dice vivir, a diario, una experiencia mística durante la cual ve y oye a la Virgen María. Casada y madre de cuatro hijos, vive con su familia en Monza, muy cerca de Milán, y dedica parte de su tiempo, al igual que el resto de videntes, a propagar y difundir el mensaje del que la Virgen María les ha hecho depositarios, según dicen. “Nosotros fuimos elegidos por Dios, pero no por ser los mejores. Así nos lo dijo la Virgen. Así que nos limitamos a vivir esta vida como una vocación”, ha explicado Marija.
Sobre los videntes de Medjugorje se dicen muchas cosas. Expuestos desde que son niños y adolescentes a la opinión pública, poca gente sabe que Marija le donó uno de sus dos riñones a su hermano, con poco más de veinte años, cuando éste lo necesitó para seguir viviendo, o que en los primeros años de juventud, Marija probó una experiencia vocacional en cuyo discernimiento se dio cuenta de que lo suyo era el matrimonio. “Ella no ha venido a quitarnos la libertad”, explica Marija.
Marija terminó pidiendo una especial oración por todo los enfermos presentes, y recordó como en una ocasión preguntaron a la Virgen María por qué era tan bella. “Porque amo mucho”, fue la respuesta.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
15/07/2010 – Comando Gospa
El sábado pasado se celebró el Festimed, una fiesta benéfica para financiar peregrinaciones al Festival de Jóvenes de Medjugorje a gente que tiene dificultades económicas para viajar allí.
La fiesta fue un éxito. Casi doscientas personas disfrutaron de una cena magnífica en un escenario de ensueño. Hubo copas, música, testimonios y hasta se montó un tablao flamenco al que las más atrevidas se arrancaron a desgastar la madera al compás que marcaron los artistas con su palmas y la guitarra.
De lo que quiero hablar hoy aquí es de la organización de la fiesta. El Comando Gospa del que os hablé en el post sobre el Festimed está formado por un grupo de personas sorprendentes, cada una de su padre y de su madre, a los que lo que les ha puesto en contacto es haber vivido alguna peregrinación a Medjugorje y su amor por la Virgen María.
El Comando Gospa no es una institución, ni asociación, ni movimiento, ni fundación, sino un grupo de amigos que se han conocido hace dos semanas y la han líao parda para llevar gente a Medjugorje.
Las primeras personas en formar parte del Comando Gospa, sin que ellas lo supieran y sin que ni si quiera el propio Comando existiera, fueron Laura y su marido, Ramón, que el año pasado ofrecieron su casa, tiempo y esfuerzo para celebrar el primer Festimed. En aquella ocasión experimental, la organización fue un desastre, la infraestructura una pasada y el resultado un éxito sorprendente en todos los ámbitos: participación, recaudación, influencia, contactos, difusión…
Ellos, Laura y Ramón, son los Presidentes de Honor de este Comando Gospa del Festimed, título honorífico que de nada les responsabiliza, pobres…
Luego, el Comando Gospa está encabezado por Rafa y Pascu.
Rafa es el padre de las Medjujoven, peregrinaciones nacidas hace cuatro años que se hacen en autobús desde Madrid, en la que los peregrinos se zampan 2500 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para participar en el Festival de Jóvenes de Medjugorje. Rafa organizó las dos primeras. Un autobús en 2007 y otro en 2008 que llevaron en total a unas 90 personas a conocer el fenómeno de Medjugorje. “La única manera de llevar a mi mujer y a mis seis hijos era en autobús, y como no había, lo organicé”, dice sonriente. Desde hace ya tres años, en el salón de su casa no hay televisor. El centro de su hogar lo ocupan una imagen de la Virgen María y una Biblia abierta. “Desde entonces, hablamos más, jugamos más, rezamos más y todo nos va mucho mejor a todos”.
Pascu cogió el año pasado su relevo para organizar una Medjujoven espectacular. El éxito de las dos ediciones anteriores de la peregrinación fue tal que ya no bastaba un autobús, y Jesús Pascual, de profesión Peregrino, organizó una peregrinación para noventa personas, dos autobuses a reventar, que volvieron cruzando el mar adriático para visitar lugares como San Giovanni Rotondo, Asís, Ars o Lourdes, entre otros. Pascu es conocido en lugares de nuestra geografía como Trujillo o El Puerto de Santa María por sus peregrinaciones de altura: “Cuando me preguntan cómo fueron mis primeras peregrinaciones a Medjugorje y digo que en avión, la gente me mira como diciendo: “¡Pues vaya eme de peregrino! Así que yo ya solo voy en bus, lo que pasa que necesito dos porque no sé decir que no…”. Él no ha quitado el televisor, gracias a Dios, porque así Rafa ha tenido donde ver el Mundial.
Detrás de Rafa y Pascu vienen las que llevan los pantalones, cinco mujeres, cinco, de espectacular trapío, bravura inmensa y amor incondicional por la Virgen María y por su Hijo.
Amparo, empresaria andaluza que cede la casa para el sarao. Dinamita pura. Conversa de cada día. Coraje, fuerza y andaluza alegría al servicio de la Gospa: “Esta casa me la ha dado Dios, y para su madre, lo que sea”. Una imagen de la Virgen María preside el jardín, y te pongas donde te pongas, es lo primero que ves.
María, directiva de un hotel de lujo. Emprendedora, creativa y divertida como ninguna. De ella fue la idea de celebrar Festimed en su casa y acabamos en la de su vecina. Sin complejos ni rubores. Conversa también y peregrina de Medjugorje: “Ay, qué bien lo vamos a pasar el sábado, bailoteo, rifa, oración y mercadillo. Yo me ocupo de los bocadillos!!!”.
Pilar, es quien aporta cordura al grupo. Parroquiana del padre Cruz y peregrina de Medjugorje, sostiene que las cosas hay que hacerlas por grupos, con organización y sin descentrarse. Detallista hasta en lo más mínimo: “El viernes pongo las patatas a cocer… son para la ensaladilla”.
Cristina GG. Ella es la Lideresa. Conversa… sin parar, pero sabe callar cuando conviene. Peregrina a Medjugorje en agosto y en diciembre, ni frío ni calor. Quería organizar siete fiestas por toda España. Menos mal que no la hicieron caso: “Escúchame, que yo llevo a un montón de gente a donde haga falta. Por la Gospa, lo que sea”. Se viene al viaje por segundo año consecutivo.
Fátima. Ella tiene la culpa. Conversa también, carismática y peregrina de Medjugorje. Imparte los cursos Alfa, presentadora en Radio María, voluntaria este año como socorrista en el Camino de Santiago. Y no hace más porque es imposible seguirla. Un trasto de mujer a la que no le importa lo que digan: “¿Yo? Si no he hecho nada… es el Señor, que cuando se empeña en algo, pues sale solo, jejeje…”.
Nada ocurre por casualidad… aunque lo parezca.
La cosa es que a Fátima le dio por decirle a Rafa y a Pascu, mientras buscaban un lugar erráticamente para celebrar la fiesta, que se podría hacer en el hotel que dirige su amiga, María. María dijo que en el hotel iba a costar mucho, pero se le ocurrió ceder su casa. Rafa y Pascu no se lo creían, pero cuando fueron a verla, a la propia María le dio por preguntar a Amparo, su vecina: “Ya sé porque narices no consigo venderla”, fue su inmediata respuesta.
Nada es gratis, aunque lo parezca. Aunque haya salido un post entretnido y ameno, por lo poco que sé del Comando Gospa y sus componentes, una pregunta asalta mi cabeza. ¿Por qué? Por qué una serie de personas desconocidas deciden dar su tiempo y trabajo en un fin de semana para gente que no conocen? ¿Por qué emplean su descanso en cansarse?
Por muy bonita que haya sido la fiesta y por muy simpático que parezca todo, este Comando que se conoce desde hace dos semanas, se ha formado con el tiempo, con mucho tiempo. No nos engañemos, la vida no es bambi, y tras cada uno de ellos, hay una historia de desierto que les ha llevado a abandonarse en las manos de Dios y de su madre. Allí, en los brazos de ella, han conocido que sí, que sto, merece la pena por duro que sea. Es por eso que dedican parte de su tiempo, dinero y descanso a intentar que otros conozcan lo que han conocido ellos.
Yo siempre digo que es en torno a la cruz donde crecen las más bellas flores, de hoja perenne y olor duradero. Este grupo de gente son ejemplo vivo de los que estoy esribiendo.
La cosa es que un día y medio después de comenzar la búsqueda ya había sitio para fiesta en La Moraleja, equipo de sonido, grupo flamenco, y un equipo de gente desconocida que funciona a las mil maravillas: El Comando Gospa ¡Qué cosas más divertidas surgen de las peregrinaciones a Medjugorje! Termino con una cita de una peregrina descreída de hace tres años: “Aunque esto fuera mentira, es que es mejor venir a que te lo cuenten. ¡Vaya movida!”.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
06/07/2010 – Vivo
Sigo vivo.
Mi ausencia de estos lares se ha debido a un viaje a Bolivia que inicié el pasado 5 de junio y puedo dar por terminado hoy, que he vuelto al trabajo, aunque lleve en nuestra bendita España desde el día 19.
Marché al mundo precolombino con Ayuda a la Iglesia Necesitada. El motivo era recoger todo tipo de información para desarrollar una nueva campaña en otoño. Todo iba bien hasta que me quedaban tres días de viaje. YA habíamos visitado la selva, la ceja, varias ciudades y comunidades religiosas, y habíamos conocido buena parte del Altiplano. De hecho llevaba cinco días a más de cuatro mil metros cuando, después de hacer unas fotos a la recién construida catedral de El Alto, dejé de respirar. Mejor dicho, aunque respiraba, era como no hacerlo.
El temido sorochi me pegó más fuerte que la cruda realidad social del altiplano, donde la cerrazón de la cultura aimara y el intempestivo escenario impide que la esperanza del Evangelio cale en esas gentes duras y ásperas como pocas veces he visto. Nada que ver con los quechuas y guaraníes, gente abierta al intercambio, aunque luego, después de escucharte y escucharlo, te hagan o no mucho caso.
El altiplano es durísimo. Ya había conocido escenarios difíciles no solo para la superviviencia, sino para el desarrollo afectivo de las personas que los habitan: el desierto, el kurdistán sirio o la estepa kazaja son lugares inhóspitos en el que la inculturación del Evangelio ha supuesto para el espíritu de sus habitantes algo parecido a lo que supone el descubrimiento de un manantial para sus cuerpos.
Pero el altiplano es más difícil que el desierto, pues es un desierto a cuatro mil metros de altitud. Más que la estepa, pues ni si quiera por los meses más favorables en lo climático crece una brizna de hierba. Más que los poblados kurdos, pues su pobreza no es solo material, sino también espiritual. El kurdo guarda esperanza. El aimara del altiplano, la esconde.
Allí arriba he conocido rituales precolombinos que dan miedo. En el pueblo de Macha, cada año celebran la fiesta de la Cruz con el tinku o baile del encuentro, donde la sangre humana corre para regar la madre tierra, a bofetada limpia. Extraña manera de meter a Cristo en una pelea.
Me he visto mezclado entre la turba de un linchamiento, algo bastante habitual en Bolivia y permitido por la Constitución en esa Ley Comunitaria que ampara sin delimitarla. He compartido habitación de hospital con el apuñalado que sobrevivió a una reyerta. El otro murió.
He recogido en la carretera a una señora aterrorizada ante la idea de hacer noche en casa ajena por miedo a los cari caris, una versión altiplánica de nuestros legendarios sacamantecas.
Pasar dos días en un hospital de un país pobre es una experiencia que te pone muy en tu sitio. Casi la espicho, pero fue que no. Dios ha preferido que lo cuente, y gracias que le doy porque la idea de morir lejos de mi gente, me cabreó por momentos. No era morir lo que me ponía de mal humor, pues esa es la manera que tengo de ver la cara a la mujer más guapa que ha pisado la tierra, de ponerme en manos de Dios y de no volver a necesitar ese oxígeno que me faltaba como el frío a una nevera. Pero morir fuera de España, me sentaba fatal.
La cosa es que he vuelto y me he traído mucho más que una experiencia profesional. Ha sido vital y espiritual. LA verdad es que cada uno de estos viajes es así, pero en este caso, ha sido más. Cerrar los ojos pensando que te mueres con la calma del que se sabe acogido por su Padre en el cielo, es una pasada. Los creyentes, los que tenemos el don de la fe, no sabemos los que tenemos. Yo lo he experimentado ese ese momento.
Bueno, solo quería saludar y contar por qué he desaparecido durante más de un mes. Ya estoy recuperado, y la verdad, aunque la idea del cielo me mola bastante, me alegro de poder seguir compartiendo peregrinación en la tierra con todos los que os asomáis a este viaje escrito cada pocos días. Encima, con el Mundial que estamos haciendo, y casi me lo pierdo.
De la Gospa, casi ni rastro. Tan solo una foto en un colegio de Cobija, territorio selvático, con unas palabras del padre Jozo.
Un abrazo.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
12/05/2010 – Libertad
Es cierto. Los buenos frutos que se desprenden para la gente y para la Iglesia de los viajes a Medjugorje, son asombrosos e incontables. Sinceramente opino, que pocas veces en nuestra bimilenaria historia ha sucedido algo a través de lo cual Dios bendiga tanto a sus hijos y a su Iglesia, aunque mi opinión no sea más que eso: una opinión.
Conversiones, vueltas a casa, confesiones después de muchos años, reconciliaciones, gusto por la oración, sentido de la vida, curaciones, sentido de la cruz en la vida…
Si uno lee las crónicas de Guadalupe o Lourdes, se da cuenta de que fue algo parecido, pero yo no estuve allí.

Una de las cosas que más se derivan de Medjugorje es el chorreo de vocaciones que encuentran allí su discernimiento auténtico, en libertad, para incrustarse en la Iglesia como un poyuelo dentro del huevo y en su nido.
No son vocaciones para un solo movimiento, corriente o congregación, como suele suceder, por ejemplo, en el ámbito de un colegio determinado, de una familia concreta, de un colectivo, o de una diócesis o región. Las vocaciones son repartidas desde Medjugorje como riega un aspersor cada brizna de hierba que hay a su alrededor, que se deja mojar por el surtidor de agua inagotable que viene siendo esta fuente de gracia para la Iglesia Universal.
En Medjugorje se discierne muy bien, para empezar, por lo mucho que se reza. Y en segundo lugar, porque se hace en libertad, con mucha libertad. En Medjugorje, el joven discierne sobre su vida sin que nadie más que Dios le mire, sin que nadie le espere con una decisión que, en tantas ocasiones, toman otros por ti.
Creo que esto es motivo de lo siguiente: la postura oficial de la Iglesia sobre las peregrinaciones a Medjugorje es que todo el mundo puede ir allí en peregrinación. Estas peregrinaciones deben estar organizadas por laicos, nunca por parroquias o diócesis, pero los sacerdotes de estas parroquias o diócesis tiene el derecho y el deber de acompañar a estas peregrinaciones. Eso es lo que hay a día de hoy, ni más ni menos.
Es un ejemplo límpido de la confianza de Roma en laicos y de su involucración en la vida de la Iglesia. De esto se deriva que en estas peregrinaciones mandan los laicos, el que organice esta peregrinación, y los curas son unos ‘mandaos’ con una misión muy importante, que se dedican únicamente a lo que se tiene que dedicar un sacerdote: a celebrar los sacramentos y a acompañar a los fieles. No tiene pues ninguna responsabilidad, ni protagonismo, ni poder de decisión, salvo que alguien ponga en cuestión la propia doctrina y tradición apostólica, claro está.

Esto es una forma muy inteligente de cuidar a los sacerdotes, porque no se tienen que ocupar de sacar los billetes, de reservar albergues y pensiones, de hacer cuentas y números, ni de conseguir los peregrinos, ni de un montón de cosas que no son ser sacerdote y que en tantas otras ocasiones tienen que hacer porque no tienen quien les eche una mano, o porque ellos no se la dejan echar. Por tanto, el sacerdote es más sacerdote que nunca en estas peregrinaciones organizadas por laicos por orden de la Santa Sede. Tal vez sea por eso por lo que disfrutan tanto: porque se pueden dedicar únicamente a su vocación sin preocuparse de lo demás.
Medjugorje no tiene fundador, ni directores espirituales, ni convocatoria oficial de ninguna diócesis, ni nada parecido. En Medjugorje, seis personas dicen recibir unos mensajes de la Virgen María a través de los cuales se imparte una catequesis durante toda una generación, para vivir en cristiano, en el seno de la Iglesia, en el mundo de hoy.
No hay apoyo oficial de ningún tipo. Más bien hay protección ante una persecución, y un fortísimo escepticismo, lógico y natural. De ésta carencia de oficialidad radica la libertad brutal del peregrino de Medjugorje. El peregrino de Medjugorje es muy auténtico. No digo con esto que el que va a otro sitio no lo sea. Digo que el que va a Medjugorje en las condiciones actuales, es muy auténtico, porque nadie gana nada a ojos de nadie yendo a Medjugorje. Porque nadie espera nada de ti yendo a Medjugorje. Porque allí puedes ser muy tú mismo, sin ningún condicionante más que tú mismo.
Ahora que estamos organizando el viaje de este verano, es muy frecuente la siguiente pregunta: “¿Cuál es el programa?”. La respuesta es muy sencilla. Hay un horario en la parroquia, para las misas, los testimonios, las oraciones y las adoraciones. Tú vas a lo que te apetezca cuando te apetezca, y nadie va a pasar lista de nada. Tampoco nadie va a pensar mal de ti si no te pones a rezar cuando toque, como nadie va a pensar bien de ti si te pones a rezar cuando no toque, porque para rezar no hay horario, como tampoco lo hay para no hacerlo. Ni pierdes ni ganas puntos por hacer o no hacer. Tú decides hasta dónde y qué.
Durante el viaje, paramos a celebrar Misa, y en el bus rezamos el rosario, vísperas y laudes, y se une quien le de la gana. A quienes lo organizan les importa un pimiento, tú eres un peregrino de la Virgen, no un aspirante a nada.
Creo que en ese ámbito de libertad que da el saber que no hay ninguna expectativa en él, le hace al joven discernir con paz, alegría, sosiego y tranquilidad. Hablar de tú a Tú con Dios sin intermediarios, sin que tenga que responder a ninguna expectativa que nadie se haya creado en torno a él. El guía espiritual entra en juego cuando es requerido por el joven. Cuando éste se abre, cuando necesita una respuesta a una inquietud. Es decir, que está ahí acompañando, pero sin empujar.
Además, en Medjugorje se hacen visibles, vivas, las muchas diferentes formas de entrega a Dios. Allí hay curas, religiosos, religiosas, consagrados y no consagrados, laicos de todos los colores que es capaz de pintar el Espíritu Santo, haciéndose visible para el peregrino un mosaico de colores, tonalidades y matices no solo desconocidos para él mismo dentro de la Iglesia, sino ni siquiera imaginados. Y es que es cierto aquello de que viajando a uno se le cae la boina…
Estando allí, en Medjugorje, puedes hablar con ellos, observarles, compartir, salir huyendo o pegarte a ellos con absoluta libertad. Tal vez sean ellos, un ermitaño con cara de comer raíces, una monja joven que bien podía haber sido modelo por su belleza, un exorcista venido de Dunquerque, o un asiático sin cámara de fotos con los ojos más redondos que achinados, el que te pregunte a ti, con ruidos y señas, de donde vienes, qué haces, cómo es tu vida, por qué estás en Bosnia… Todos esos colores del Espíritu Santo, vivos y reales, reunidos en torno a la Madre.
Si a eso le unes la alegría que allí se vive, la cercanía de la Virgen María en todo el Fenómeno, y la pasada que es encontrarte en medio de una muchedumbre que celebra como una fiesta la presencia real de Cristo en la Eucaristía, el joven busca a pecho descubierto su vocación, y si la encuentra, se tira a por ella

La libertad es fundamental en el discernimiento vocacional, y en Medjugorje se dan las circunstancias perfectas para discernir en absoluta libertad. Por eso se desprenden tantas vocaciones de Medjugorje. Por la libertad. Allí el joven se pone los cascos de la traducción, modula la frecuencia exclusiva de Dios, y abre los oidos del corazón sin ninguna interferencia.
Roma es muy inteligente, y está tratando todo este fenómeno con una sabiduría que nos ha de hacernos sentir muy bien cuidados. Los laicos, a organizar. Los curas, a confesar y celebrar. Los jóvenes, a peregrinar y discernir, o a ligar. La Comisión de Investigación, a investigar. Los perseguidores del Fenómeno, a perseguir. Los periodistas, a escribir y fotografiar… Desde Roma han sabido poner en este jaleo a cada uno a los suyo. Todo esto en la Iglesia y en libertad. ¡Qué pasada! ¡La Libertad!
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
07/05/2010 – La emboscada de Dios
Eran las siete de la mañana. Había bebido como un salvaje, y como no había ligado nada esa noche, seguía bebiendo sin parar. En aquellas noches de juventud desbocada el límite lo ponía el alba. Si no hubiese amanecido nunca, aún seguiría en aquella discoteca. Pero no. Dios me tendió una emboscada al filo del amanecer. Fue Él quien vino a por mí en una experiencia que he tratado de contar muchas veces, pero que nunca me ha salido.
Durante dos años no supe que había sido Dios, pero si alguien aquella misma tarde, mientras me vestía y me peinaba delante del espejo, me hubiese dicho que esa era la última noche de mi vida en la que saldría de farra, le hubiese estallado una carcajada en su cara. Al fin y al cabo, llevaba haciendo lo mismo cada sábado desde los 16 años, y ya pasaba de los 23. Sencillamente, no sabía hacer nada más.
No fui yo quien buscó a Dios. Le perdí la pista en alguna esquina de mi vida, aunque siempre supe que existiera. Dios vino a por mí. Sencillamente, Dios si sabía hacer algo más.
Aquella vida de fiesta y chavalas se evapora entre tus manos, no es más que agua pasada de una resaca cada semana. No satisface, no llena, no es nada. Nada de nada.
Siete años más tarde conocí a otra persona que vivió exactamente la misma experiencia que yo en otra discoteca. Se trataba de una chica de mi edad, y es monja de clausura.
La vida con Dios es plena, supera toda barrera inexpujnable y aunque no te libra del dolor, le da sentido. Absolutamente. Todo el sentido. Me atrevo a decir que te hace indestructible, inmortal, eterno.
En 2008 conocí a Mario en Medjugorje. Este tío había sido heroinómano desde los 16 hasta los 28 años. En ese momento, con 33, me contaba como él y todos los hermanos de su comunidad, se levantaban cada noche a las dos de la mañana para hacer adoración eucarística. “Nos levantamos para orar por los jóvenes que en ese momento se divierten de una manera desafortunada”, me dijo. “Ya te he contado mi vida, puedes imaginar lo que siento”. Apagué la grabadora en la que guardaba sus palabras y le dije: “Mario, si yo hoy estoy en Medjugorje haciéndote esta entrevista, es porque tú has rezado por mí”. Le conté mi historia y me abrazó como el que ha encontrado a la oveja perdida. No sabíamos nada el uno del otro y ya éramos como hermanos. Unidos en Cristo.
No sé describir aún lo que ocurrió en aquella discoteca. Solo recuerdo que eran las siete de la mañana y que le dije a mi amigo que si quería otra copa. Lo demás ocurrió muy rápido. Lo que tardé en llegar desde la barandilla de la pista hasta la barra, no más de siete segundos. Aunque no lo sepa describir, ya le he puesto un titular. No es mío, es de Joe Eszterhas, guionista de Instinto Básico, el thriller erótico que arrasó en los años 90. Parece ser que por él también rezaron, y Dios le tendió otra de sus emboscadas.
Gracias a Mario, y a todas las personas que rezan por los que no hemos conocido el amor de Cristo, Dios se nos presenta cuando menos lo esperamos, cuando estamos más desprevenidos. Como en una emboscada.
Escribo esto para dar testimonio de que cuando oramos, como Mario a las dos de la mañana, Dios está al otro lado del aparato. Y sencillamente, Él si sabe hacer algo más.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
06/05/2010 – ¡Nos Vamos!
Ya está en marcha. Aún quedan tres meses pero han comenzado los preparativos. La salida es el 29 de julio, desde Madrid, y estaremos de regreso, dm, el 12 de agosto. ¿Entre medias? 2.500 kilómetros de ida, tres campings, un par de playas, y el Festival de Jóvenes de Medjugorje, una de las realidades de la Iglesia más innovadoras y sorprendentes que he tenido la oportunidad de conocer.
Para explicar lo que cariñosamente llamamos El Medjujoven hay que remontarse al verano de 1990, cuando a un fraile de la parroquia, llamado Slavko Barbaric, se le ocurrió organizar un pequeño encuentro testimonial y de oración con los jóvenes de la parroquia y de alguna otra cercana, entre otras cosas, para hacerles más ameno el largo verano en el interior de la todavía Yugoslavia.
Se reunieron pues un puñado de frailes y no más de treinta chavales durante los primeros cinco días de agosto para compartir en convivencia su fe y oración. Hubo cantos, actuaciones, nuevas amistades y oración y adoración. Mucha oración y mucha adoración. Aquello acabó sin que prácticamente nadie en la Tierra se diese cuenta de lo que había sucedido, y sin embargo, aquel reducido grupo de personas pusieron la semilla de un revolucionario encuentro anual que, a día de hoy, reúne cada año, del 1 al 6 de agosto, a varios miles de peregrinos llegados de muchos países del mundo, lo cual tiene mérito, porque el verano está muy caro a la hora de decidirse por hacer una peregrinación, y más teniendo en cuenta que no convoca nadie más que la parroquia y que es cada año.
Incluso durante los años de la guerra de Bosnia, no dejaron de celebrarlo. Participaban pocos. Cien, doscientos, pero a pesar del fuego cruzado y las bombas que cercaron Medjugorje sin llegar a tocarlo, los jóvenes que participaron en los dos primeros encuentros sabían que también esos veranos tenían una cita con la oración y la paz en medio de la tiranía de Satanás desatada contra su tierra. Un boca a boca local comenzó a invitar a un descanso en medio de la agonía, convirtiéndose luego en un boca a boca mundial que ha llegado hasta Filipinas, Corea, Camerún , Canadá, Líbano… atrayendo a jóvenes de más de ochenta países a este Festival, a este encuentro, que se sigue celebrando en las mismas fechas y donde sobre todo, se sigue orando mucho y se sigue adorando mucho.
El padre Slavko falleció de un infarto en 2000. Fue una dura pérdida para la parroquia y para los peregrinos, pero el Festival continuo creciendo a lo bestia, como si se anunciase en medios de comunicación, en parroquias y movimientos, pero sin hacerlo. Creció con el boca a boca de peregrinos de a pie, de católicos que habiendo conocido una experiencia renovadora e ilusionante, en la que compartir la fe con gentes con la que no compartes ni algo tan esencial como la lengua, es alegre, nuevo, refrescante e intenso, y lo comparten con sus más allegados al volver: “El próximo verano, te vienes…”.
Así que este verano, seguimos la llamada del padre Slavko, cogemos el relevo de nuevo de todos los que nos han precedido y ponemos rumbo a Medjugorje la primera semana de agosto.
Mi amigo Jesús Pascual toma el mando y se pone al servicio de todos aquellos que se quieran apuntar. El tío se ha currado una web tan sencilla como efectiva, donde vienen todos los datos sobre esta peregrinación.
En mi casa ya huele a tiende de campaña y saco de dormir, al encuentro con todos aquellos jóvenes llegados hasta Herzegovina desde lugares tan lejanos, llamados por la Virgen María, sedientos de Jesús, y necesitados de compartir a lo bestia, sin tapujos ni complejos, con la compañía de miles de coetáneos suyos, la alegría de Cristo Vivo y Resucitado.
Si en mi casa ya huele como digo a preparativos del viaje, supongo que en las suyas también. Estamos todos en camino. No nos conocemos, no sabemos de donde venimos ni a donde vamos, pero sí donde nos encontramos. Rumbo al Festival de Jóvenes de Medjugorje, que es algo así como una demo del cielo en formato zip, para llevarte a tu casa después.
Echa un ojo, y si encuentras una propuesta mejor, no vengas. Pero si no, no tengas miedo, apúntate. Y luego vas y lo cuentas.
Para ver la página web del viaje pincha AQUÍ
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
05/05/2010 – Un paseo hacia el Pbdoro
La excusa fue el Congreso de Católicos y Vida Pública. ¡Cinco años ya en Bilbao! Una pasada.
Yo fui de segundo plato. Me llamaron el jueves para ver si podía participar en una mesa redonda el sábado por la noche. Acepté encantado, y el viernes me llamaron para ver si podía particpar en otra más, en esta ocasión el sábado por la tarde. Así que sin estar anunciado en el programa de las Jornadas, fui el que más habló. Típico de la Gospa.
Tuve la oportunidad de conocer en persona al obispo auxiliar, don Mario Iceta, y como no me había preparado nada ni para una mesa ni para otra, hablé de Ayuda a la Iglesia Necesitada, y de Medjugorje. Fue un poco un resumen de lo que viene siendo mi vida en los últimos cinco años.
“No planees nada, abandonaté en mis manos y te daré el mejor plan y el mejor esecenario para que les cuentes cómo me has conocido”. La frase me la he inventado yo, pero es el fruto de muchas y muy imprevistas experiencias que he tenido con la Virgen María, y que parece haber escrito ella en mi vida. Así que, como digo, sin estar en el programa oficial, sin haberlo planeado, sin papel ni nada preparado, tuve la oportunidad de hablar de Medjugorje, dos veces, en el Palacio de Euskalduna, y con el obispo como moderador de una de las mesas. Para mí, todo un regalazo.
El jueves siguiente, charleta en Madrid, con un grupo de señoras que me han pedido repetir. El viernes, en una parroquia ante unos adolescentes de catequesis que me miraban como a un marciano. Y el sábado, otra más, con la asociación Ideas y Creencias, con una cena muy rica.
Es curioso, porque cuando me invitan para estas cosas, yo al final hablo de rezar el rosario y cosas así. Y es alucinante el hambre de la gente en oir hablar de esto. Muy bien no lo entiendo, pero no me importa. Yo lo seguiré haciendo siempre que Ella quiera.
Hoy le decía a Juan, un amigo de Ibiza, que estaba cansado, pero no era una queja, sino un dato. Estoy fatal, pero fatal de bien, porque es una gozada que te den un palacio de congresos entero para contarle a la gente las maravillas que Dios hace en tu vida, y llevo un porrón de años haciéndolo y no paro. Pero es genial. Si en vez de un palacio es una parroquia, tan genial o más.
Me quedé tirado en Bilbao por el cierre del aeropuerto y disfruté de un viaje en tren la mar de divertido con uno de mis ´hermanos mayores´: Jesús Poveda. Allí recordamos que aunque nos vemos poco, siempre es en situaciones en las que hay que improvisar. Y en eso de la improvisación, Poveda es un superviviente, así que fue genial.
A veces echo de menos los campitos de Medjugorje. Esos paseos entre huertas y viñedos desde la parroquia hasta el Monte de las Apariciones, rosario en mano y con el sol a cuestas. Gracias a Internet, puedo disfrutarlo. Este es un paseo desde la parroquia hasta el monte. ¿Te vienes? Espero que te guste.
Pincha en: Paseo por el Podbrdo.
DBT!
06/04/2010 – La comisión de investigación de Medjugorje
Cómo son las cosas y los tiempos. Una de las inquietudes sobre Medjugorje que más preocupa a los que nunca han conocido Medjugorje es el tema de la comisión de investigación. Es alucinante la cantidad de comentarios, posts, noticias mal interpretadas y erróneas que circulan por la red y demás. Me llama la atención el interés que levanta Medjugorje en gente que nunca ha mostrado el más mínimo interés, o que cuando lo han mostrado ha sido para defenestrar a los peregrinos que van allí a rezar. Los que han sufrido esas miradas saben de qué hablo, pero ha habido un tiempo –muuuucho tiempo- en que decir en tu parroquia o en tu comunidad que ibas a Medjugorje era como mentar a Islero en la casa de Manolete, o a Luis Figo en casa de Joan Gaspart.
Poco a poco las cosas van cambiando y los que mostraron algo más que desprecio sobre Medjugorje se van haciendo la cama y empiezan a mirar con un interés extraño los acontecimientos de Medjugorje, pero me permito decir que los acontecimientos en torno a Medjugorje. La comisión, el fraile desobediente… pero de meterse a interiorizar el mensaje, a preguntarse si ese mensaje puede ser auténtico y puede ser bueno para la Iglesia, por ahora nada de nada.
Lo cierto es que esta es la cuarta vez que se crea una comisión de investigación sobre los acontecimientos de Medjugorje. La primera que se crea en Roma, que hereda un trabajo que por inconcluso, no deja de ser la base sobre la que van a trabajar: los estudios, informes, entrevistas, análisis y demás material recopilado durante años de investigaciones por los obispos de Yugoslavia o de Bosnia y Herzegovina. La Guerra mandó al traste muchas instituciones y sus trabajos nunca se cerraron, y ahí, en ese vacío, quedaron las anteriores comisiones. Pero de todos modos, muchos de sus informes son públicos, y sin embargo, a muy pocos periodistas o blogeros les han importado durante años de marginación, por sorprendentes que sean, que es que lo son, y mucho.

Se sabe, por ejemplo, que durante los éxtasis, los videntes de Medjugorje pierden todo tipo de sensibilidad a estímulos externos: calor, frío, luz sobre las pupilas, pinchazos… permanecen despiertos, no en estado de vigilia, ni de coma, ni de hipnosis, viviendo una realidad que los que estamos a su alrededor no somos capaces de percibir, somos insensibles a ella como ellos a la nuestra en ese momento.
Los mensajes que estos chicos transmiten son una preciosa síntesis de vida cristiana, una catequesis asequible para todo hijo de vecino, sin necesidad de formar parte de comunidad o movimiento, sin tener que estudiar Teología, ni de nada extraordinario. Un manual para tener una ordinaria vida de oración, de presencia de Dios, nada más, y dándole mucho más protagonismo tanto a los laicos como al párroco y a la parroquia.
Sin embargo, siendo impepinable que esos exámenes médicos están ahí y que son públicos, en la mayoría de los medios de comunicación católicos de este país se ha tenido mas en cuenta la trágica historia de un desgraciado fraile que pasó tres años en Medjugorje, una vez que ya habían empezado las apariciones, que se enrolló con una señora que estaba mas ara allá que para acá, que dejó el sacerdocio, que fue expulsado de la orden, que pidió su secularización… Han titulado noticias refiriéndose a este fraile como “el promotor de las apariciones de Medjugorje”, mezclando churras con merinas, y sin embargo, nunca han hablado del milagro que estos chicos dicen vivir y la ciencia no fue capaz de desmentir. Han dedicado ese titular a ese antiguo fraile cuando tan solo es uno de los cerca de setenta frailes que han formado parte de la parroquia en estos casi treinta años.
Dos de los medios de comunicación en lengua castellana y católicos más importantes, han difundido noticias sobre Medjugorje cargadas de mentira, sin haber hecho el más mínimo ejercicio periodístico de contraste de las fuentes, de verificación de la noticia, haciendo las veces, torpes, tontos, de eco de la prensa anticatólica serbia -donde nacieron esas noticias- y británica –desde donde se expandieron-, y cuando han sido corregidos en secreto, sus directores no han tenido la clase ni la dignidad de publicar una corrección, ni el más mínimo comentario. Eso es rigor periodístico, eso es profesionalidad.
Contrasta además el poco interés que ha habido siempre por los informes citados, públicos desde siempre, de las anteriores comisiones de investigación, con el interés que hay, por ejemplo, con la lista de miembros de la comisión, que es secreta y sin embargo todo el mundo parece conocer. Interés y falta de respeto, porque como he dicho, la Santa Sede pidió que la lista fuese secreta y sin embargo, ese secreto pocos respetan ahora.
A lo que voy es que ahora hay un montón de interesados en Medjugorje a colación de la comisión, en ocasiones haciendo mofa de ello, y dejando ver en sus textos un sutil interés en que la comisión machaque Medjugorje, a sus videntes y a sus peregrinos.
Lo que se deja ver por entre esas líneas es un interés especial en que en Medjugorje no se haya aparecido la Virgen, aunque lo haya hecho, porque uno no se lo ha creído y lo ha combatido. A que Medjugorje sea mentira, aunque sea verdad, porque el establishment católico no lo ha admitido. A que en Medjugorje no se haya convertido nadie, aunque lo haya hecho, porque en Medjugorje el único elemento de gobierno y mando ha sido directamente la Virgen María, sin pedir permiso ni preguntar nadie.
Menos mal que Roma ha tomado cartas en el asunto, aunque es curioso como, mientras los que nunca han estado interesados en Medjugorje, se han interesado ahora, mientras que los que se sienten de alguna manera hijos de Medjugorje, los que rezan según su experiencia vivida allí, lo de ahora les importa bastante poco, la verdad. Demasiado tiene con el follón diario de las cinco piedras de Medjugorje, rezar y esas cosas…
Mientras preparo el segundo libro sobre el fenómeno, estoy ahora trascribiendo una entrevista de un seminarista catalán que descubrió su vocación allí, cuya historia es sorprendente a más no poder. Le pregunté qué haría si Roma dijese que todo aquello ha sido un montaje. “Si dicen que no, para mí será que no. Mi vocación es mucho más grande que el lugar donde la he sentido. Pero yo siempre seré un sacerdote al que Dios hizo tangible su vocación estando en Medjugorje. No puedo entender mi vocación sin Medjugorje. Eso siempre será así, y Dios sabrá por qué tuvo que ser allí”.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
25/03/2010 – Esperanza
B A L O N C E S T O. Fue una expresión no meditada, expresada sin mesura desde el fondo del corazón de un hombre que desborda eso, baloncesto, por los cuatro costados, y que aunque a uno no le atrae demasiado el deporte de la canasta, reconozco que sentí un impulso por ver los partidos de la selección de basket al escuchar pronuciar así, con ese entusiasmo, con esa fe ciega en que el basket era lo mejor, cuando Pepu Hernández lo nombró. Su B A L O N C E S T O fue tal que me reenganchó al basket (al de la selección) y aún sigo pegado, y eso que, como digo, no es el deporte que más me gusta. A mí me va el fútbol porque se juega con el pie, pero a lo que voy es que cuando alguien te habla de algo desde el corazón, es capaz de transmitirte ilusión, alegría, incluso aunque no te guste.
Ese B A L O N C E S TO que dijo Pepu en su día es lo que he sentido yo al recibir una noticia desde Medjugorje, y es que Vicka, una de las videntes, estos días está siendo intervenida otra vez. Bueno, la nota es la siguiente:
Vicka debe ser nuevamente intervenida en Zagreb en estos días donde se le extirparán quistes de su espalda. Pero para ella, ¡su camino de cruz se ha convertido en un camino de alegría!
Hace justo ahora dos años que pude entrevistar a Vicka, y la conclusión de su testimonio es una mezcla de la ilusión de Pepu por el baloncesto con la virtud cristiana de la esperanza, así resulta que lo que saco de Vicka, y quiero compartir con vosotros por si os sirve también, es:
¡ ¡ ¡ E S P E R A N Z A ! ! !

Os copio un extracto de aquella entrevista al hilo de la nota que me ha llegado:
-Vicka, tú tienes una misión especial, rezar por los enfermos.
-Sí, por lo enfermos.
-¿Qué dice la Virgen María sobre los enfermos?
-Lo he dicho antes. La Virgen dice: “Si Dios nos da el sufrimiento, la cruz o el padecimiento, eso es un gran signo de Dios, porque Dios sabe por qué nos lo da y conoce el momento cuando nos lo quitará”.
La Virgen dice que nosotros, muchas veces decimos: “Dios, ¿por qué me lo has dado a mí? Y así queremos deshacernos de él incluso antes de que venga. Pero la virgen dice: “Empezad a agradecer y decir ‘Dios, te doy gracias por este don también, y si tienes algo más para darme, lo acepto, pero dame la fuerza para poder con el corazón y con el amor, llevar el don de la cruz”. Dios nunca nos dará ni más ni menos de lo que nosotros podemos llevar. Repito, la Virgen dice: “No podéis ni imaginar que importancia tiene nuestro sufrimiento en los ojos de Dios”. Pero en nosotros está si vamos a aceptar ese don y como lo vamos a vivir.
-Vicka, esto de lo que hablas, la enfermedad, no es algo ajeno a ti, ¿verdad?
- ¿Sabes? La enfermedad en sí no debería ser ajena a nadie. La Virgen dice que es un gran don de Dios.
De la enfermedad no se puede hablar mucho, la enfermedad únicamente se puede vivir. Si hablásemos de la enfermedad entonces seriamos unos sufridores a base de palabras y no a base de obras. Por ello tenemos que aceptar la enfermedad y vivirla, porque si vivimos el sufrimiento y respondemos a lo que el Señor pide, Él encontrará la manera de proveer, nosotros no tenemos que preocuparnos.
-Muchos se preguntan cual es el sentido de su enfermedad y del dolor.
-Todo lo que Dios nos da tiene su por qué. No debemos cuestionarlo, sino aceparlo y responder tal y como el Señor lo pide. Con el corazón y con el amor, con Él en nuestro corazón, y así, en lo más profundo de nuestra alma nos comunicará la respuesta y nos dirá qué es lo que más necesitamos.
-¿Con qué autoridad hablas? Me refiero a cuales son tus dolencias, porque así se hacen más cercanas tus palabras al enfermo.
-Yo he padecido enfermedades y muchas operaciones, pero siempre digo: “Dios, si tienes algo más para darme, aquí estoy”. Porque el Señor nos ha dado tantas gracias y dones, como para luego no ser capaces de responder de esta manera tan insignificante.
Mi enfermedad es una gracia que me está dando. Yo soy feliz por ello, y siempre digo: “Señor, siempre que me dicen que tengo algo o alguna operación, lo acepto todo con los brazos abiertos y con alegría. Estoy dispuesta a todo lo que haga falta”. Si hace falta que nunca más me levante de la cama, si hace falta cualquier cosa… no existe el sacrificio que yo no haría para agradecer por los dones que nos ha dado y por las necesidades por las que la Virgen nos invita a rezar.
-¿Qué les dirías a los enfermos y a sus familiares?
-Dios, con la enfermedad, nos ha dado un don, pero no podemos seguirlo sin la oración. Cuando en una familia hay alguien enfermo, recemos para que la Virgen dé fuerza a la persona que lleva esa cruz y a los que están a su lado. Pero sin la oración del rosario no vamos a conseguir nada. Por eso digo: el rosario en la mano, la oración, el amor, la unidad…
Vicka es conocida como La Sonrisa de Medjugorje. Solo su sonrisa merece otro post, pero por ahora, lo dejamos ahí.
Cuando uno habla con Vicka se le llena la boca de eso, y no le cabe otra que mirar al cielo y gritar al mundo entero: ¡ ¡ ¡ E S P E R A N Z A ! ! !
PD: A día de hoy, Vicka dice tener apariciones de la Virgen María todos los días, a media tarde. Con ella habla, comparte y reza, sobre todo por los enfermos y sus familiares. Este post es para todos aquellos que estén en una difícil situación de salud, y para darle las gracias a Dios por las bendiciones que nos da y que nunca valoramos. Si quieres unirte, reza ahora una Avemaría por ella, y por todos los enfermos. Son menos de 30 segundos.
24/03/2010 – Medjugorje: ¡Pies quietos!
Es de todos conocido ya que la semana pasada, la Oficina de Información de la Santa Sede anunció la creación de una comisión de investigación sobre el fenómeno de Medjugorje, que dicha comisión la preside ya el cardenal Camillo Ruini, y que mucho del trabajo que tiene que hacer la comisión, en realidad, ya está hecho, debido a la herencia que recibe esta comisión, de las otras tres que en su día se crearon, desde la antigua Yugoslavia, y que por razones obvias como la guerra que destrozó aquel país, nunca llegaron a término.
La primera cosa llamativa –y que pasa muy desapercibida- es que un caso de apariciones marianas se lleve desde Roma, cuando de siempre es al obispo de la diócesis al que pertenece esta competencia. Pero Roma es sabia, y sus razones tiene para quitarle su competencia al obispo en este asunto. Esta misma semana, el obispo de Mostar ha estado en Roma hablando sobre Medjugorje. Y no ha debido ser muy de su gusto lo que le han dicho. Esto lo intuyo yo sencillamente porque una comunidad religiosa nacida en Medjugorje, que fue expulsada por el obispo, ha decidido que pies quietos, y quedarse “esperando acontecimientos”, después de recibir una llamada telefónica desde Roma. La historia es la siguiente:
Allá por la mitad de los años ochenta, un pasionista italiano llamado Gianni Sgreva fundó una comunidad con ocho personas que, tras una peregrinación a Medjugorje, vieron en el mensaje la forma de vida a la que ellos mismos se sentían llamados y que, por unas causas u otras, en ninguna experiencia vocacional vieron conformada. Cuando no faltaba la oración del rosario, era la adoración, y si éstas dos estaban presentes, nada del ayuno… de manera que tras los tiempos convenientes comenzaron a vivir en comunidad los mensajes de la Virgen María, fundando la Comunidad Mariana del Oasis de la Paz. A día de hoy tienen casi diez casas en tres continentes, unas cien vocaciones, y la aprobación como Asociación Privada de Fieles por el obispo de Sabina-Poggio Mirteto, encontrándose ahora en el tiempo de prueba para pasar a ser Asociación Pública.
Entre sus estatutos queda bien claro que parte esencial de su carisma es la adoración eucarística durante todo el día, una práctica muy sana, dicho sea de paso, aunque quienes la hagan sean estos tipos tan raros que deciden vivir desde la vida monástica los mensajes de Medjugorje.
Cuando ellos se instalaron en Medjugorje, solo pidieron permiso al párroco, porque del obispo del lugar no había rastro. Su casa en Mostar fue bombardeada junto con la catedral, y como es lógico, monseñor huyó buscando refugio donde las bombas no matasen a la gente. El párroco concedió dicho permiso y en Medjugorje se construyó la casa del Oasis de la Paz durante estos años, casa cuyos habitantes han sido invitados a abandonar por el obispo el año pasado, en los siguientes términos:
“Usted [Superiora General] sabe muy bien que aunque sean una comunidad de derecho diocesano, ni tienen autorización de esta cancillería diocesana para residir ni para trabajar en la diócesis de Mostar – Duvno. Lo mismo vale para la adoración en su capilla privada”.
Es decir, que el obispo les echó, y los frailes y monjas del Oasis de la Paz, poco a poco fueron haciendo petate con las pocas cosas que tenían y se fueron disgregando por las casas que tiene en Italia, Camerún y Brasil. Pero algo ha pasado estas semanas, y es que en Roma han dicho “pies quietos, que no se mueva nadie”.
En el Oasis de la Paz quedan dos frailes para cerrar la casa, y cuando todo apuntaba a que se marchaban ya, pues resulta que al menos no se van a ir con tanta prisa.
Es fácil imaginar que para un obispo que dice no creer en las apariciones de Medjugorje no es plato de buen gusto tener en su diócesis a unos tíos que nacen de esas apariciones. Es fácil echarles en cuanto a que cuando se instalaron, no recibieron más permiso que el del párroco, pues el país estaba en ruinas y el obispo huido. Hubiese sido muy fácil solventar esa situación cuando los religiosos del Oasis pregunatron sobre eso, su situación, pero aceptar su presencia hubiese sido tan crudo como bendecir los frutos de algo en lo que no se cree, aunque los frutos parezcan buenos. Así que mejor que no estén.
Pero algo se está moviendo en Roma con respecto a Medjugorje. Yo auguro sorpresas y noticias en poco tiempo, por cierto y aunque parezca mentira, agradables para toda la Iglesia, aunque para algunos suponga sacrificios. Pero por ahora, la consigna ha sido que pies quietos, que no se mueva nadie.
Yo imagino un Medjugorje rejuvenecido, con la cara de nuestra Madre y punto, puede que sin franciscanos y casi seguro que con otro obispo al mando de un clero diocesano no contaminado por tantos intereses generados en torno a este milagro. Roma es sabia, y Medjugorje es algo bueno para la Iglesia, y por tanto hay que cuidarlo. Pero todo esto no son más que divagaciones de un bloggero, un periodista que se desahoga en un espacio donde escribir con las zapatillas de estar en casa y sin la corbata. Ahora bien, de lo que tengo absoluta certeza, y si queréis apostamos una cerveza, es de que los que sí que van a salir en la foto, mira tú por donde, van ser los religiosos del Oasis de la Paz.*
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
22/03/2010 – El Mensaje de Medjugorje II: La Paz, a través de la oración
La segunda parte del mensaje que los videntes transmiten desde Medjugorje es la paz, que en realidad es un fruto de la conversión. Sin embargo, cuántos somos los seres humanos que buscamos la paz sin saber que tenemos necesidad de ‘conversión-vuelta a Dios’ para obtenerla, y la buscamos en los lugares no solo más equivocados, sino también en los más alejados precisamente de Dios.
Por eso, cuando uno se asoma a los mensajes de la Virgen María en Medjugorje, se da cuenta de que lo que ella hace es una especie de catequesis para la obtención de la paz. Pero no paz como esa especie de ente o pensamiento intangible que se obtiene a través de buenas obras, de manifestaciones multitudinarias, de conciertos de rock o de lemas y discursos. No. Todo eso, siendo bueno, no proporciona la paz de la que habla la Gospa y que ‘cambia’ a tantos peregrinos. La Virgen María habla en Medjugorje de la paz interior, que es inicio de toda paz, que se obtiene de Dios por medio de la oración y que necesita del perdón para asentarse en nuestro interior.
Los mensajes de la Virgen María sobre la paz serían, tal vez, los más numerosos, empezando por la advocación elegida por ella misma en Medjugorje, Reina de la Paz:

“Son muchos los que han preguntado mi nombre: Yo soy la Reina de la Paz”. (6 de agosto de 1981).
Así pues, tenemos conversión, paz y oración. Otro mensaje importante sería la fe, ya que sin ésta, sería casi imposible afrontar los anteriores.
Cuando el peregrino se asoma al fenómeno Medjugorje y se interesa por él, y ve este mensaje tan bonito de amor y de paz y de perdón, es frecuente que le entren ganas de hacerlo vida en él, pero no es que no parezca sencillo. Es que no lo es, y no importa en esto el ir a misa a menudo o no haber pisado una iglesia desde antes de que llegara la televisión en color y que el último cura al que saludaron fue al de la Primera Comunión. La paz interior no se aprende, no se compra, no se hereda y no se enseña: solo se recibe, a través de la oración.
Por eso, según explican los protagonistas de esta historia, se da el hecho de la presencia estable y continua de María: para enseñarnos a orar. Esto mismo lo explicaría un mensaje:
“Queridos hijos, hoy os ruego que recéis el rosario con fe viva. Sólo de esta manera puedo ayudaros. ¡Orad! Yo no puedo ayudaros porque ¡no queréis moveros! Queridos hijos, yo os llamo a rezar el rosario. El rosario debería ser vuestro compromiso, rezado con alegría. Así vais a comprender por qué os visito durante tanto tiempo. ¡Quiero enseñaros a orar! ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!” (12 de junio de 1986, a través de Mirjana).
Dicho de otra manera, para llegar a ese conocimiento de Dios, y por tanto, amar, no basta con querer hacerlo, sino que es necesaria una practicidad, una serie de herramientas que la Virgen María ha puesto en manos de los hombres a través de los videntes de Medjugorje. No son nada nuevo, todo estaba ya inventado. Sin embargo, es cierto que son elementos, ejercicios espirituales y Sacramentos, que muchos de nosotros, tal vez demasiados, nos hemos ido dejando olvidados o perdidos en alguna esquina de la vida.
Se trata de cinco elementos que resumen la práctica totalidad de sus mensajes, y que quien fuera párroco de Medjugorje en 1981, fray Jozo Zovko, definió en una de sus meditaciones como las Cinco Piedras de Medjugorje: Oración, Eucaristía, Biblia, Ayuno y Confesión. Estas, en los siguientes posts.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
18/03/2010 – La sorpresa de Medjugorje
Hace dos días escuché la enésima razón para viajar a Medjugorje. Un peregrino, recién llegado de allí, se la dio a un sacerdote que le tiró a la cara su interés por Medjugorje cuando nunca había hecho caso a otras manifestaciones de fe, mucho más cercanas.
“Nunca he ido antes a otro lugar, porque nunca nadie me habló con tanto entusiasmo como lo hicieron de Medjugorje”.

Es curioso. Entusiasmados por la oración, por el Rosario, por el Vía Crucis, por la adoración, por la Eucaristía.
Así, entusiasmados, hablan los peregrinos que regresan de allí, como si de lo que hablasen fuese algo nuevo.
A decir verdad, es cierto que en Medjugorje son bastantes los que descubren algo nuevo. Gente que no había rezado en la vida, desde la Primera Comunión o desde la Confirmación como mucho, regresan titubeando unas oraciones que trataban de aprender, o memorizando con dificultad cinco piedras de Medjugorje que parecen cinco pruebas de gimkana de campamento para el iniciado en eso de la vida espiritual. “Oración, ayuno, lectura de la Biblia, confesión, Misa…”.
Pero para la mayoría, la verdad, es que no es ninguna novedad eso del Rosario. Algunos lo han mamado desde antes de nacer, cuando sus madres lo rezaban estando embarazadas de ellos, y cuando su padre les esperaba a la salida del paritorio con un misal en la mano.
Colegios de curas, ejercicios espirituales, misas dominicales, todo como Dios manda en esta España Católica por historia y por tradición, lo ha llevado a muchos a rezar con el entusiasmo con que se va a los toros en San Isidro y con que se come el turrón en Navidad. Entusiasmados el día de una boda, y poco más. Pero sin esa fuerza calmada, sin ese brillo en los ojos con el que vuelven los peregrinos de aquella aldea de Herzegovina.
La pregunta es qué encuentran allí que les devuelve a su vida cristiana encendidos como una falla. Qué hay allí, en ese pueblo, que no hayan encontrado antes por aquí, para que muestren sin reparo y con un ardor pentecostal, no solo el rosario al que se han reenganchado con hambre de oración, sino a eso del ayuno y la mortificación por amor al Amor, a la lectura de libros escritos hace dos mil años como el Eclesiastés o la Sabiduría, y buscando horarios de adoración Eucarística para darle a Dios lo que es de Dios.
La respuesta no se donde está a ciencia cierta –aunque tengo mi opinión convencida-, pero puestos a eliminar opciones filosóficas, solo me queda la más espiritual de todas. Que realmente la Virgen María esté en ese pueblo, que estemos ante el acontecimiento espiritual más importante de nuestro tiempo, como en su día lo fueron Lourdes o Guadalupe. Que somos tan privilegiados como aquellos millones de indios que oyeron de vida voz el testimonio de Juan Diego. Que tenemos la opción de seguir, en la senda invisible de la fe, los pasos de Bernadette hasta la gruta. Que podemos decidir cambiar de vida, como los que vieron al sol venirse abajo y cambiar de color, a veinte metros de Francisco y de Jacinta.
Solo hay dos opciones. Que las apariciones sean verdad o que sean mentira. Y lo más gracioso de todo es que sea una u otra, lo único que podemos obtener con total seguridad es el testimonio de los que vuelven de allí. Esa, debate de apariciones a parte, es la auténtica sorpresa de Medjugorje. Que alguien convierta su vida hacia Dios.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
02/03/2010 – El Mensaje I: La Reina de la Paz
Me han quitado la escayola, y de verdad…. ¡Qué bien se está! La rehabilitación es molesta, pero poco a poco, iré recuperando movilidad, aunque por ahora, siento una bonita paz…
Eso, paz, es lo que cuentan haber conocido a menudo los fieles y peregrinos que regresan de Medjugorje. Para conocer más de esa ansiada paz, resulta interesante introducirse en el mensaje de Medjugorje. Allá vamos:
En principio, hay que saber que el mensaje de Medjugorje es importante porque en él se encuentran las directrices para alcanzar esa paz de la que hablan los videntes. Una paz interior, origen de toda paz, que no se produce ni se alcanza por medios humanos porque viene sólo de Dios, al cual se llega a través de una forma de vida basada en una serie de principios, revelados a la Humanidad hace ya dos mil años, y que cobran actualidad en la vida y el testimonio de estos muchachos.
El principio del mensaje de Medjugorje, transmitido por la Virgen María, es este: la conversión al Amor. A ese Amor-Dios del que habló en una carta un tal san Juan, evangelista que conoció en persona a Cristo, que es la personificación humana del Amor, hecho hombre a través precisamente de la Virgen María, y así se cierra el círculo de Medjugorje.
Dice la citada carta: “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor”. Y continua: “En esto se manifestó entre nosotros el amor de Dios; en que Dios envió al mundo a su Hijo único [Jesucristo] para que vivamos por medio de él”.
Cuando uno se adentra en el mensaje de Medjugorje se da cuenta de que los videntes no paran de hablar de esto, por eso resulta interesante señalarlo y tomar la referencia.
Así pues, lo que hacen los supuestos videntes de Medjugorje es transmitir una serie de mensajes en el que el primero y más importante es la llamada a la conversión a Dios, es decir, al Amor, para lograr que todos los hombres, por medio de Dios-Amor, nos amemos sin remisión, siendo iniciadores y portadores de una paz interior que se transmita, desde nosotros, a todo el mundo, o al menos, hasta donde lleguemos. Al fin y al cabo, el mandato más importante de Cristo a sus discípulos tenía mucho que ver con esto: “Amaos unos a otros como yo os he amado”, es decir, acoger el Amor total, convertíos al Amor total.
La virgen María habla, según multitud de los mensajes transmitidos por los videntes, de esta necesidad de conversión, entendida como vuelta del hombre hacia Dios, que es Amor.
Un ejemplo de ellos es el siguiente:
“Gracias por vuestra respuesta a mi llamada. Queridos hijos, empezad a convertiros en esta parroquia. De esa manera, todos los que vengan aquí serán capaces de convertirse. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”. (Mensaje dado a la parroquia a través de Marija el 8 de marzo de 1984).
Esta, la conversión, es la principal llamada que haría la Virgen María en sus apariciones de Medjugorje, y es ese, la conversión, el más llamativo y asombroso de los hechos que se desprenden de los viajes que tanta gente hace a Medjugorje: las conversiones. La decisión de cambiar de vida para mejor, a pesar de que signifique renunciar a cosas que hasta ese viaje, habían resultado interesantes, pero que no habían logrado satisfacer ni la inmensa capacidad ni la inmensa necesidad de amor que tienen los hombres.
Eso es Medjugorje: una fortísima llamada a la conversión, no tanto de los no católicos a la Iglesia, sino de los propios católicos, los cristianos bautizados que en alguna esquina de nuestra vida nos hemos dejadas olvidadas una serie de cosas muy importantes para vivir en cristiano en medio del mundo que nos ha tocado, o mejor dicho, en el tiempo que nos ha dado Dios.
Por ahora, son muchos los testimonios que hablan de conversión, y ninguno -hasta donde yo sé- que hablen de desconversión. A la Iglesia, a nuestra Santa Madre y Sabia Iglesia, entran muchos fieles por esa puerta llamada Medjugorje. Entran además pasando por el confesionario y con un impulso y un testimonio que destroza los prejuicios del mundo por donde van, que sorprende a sus amigos y conocidos y que descoloca al más pintao. Gloria a Dios.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
23/02/2010 – La Virgen no viene a lucir palmito
Aviso de antemano que esto de “estar manco” me tiene tocado el ánimo, y lamentando mucho haber podido dar otra impresión, respondiendo a un comentario de un lector, me brindo la oportunidad de aclarar que yo no pienso que la Iglesia haya machacado nunca a nadie. Y mucho menos, machacar por machacar. Pero vamos a ver, de qué estamos hablando. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, por tanto, la Iglesia no puede machacar a nadie. En todo caso, habremos sido alguno de sus miembros, torpes personajes individuales cada uno con sus cadaunadas, necesitados de confesarnos con cierta frecuencia. Que hasta donde yo sé, infalible, lo que es infalible, solo es uno, y en especialísimas circunstancias. Y en esto de lo que hablo, no seamos ingenuos. Si nos hemos machacados tantas veces incluso entre nosotros, ¿cómo no lo vamos a haber hecho de puertas afuera? Si lo hacemos con gente cercana y de nuestra condición, ¿por qué no lo vamos a hacer con una niña enfermiza y analfabeta como Bernadette, que decía ver nada menos que a la Virgen María? ¿Porqué no suspender a un frailecillo de nombre Pío y de carácter encontradizo, que decía tener en sus manos los agujeros de los clavos de Cristo, nada menos?
Una vez dicho, es bueno saber que eso es tan cierto como que cuando se aparece la Virgen María, pues no viene a molestar, no viene a hablar de ella ni a dar ruedas de prensa. Si quisiera lucir palmito pues montaría un numerito en Las Vegas o haría milagritos sobre la Torre Eiffel en Noche Vieja. Desde luego, si quisiera dar la nota no escogería una aldea perdida en Herzegovina como es Medjugorje. Yo siempre tengo en cuenta que Dios, para nacer, no escogió el Ruber Internacional. Qué va. Nació en una cuadra del último pueblo de la más alejada provincia romana. Pero así funciona Dios. Él sabrá. Y de la misma manera que hay santos en el cielo no declarados santos por la Iglesia, o que han ocurrido milagros no reconocidos por la Iglesia, no es descabellado pensar que ha habido apariciones auténticas y no declaradas por la Iglesia. Porque la autenticidad de una aparición no depende de su estudio y declaración de autenticidad, sino de su propia autenticidad, igual que la santidad de un alma no depende de su canonización, sino de su santidad. Que la Virgen se haya aparecido a alguien no depende de que lo diga nadie, sino de que se haya aparecido. Por eso es una buena noticia que ninguna aparición sea dogma de fe, que para eso la Iglesia es sabia, prudente y abierta. Para que los que a través de los furos y del contenido del mensaje, hablen de ella, no se corten y no esperen a que nadie diga nada tanto tiempo después, porque si viene, si es cierto que viene ahora, es por algo, no para que esperemos quietos y callados.
Hace unas semanas, una chica de 21 años ha entrado en un monasterio de clausura. Allí estaban toda su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo y estudios… ahora empieza un proceso de discernimiento, y Dios dirá. Pero el solo hecho de que una joven de 21 años se atreva a dejar amigos, trabajo y estudios, en estos tiempos y mundo, para encerrase de por vida en una clausura, es un milagro. Cuando dio testimonio, lo dijo: “Fue en un viaje a Medjugorje, al que no iba a ir. Pero allí, Dios se me declaró. Me dijo que me quería para mí”. Qué valiente al decirlo y al contarlo. Qué valiente, porque sin que ella la haya visto, ya se ha quedado con el sambenito de ser ‘la de Medjugorje’, con lo que ello conlleva. Y seguramente no se lo cuente a nadie que no se lo pregunte, pero si lo hacen, contará la historia. Explicará con la voz temblorosa y la mirada convencida algo que es inexplicable, incomprensible, alucinante, magnífico, bueno.
Cuantas veces se habrá aparecido la Virgen María a tanta gente sin que nadie se haya enterado más que el santo o el místico agraciado con su presencia. Y si alguien tiene algún problema con que la Virgen María se aparezca, que lo discuta con ella, que es quien se aparece, y deje en paz a quien se haya beneficiado espiritualmente de su presencia, que demasiado tiene el pobre atontao con haberse convertido en un lugar de supuestas apariciones, y tener que venir aquí y contarlo, con lo poco que vende eso, tanto dentro como fuera de la Iglesia.
Ahora, ya te digo yo, que si en una aparición la Virgen María te señala un camino hacia fuera de la Iglesia, desaconseja los Sacramentos, o recomienda el Código da Vinci en vez de la Palabra, ya no hace falta que la Iglesia declare nada: ¡es falsa! Seguro, no lo dudes. No esperes ningún juicio.
Por eso, cuando un peregrino de Medjugorje, que es el pompi del mundo, se ha ido hasta allí con un par, ha conocido el mensaje, y dice haber convertido (de converger) su vida hacia la Iglesia Católica, donde vive Cristo, merece un respeto del que la mayoría de las veces carece. Seamos honestos: ir a Medjugorje es a día de hoy ir contracorriente –aunque esté explícitamente permitido por la Doctrina de la Fe-, es políticamente incorrecto. Sin embargo, la gente va allí, reza y se confiesa. Eso ya es un tantazo. No para mí, ni para la Iglesia, sino para esa persona concreta, y por tanto, como mínimo, merece nuestra alegría y respeto, y que con nuestra personal opinión hagamos un bocadillo de mortadela.
En ocasiones veo recelo de conversiones o vocaciones por donde han sido (Medjugorje, un movimiento, una parroquia concreta…), en vez de alegría de por lo que ha sido.
Por eso me admiran más aún los peregrinos de Medjugorje. La verdad es que no sé si la Virgen se aparece allí, pero por vuestra fe, piedad viva y vivida, incombustible apostolado, perseverancia e insistencia, si no lo ha hecho ya, os merecéis que se aparezca. Por aclamación popular, como los santos de antaño.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
30/01/2010 – De Milka, Ivan, y las desconocidas videntes de Fátima.
Una pequeña lesión en el brazo aumenta mi torpeza frente al teclado, lo cual no quita para que me sigan llegando noticias desde Medjugorje, traídas casi siempre en la maleta de un peregrino audaz o en la memoria de un sacerdote desubicado por lo que ha conocido.
Mi propósito hoy no es otro que responder a una pregunta de un lector sobre el fenómeno del que en este blog se escribe.
La primera de ellas es qué ha pasado con aquellos dos muchachos que dijeron ver a la Virgen María el primer día y que no volvieron a verla los siguientes.
Se llaman Milka e Ivan, y viven ambos en Medjugorje. Ellos no ven el no haber tenido más apariciones como una ‘maldición’ o una pena, sino que al contrario, viven muy felices por haber tenido ese don un día de su vida. Y seguramente también, por haber visto eximidos o relegados de llevar la cruz que supone ser vidente…
Antes de que nadie empiece a torcer el gesto en esta especie de juego del escondite de la Virgen María con éstos dos videntes, conviene recuperar de un libro firmado por Javier Paredes, titulado Santos de pantalón corto ( Homo Legens ) en la que cuenta cosas curiosas sobre la vida de los videntes de Fátima.
Resulta que las apariciones de las que fueron testigos en 1917 Lucia, Jacinta y Francisco, comenzaron dos años antes con las apariciones de un ángel, el Ángel de Portugal, dijo, que en tres apariciones en 1915 y en otras tres mas a lo largo de 1916, se supone que fue preparando a los videntes para el encuentro culminante con la Virgen María para ser los portadores de una gracia de Dios muy especial.
Pero resulta que los tres primeros videntes del ángel, en 1915, no fueron Lucía, Jacinta y Francisco, sino Lucía y dos amigas suyas de la misma edad.
Sin embargo, por lo que fuese, el ángel –que actúa por mandato de Dios, no va por libre- fue cambiando de destinatarios de sus apariciones, y finalmente optó por Jacinta y Francisco pasando al anonimato aquellas dos amigas de Lucía que le vieron antes que los ya beatos. Les pasó lo que a Milka Pavlovic e Ivan Ivankovic.
La verdad es que escarbando entre la historia, en los pequeños y más nimios detalles de otros fenómenos de apariciones, se encuentran cosillas como estas que, sin querer decir nada a favor de su autenticidad, sí que responden por sí solas a éstas cuestiones.
Toda esta información, en ocasiones sorprendente, está ahí. Solo hay que interesarse por ella, y en muchas ocasiones eliminan dudas y cuestiones sobre el fenómeno de Medjugorje o similares como el de El Escorial, Garabandal, Ezkioga, Umbe… Una de las cosas que yo he aprendido gracias al estudio de ellas, es que el fenómeno de las apariciones no tiene un patrón común. No son Lourdes y Fátima y lo que se salga de ahí no cuenta. Pocas cosas son las que unen unas apariciones de otras (hablo de apariciones auténticas, reconocidas o no por la Iglesia): Los videntes siempre son gente humilde; los videntes siempre son perseguidos, en ocasiones machacados; la síntesis del mensaje es siempre la misma (oración, conversión, penitencia, Iglesia); los frutos son buenos. Estas cuatro mínimas se dieron en Fátima, donde los niños fueron machacados por la autoridad eclesial competente; en Lourdes, donde pocas veces una vidente ha sufrido tanto como sufrió Bernadette; en La Salette, donde sus dos videntes no acabaron teniendo precisamente una vida ejemplar; en Laus, en Ámsterdam, en Kibeho, en tantas partes…
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
23/01/2010 – Comienza el Fenómeno
240681:
Muchas veces me he preguntado qué cosas ocurrieron en la tarde del 24 de junio de 1981, aquella en la que un grupo de adolescentes yugoslavos llegaron a sus casas asustados y despavoridos, alguno sin zapatos, pálidos y sin aliento según contaron y sostienen hoy en día, por la experiencia que habían tenido en la ladera de ese cerrillo que corona su barriada en una aldea de la antigua Yugoslavia.
Me lo pregunto porque sin que nadie se diese cuenta, posiblemente esa tarde no cambió solo la vida de esos niños y adolescentes, la de sus familias y paisanos, sino la de millones de personas en todo el mundo, que se verían afectados, de una u otra manera, por la experiencia que estos mocosos yugoslavos han difundido ya por toda la Tierra, conocida como el Fenómeno de Medjugorje, con la que la verdad… ‘la han liao parda’.
La tarde del 24 de junio de 1981, tarde de miércoles, probablemente yo ya estuviese disfrutando de aquellos largos y sensacionales veranos de infancia y juventud que me pegué en la sierra de Ávila, en Piedrahita. Mi madre trabajaba en casa y en cuanto acabábamos el cole, nos metía a todos en el SEAT 124 ranchera, entre los huecos de las maletas, y nos plantábamos en el pueblo hasta mediados de septiembre. Yo, con apenas cuatro años recién cumplidos, no sabía ni qué era Yugoslavia, cómo para saber que en una de sus recónditas aldeas, esa misma tarde, cambió mi vida para siempre.
La hemeroteca del ABC nos cuenta que el 24 de junio España le metió un 1 a 3 a México, apriétense los machos, con un gol de Hugo Sánchez para ellos y dos de Juanito para nosotros. En la portería, Arconada. Gordillo ya lucía la zancada menos glamourosa del fútbol internacional con tanta efectividad como poco garbo. Es probable que yo viese aquel partido con mi hermano JP, en esos ritos iniciáticos en el mundo del fútbol que vivieron su máxima expresión con el 12-1 a Malta… sin embargo, mientras Hugo empezaba a ser conocido en España, mi hermano jaleaba los goles de Juanito y yo disfrutaba de la diversión que supone un pueblo con gallinas y vacas, mi vida cambiaba para siempre de la mano de otros niños que ni conocía ni me importaban, con los que jamás me hubiese entendido y con los que hoy, sin embargo, comparto tanto como es la fe en Cristo, casi nada.
No lo sabía entonces, y no lo sabría hasta 24 años más tarde. Pero sí, esa tarde comenzó el Fenómeno de Medjugorje, y por tanto, comenzó mi enamoramiento por ella. Por María, en la Iglesia.
No me acuerdo de ese día. No tengo ni idea de si llovió, de que comí, de si estuve enfermo o de si me divertí. Solo sé que sin acordarme, fue el día más bonito de mi vida. Aquel día, en Yugoslavia, cambió mi vida y yo entré en la Iglesia. Me enamoré de María y, sin tener ni idea, comenzaría a vivir el Fenómeno de Medjugorje. Ahora, cada vez que estoy en Medjugorje y me veo paseando por los alrededores de la parroquia, miro al monte y digo: “En ese monte cambió mi vida, y yo sin enterarme”.
¿Cómo empezó la historia que tantas vidas ha cambiado, en forma de conversiones y vocaciones, en las tres últimas décadas? En el siguiente post intentaré contarlo de nuevo, sin que falte nada, pero por ahora, ahí queda eso:
Todo empezó cuando dos adolescentes, de nombre Mirjana e Ivanka, quedaron para dar un paseo y contarse las novedades al pie de una montaña. Se dice que se fumaban un cigarrillo a escondidas, hablando de sus novietes, de sus notas y esas cosas, cuando de pronto, una de ellas, dijo a la otra: “Mirjana, estoy viendo a la Gospa”…
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
17/12/2009 – Las personas
Voy camino ya de cuatro años de conocer Medjugorje, y os prometo que de tantas cosas que han pasado, me parecen lo menos siete.
Gracias a esa aldeucha de Herzegovina he sido protagonista y testigo de numerosos acontecimientos que no han hecho otra cosa más que enriquecer mi pobre persona y descubrir un mundo vivo que yo creía muerto: el de mi propia fe. Sí, es cierto, y es que en esas famosas cinco piedras y en cómo me las transmitió el padre Jozo, se fraguó el poco brillo que luzco hoy dentro de una iglesia. Antes de eso, oscuridad y tristeza. Después, el mismo pecador con otra cara: la de la alegría sosegada; la de la tranquilidad; la de la paz interior que solo Dios te puede dar; la de esa amiga que mira por mí desde el cielo como lo hacen las mejores de la tierra.
De todas las cosas que he conocido en y de Medjugorje, el mayor regalo que me he traído ya estaba aquí: gente.
Personas con nombre y apellido que han hecho que este tramo de vida sea mucho más colorido, diferente y rico. Más humano en cuanto a profundidad de las relaciones. Más divino en cuanto a la búsqueda de Dios por mi parte.
Desde que salió a la venta el libro que me han regalado escribir, titulado Medjugorje, lo he presentado en varias ciudades diferentes de España y en todas, he podido estar con gente que he conocido en Medjugorje y que me han abierto, literalmente, las puertas de sus casa, y las de sus amigos. En Barcelona no cené solo, sino con tres amigos sensacionales que podían haber sido más.
En Jerez se desvivieron y ya soy toda una estrella.
En Sevilla me llevaron al Pizjuan y vi la parada de la historia gracias a Iker.
En Murcia estuve en casa de mi familia guadalupana y conocí a una gran periodista que dará que hablar.
En Córdoba lo que conocí fue una Estrella de Navidad que nos hizo de guía a los peregrinos por toda la ciudad.
En Sevilla estuve una segunda vez.
De Sevilla son Inés y Rocío. Ojito con esta pareja de hermanas.
En Zamora ‘sufrí’ con mi hermano Borja Mec el segundo empacho de mi vida, con la compañía de Carmen Ferreras, una crack.
Ya tengo cerradas o habladas las visitas a Ávila, Cáceres, Trujillo, Valencia y León. Ah! y en Puerto Rico, mira tú. Y en todos esos lugares me esperan con ilusión. A mí, que tantas veces no me aguanto ni yo. Pero lo tengo claro. Me esperan a mí, pero no por mí, sino por Ella. Y por Ella es también por lo que nunca digo que no a un viaje o a una presentación. Aunque a veces me dé pereza, al final siempre me alegro. Dejo atrás a los lectores anónimos y acabo conociendo a magníficas personas. Ellas son mi mejor regalo.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres)
22/07/2009 – Cuanto darían aquellos peregrinos por vivir en estos días
Bernadette Soubirous (1858).
No quiero vivir ni un instante de mi vida sin amar (Bernadette Soubirous).
Hace 151 años, en 1858, una pequeña aldea del sur de Francia fue epicentro de un acontecimiento espiritual, asombroso y difícil de creer, y es que el cielo se hizo presente en la Tierra a través de los ojos de una pobre y humilde aldeana llamada Bernadette. La chiquilla era apenas una analfabeta, poco ducha en materia espiritual, que apoyaba la precaria economía familiar con trabajos domésticos reservados para las sirvientas: fregar, cuidar niños, recoger leña, pastorear ganado… tal era su ignorancia y pobreza que a sus catorce años aún no le había sido permitido hacer la Primea Comunión. Y fue precisamente a esta niña, a Bernadette, a quien se le había aparecido nada menos que la Virgen María en 17 ocasiones desde el 11 de febrero hasta el 16 de julio de ese 1858.
Los acontecimientos que acompañaron a las apariciones de Bernadette cruzaron las fronteras de Francia en unos tiempos en que no existía ni la tele por cable ni Internet y sin embargo, muchos miles de peregrinos pudieron compartir y participar de aquella gracia extraordinaria de Dios, que derramaba su amor entrañable a quien, llamado por su Madre, se hacía presente en la aldea francesa junto a Bernadette.
El 16 de julio de aquel año, la Santísima Virgen apareció en Lourdes “más hermosa y sonriente que nunca e, inclinando la cabeza en señal de despedida”, desapareció de la vista de Bernardita, que nunca más volvió a verla en esta tierra. No hubo previo aviso, no hubo anuncio ni despedida. Solo sabemos que Bernadette, durante el resto de su vida, añoró con tremenda nostalgia aquellas visitas. La pregunta que asalta al corazón y a la cabeza cuando se medita sobre este acontecimiento, es cuantos serían los peregrinos que llegaron los siguientes días, una vez acabadas las apariciones, y no pudieron participar de tanta alegría… ¿Cuanto hubiesen dado aquellos peregrinos rezagados porque las apariciones de la Virgen María hubiesen ocurrido durante 29 años más? ¿Qué cálculos hubiesen hecho? ¿Cuánto hubiesen escatimado? ¿Cuantos días de vacaciones no se hubiesen gastado? ¿Cuántos ahorros hubiesen empleado? ¿Cuantos kilómetros recorridos, en carro o a pie, bajo el sol y la lluvia, no hubiesen caminado con tal de estar solo una tarde junto a Bernadette ante María? ¿Cuánto amor hubiesen mostrado en su peregrinar? ¿Cuánta confianza?
Hoy, en este año 2009, cuentan que la historia de Bernadette se repite en una aldea de Herzegovina, pero a diferencia que en Lourdes, en la aldea de Medjugorje las apariciones perduran hasta nuestros días, y eso permite al hombre de hoy viajar a ese lugar y participar de esa gracia: organizar viajes, encuentros y actividades en el Lourdes de Bosnia y Herzegovina.
Es verdad que, aunque los testimonios de cosas maravillosas, de encuentros reales con el amor entrañable de Dios, son incontables, es posible que no se aparezca allí la Virgen María. Que las miles de confesiones no se deban más que a la excelente pastoral de unos sacerdotes que más que frailes deben parecer ángeles, a juzgar por el éxito de su apostolado. Tal vez esos montes llenos de gentes rezando sin parar, llegadas desde países tan lejanos como Canadá, Korea, Vietnam, Nicaragua, Sierra Leona, Líbano, Nigeria, Chile, Perú… no sea más que el producto de una histeria colectiva, que nada tenga que ver con la búsqueda sincera, sin importar la vergüenza, de Cristo en sus vidas. El fruto del entusiasmo exagerado de quien busca lo innecesario. Es posible y probable que las curaciones médicas, inexplicables, que de allí se cuentan y se tiene constancia, no sean más que un chisme inventado por aquellos aldeanos yugoslavos que han abierto una pensión o una tienda en la que vender rosarios y estampitas. Y también es posible que los chicos que, como en tiempos contó Bernardita, dicen ver a la Virgen María, digan la verdad. Es posible que los incontables análisis e interrogatorios que han superado no hayan sido amañados. Que los comunistas que les persiguieron en tiempos y finalmente se convirtieron fueran en realidad enemigos del Sistema. Puede ser que la inmensa controversia surgida en torno a ellos no sea más que la confusión del mal que intenta, como ya sucedió con Bernadette, confundir a la buena gente que se cierra en banda ante la posibilidad de un viaje hasta esa tierra. Sí, todo eso es posible. Son cábalas que se escapan del peregrino, del hombre de a pie, del que busca con confianza y esperanza la presencia de Dios en su vidas. Pero entre cábalas, dudas y preguntas, una certeza es la que queda: ¿qué no darían aquellos que no llegaron a Lourdes por vivir un día, un solo día más, aquel fenómeno en que Dios se hizo presente a través del corazón maternal de María?
Cualquier día de estos, los videntes de Medjugorje nos dirán que aquella a la que dicen ver, vino más bella que nunca, hizo un gesto de despedida y que ya no la volverán a ver. Y sin saber con absoluta certeza si fue cierto o no, al menos a unos cuantos millones de peregrinos nos quedará la alegría de saber que le dimos a Dios, a corazón abierto, la oportunidad de sorprendernos ante la presencia amorosa de su Madre, la Virgen María.
Jesús García. Autor del libro “Medjugorje”. (Ed. LibrosLibres).
05/06/2009 – El Milagro de Oziornoye I: La Virgen de los Peces
Llevo varios días queriendo escribir una breve crónica sobre mi visita a este pueblecito de nombre impronunciable que tanto me recuerda al impronunciable nombre de Medjugorje. Me voy a extender en un par de capítulos o tres, tal vez más, porque la presencia de María en él me ha recordado la fortísima presencia de María en Medjugorje.
Oziornoye no es un lugar de apariciones marianas, pero sí de milagros, de signos que llevan impresa la firma de Dios sin que ningún hombre la pueda suplantar.
Para empezar a hablar de Oziornoye hay que hablar de la inmensidad llena de nada en medio de la que se encuentra: la estapa kazaja. Y es que Oziornoye es un pequeño pueblecito fundado en 1936 por los polacos que fueron deportados allí por aquellos comunistas que decidieron utilizar Kazajstán como basurero humano donde tirar a toda persona que no les sirviese para nada o que les molestase.
El primer milagro de Oziornoye es la supervivencia de la población. La estepa kazaja es una inmensidad tan grande como Europa en la que la vida es muy difícil. Para empezar, por los extremos climas que soporta en invierno y en verano. Segundo, por la dificultad que presenta su entorno para cultivar nada. Las fuertes nevadas de invierno convierten el suelo en un patatal a partir de abril, que hace impracticable el suelo hasta bien entrado el verano, formando neveros, lagunas y barrizales difíciles de distinguir en un terreno tan grande como España, Polonia y Francia unidas por charcos más o menos grandes.
Es precisamente de uno de estos charcos o lagunas pequeñas, de donde parte el primer milagro. Y eso es lo que quiere decir Oziornoye: el pueblo de la laguna. ¿De qué Laguna? De una que aparece en primavera bajo un nevero gigante, que llega a cubrir cuatro metros de profundidad a finales de marzo y que desaparece absolutamente, sin que quede nada de agua, al acabar el verano. Solo un signo, una señal humana, te hace pensar que ese cuenco seco –que yo conocí con un poco de agua-, es en ocasiones, profundo como un pozo natural en medio de la nada.
Pero como es lógico, en esos charcos temporales, llenos de lodo y agua estancada, la vida no surge, no progresa, no perdura.
Sin embargo, una imagen de la Virgen en lo alto de un poste de metal -el signo humano del que hablaba-, lo suficientemente alto para que el agua del invierno no la tape, señala la laguna cercana a Oziornoye en la que, aquel invierno de 1937 -el primero de los deportado polacos en el que murieron millares de ellos-, vieron los lugareños, polacos católicos que rezaban a nuestra Madre, como desde lejos, saltaban cientos de peces enormes como perros.
Efectivamente, en esa laguna hubo una tercera pesca milagrosa no descrita en el Evangelio, ocurrida en los años 30, que dio de comer a todos los hambriento polacos durante un durísimo invierno kazajo, lo que les dio un verano más de tiempo para asentarse y sobrevivir hasta nuestros días, en esa maravilla en medio de la nada que es Oziornoye, donde no llegan las carreteras, donde la población se aísla absolutamente durante cuatro mese al año, donde no hay alumbrado urbano ni calles asfaltadas, y donde unos cuatrocientos hijos y nietos de deportados polacos honran a la Virgen de los Peces, y guardan en el corazón de su pueblo un misterio no revelado que une el cielo con la tierra y hermana el impronunciable pueblo kazajo de Oziornoye con el impronunciable pueblo herzegovino de Medjugorje. Os seguiré contando.
Jesús García. Periodista.
05/05/2009 – Hasta el tato
Acabo de regresar de Medjugorje acompañando a un grupo de cien peregrinos que partió desde Madrid. La maravilla de este grupo ha sido la novedad, ya que apenas hubo repetidores.
Ha sido un viaje duro por la crudeza del mensaje que Mirjana transmitió el sábado, pero ha sido una delicia, una maravilla ver como a todos esos nuevos les iba cambiando la cara según pasaban las jornadas, desde ese gesto de suspicacias interiores a ese otro de haber llegado a casa, pasando, claro está por esa mueca intermedia que cabalga entre el asombro y la sorpresa: “Uy, yo no había venido para esto… pero me está gustando”.
Podía contaros extensamente todo lo que hemos hecho por allí todos estos días, pero voy a resumir en una frase: Se confesó hasta el tato. Incluso los más reticente no sólo con el fenómeno, sino con la Iglesia. Diez años, quince años, veinte años después… Incluso hubo quien llevaba toda la vida sin confesarse. Sí, ellos se confesaron. Esos son los frutos de Medjugorje. Lo demás, me importa bastante menos de lo que pueda parecer a veces.
Eso me demuestra una cosa: en realidad, todos buscamos lo mismo. Todos tenemos la misma necesidad, y en Medjugorje, es más fácil encontrarlo. Es así de sencillo.
Volviendo a la dureza del mensaje. Mi amigo Manolo Barreda me ha hecho una reflexión: “Ya está bien de conversaciones y charletas sobre lo bien que lo pasamos. Hay que actuar”. Ese hay que actuar quiere decir una cosa: vive los mensajes, Jesús. No hables de ellos y vívelos. Y todo será más fácil. Todo será mejor.
Jesús García. Periodista.
27/04/2009 – La primera en la frente
La primera pedrada de Medjugorje me la llevé en toda la frente. Yo tenía 28 años y viajé allí para “descubrir el pastel”, como dice jocosamente mi compañero de aquel viaje, Gonzalo Moreno, sobre el presunto fenómeno de apariciones marianas que se vendrían dando en Bosnia y Herzegovina desde 1981.
Aquella noticia me atraía, por un lado, por la tremenda novedad que podía suponer la presencia real de la Virgen María en mi vida, en mi tiempo, en mi generación. De ser cierto, suponía que el acontecimiento de Fátima se revivía ahora mismo, y me abría la posibilidad de conocer a Lucía en la actualidad, de hablar con un Jacinta en el idioma de los croatas y de ver reflejada la mirada de Francisco en la de un joven llamado Jakov seguidor del Hadjuk Split.
Por otro lado, me rebelaba pensar que en todos estos años, un católico como yo, educado en colegio del Opus Dei y para quien el rezar ha sido el pan mío de cada día -en ocasiones como alimento de ganso para el paté, hasta reventar-, nadie en esta Tierra de María me hubiese hablado del acontecimiento. No, tenía que ser falso. No era verdad.
Y cual fue mi sorpresa allí que mi primera tarde en aquel lugar me robó el corazón una sencilla y recogida adoración eucarística en una parroquia de pueblo a punto de estallar. Yo había estado en cientos de adoraciones y vigilias, pero algo tuvo aquella que de nada me importaron aquella primera noche los llamados videntes ni que el sol pudiera bailar. Por primera vez en mi vida tuve la certeza vivida de que Cristo Eucaristía escuchaba y mimaba a los que le hablaban. Me lo decían los ojos de todos aquellos que le rezaban en la penumbra. No fue normal. Aquella parroquia tenía algo que yo desconocía. Y la primera pedrada me la llevé en toda la frente, ante el pan vivo de la Eucaristía. A partir de ahí, nada fue igual.
Jesús García, Periodista.










