Mensaje del 25 de Agosto de 2008

“¡Queridos hijos! También hoy os invito a la conversión personal. Sed vosotros quienes os convirtáis y con vuestra vida testimoniéis, améis, perdonéis y llevéis la alegría del Resucitado a este mundo en que mi Hijo murió y en que la gente no siente la necesidad de buscarlo ni descubrirlo en su vida. Adoradlo y que vuestra esperanza sea la esperanza de aquellos corazones que no tienen a Jesús. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”

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