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Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de diciembre de 2008

PONGAN SUS VIDAS EN LAS MANOS DE JESUS

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de diciembre de 2008

“¡Queridos hijos! Ustedes corren, trabajan y acumulan, pero sin bendición. ¡Ustedes no oran ! Hoy los invito a que se detengan ante el Pesebre y mediten sobre Jesús, a quien también hoy les doy, para que El los bendiga y les ayude a comprender que sin El no tienen futuro. Por eso, hijitos, pongan sus vidas en las manos de Jesús para que El los guíe y proteja de todo mal. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

El día de Navidad celebramos el nacimiento de Jesús. El 25 de diciembre, la Virgen nos dio un mensaje, que es al mismo tiempo una advertencia y una llamada. Ella dice: ¡Queridos hijos! Ustedes corren, trabajan, acumulan, pero sin bendición. Estas palabras son verdades. Nos tocan incluso más profundamente porque vienen de la boca de la Virgen. Si miramos alrededor, podemos notar como todos estamos preocupados ansiosamente de las cosas materiales. Trabajamos mucho y no tenemos ninguna bendición. No hay bendición porque no ponemos a Dios en el primer lugar. Uno podía notar que en esos días antes de la Navidad, los almacenes, las tiendas y los salones de peluquería estaban más llenos que los confesionarios. Una gran atención se presta al aspecto exterior, mientras que no nos esforzamos en lograr la limpieza interior de nuestra alma. Si estuviéramos tan preocupados por nuestra salvación y nuestra vida espiritual como de las cosas exteriores, el Paraíso pronto comenzaría a florecer en la tierra.

En su mensaje, la Virgen continúa diciendo: ¡Ustedes no oran! Por la mañana, antes de ir a trabajar, la mayoría de los católicos apenas hacen el signo de la cruz, sin ninguna otra oración más profunda. Por la tarde, cansados por causa del trabajo, caemos dormidos en la segunda Ave María, y así día tras día.  Nuestro cuerpo se cansa, y nuestra alma aún más. Entonces nos preguntamos: ¿Por qué no hay bendición? ¿Por qué Dios no nos oye? Él nos oye, pero nosotros somos quienes no lo oímos. Cuando El viene, nunca estamos en casa.

La Virgen nos llama a detenernos ante el Pesebre y meditar sobre Jesús, a quien nos trajo, para que El nos bendiga y nos ayude a comprender que sin El no tenemos futuro. La Navidad, el nacimiento de Jesús, es la festividad del amor eterno e infinito de Dios que ha entrado a nuestra historia bajo la figura de un niño inocente. Mientras meditamos, reflexionamos sobre el nacimiento de Jesús, debemos considerar que no es solamente una hermosa historia acerca de un niño pequeño, de pastores, ángeles y de reyes magos que vivieron en tiempos remotos. Es una festividad que habla sobre el vínculo permanente entre Dios y el hombre.  No es un acontecimiento que ocurrió alguna vez. Es una realidad que debería suceder cada día en nosotros. Dios se encarna y cada día se convierte en Dios con nosotros. Lo encontramos en la Santa Misa, en los Sacramentos, en la oración y en las obras buenas. Jesús desea nacer continuamente en nosotros, sus hijas e hijos queridos, así como en la comunidad de sus fieles, en la Iglesia, que es Su Cuerpo misterioso.

La Virgen nos ofrece la solución a todos nuestros miedos, angustias y ansiedades – y es su hijo Jesús. Ella dice: Pongan sus vidas en las manos de Jesús para que El los guíe y proteja de todo mal. Solamente en las manos de Jesús, solamente en Su corazón, tendremos una protección verdadera contra cada mal. Seamos testigos de la Buena Nueva y alegrémonos con ese gozo primordial al cual nos invita San Pablo: “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense” (Flp 4:4). No seamos como los buscadores de oro que transcurren toda su vida buscando oro, lo encuentran y lo extraen, pero resultan ser más pobres que antes, aunque sostienen el oro en sus manos. Que Jesús recién nacido bendiga nuestra vida entera y todas nuestras nobles intenciones.

Fr. Danko Perutina
Medjugorje, 26.12.2008

Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de noviembre de 2008

OREN POR ESTE MUNDO TURBULENTO Y SIN ESPERANZA

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de noviembre de 2008

“¡Queridos hijos! También hoy los invito en este tiempo de gracia a orar para que el Niño Jesús pueda nacer en el corazón de ustedes. El, que es sólo paz, done a través de ustedes la paz al mundo entero. Por eso, hijitos, oren sin cesar por este mundo turbulento y sin esperanza, a fin de que ustedes se conviertan en testigos de la paz para todos. Que la esperanza fluya en sus corazones como un río de gracia. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

La tradición cristiana desde sus inicios ha llamado el Adviento un tiempo de gracia pues es el tiempo en que el amor de Dios es particularmente eficaz, fortalece nuestra fe y despierta el deseo de santidad. En su mensaje anterior, la Virgen nos llama en este tiempo de gracia a orar para que el Niño Jesús nazca en nuestros corazones. Hay también otra razón de llamar el tiempo que vivimos un tiempo de gracia: la Virgen ha estado cerca de nosotros de una manera muy especial por más de 27 años. A través de todo ese tiempo, Ella nos ha estado enseñando en su escuela del amor. En su mensaje anterior, Ella nos llama otra vez a orar y nos llama a menudo porque sabe que no oramos. Todos incurrimos en un gran error, y es el pensar que oramos mucho y que somos muy buenos. En el mismo momento que comprendamos y aceptemos que no es así, nuestra conversión comenzará. Juan de Damasco dice: “Orar significa elevar el corazón al Señor”. Eso significa gozar de la proximidad de Dios, de su presencia, su amor y su paz. En el último tiempo, en el mundo hay grandes desórdenes, se siente la crisis financiera que ha afectado todos los grandes países. El hombre de hoy está agitado. Siempre está de prisa, incapaz de alcanzar algo, y eso lo lleva a una mayor intranquilidad. Él está buscando la paz en lugares totalmente equivocados. La Virgen nos muestra el camino hacia la paz: es Su Hijo y Nuestro Señor Jesucristo. En el Evangelio de Juan él dice: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Jn 14,27). Los que tienen a Dios lo tienen todo. Los que han encontrado a Dios se convierten en portadores de la paz de Cristo.

La Virgen nos llama a orar sin cesar por este mundo turbulento y sin esperanza. La esperanza es una virtud teológica que nos hace anhelar el Reino de los Cielos y la vida eterna como las fuentes de nuestra felicidad, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y no apoyándonos en nuestras propias fuerzas, sino en la ayuda de la gracia del Espíritu Santo. “Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es El que prometió” (Heb 10,23). “El Espíritu Santo que El derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna” (Tt 3, 6-7), lo leemos dentro del Catecismo (cf. CIC, 1817). Gracias a la esperanza podemos enfrentar con mayor facilidad los problemas diarios. La redención nos ha sido dada en el sentido que se nos ha dado la esperanza, una esperanza digna de confianza, en virtud de la cual podemos hacer frente a nuestra vida cotidiana: “… el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino”, nos enseña el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Spe Salvi.

En este breve comentario del mensaje, recordaremos el octavo aniversario del fallecimiento de Fr. Slavko Barbaric. Fra Slavko tuvo una auténtica devoción infantil hacia la Virgen. Él era incansable en su ministerio. Siempre estaba dispuesto a ofrecer ayuda tanto espiritual como material a cualquier persona que se lo pedía. Lo incluiremos en nuestras oraciones agradeciendo al Señor por darnos la ocasión de haberlo conocido y al mismo tiempo de aprender de él.

Fr. Danko Perutina
Medjugorje, 26.11.2008

Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de octubre de 2008

ARMENSE CON LA ORACION Y EL AYUNO

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de octubre de 2008

“¡Queridos hijos! De manera especial los llamo a todos ustedes para que oren por mis intenciones a fin de que por medio de sus oraciones se detenga el plan de Satanás sobre esta Tierra, que cada día está más lejos de Dios, y en lugar de Dios se pone a sí mismo y destruye todo lo que es hermoso y bueno en el alma de cada uno de ustedes. Por eso hijitos, ármense con la oración y el ayuno para que sean conscientes de cuánto Dios los ama y puedan hacer la voluntad de Dios. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

La Virgen nos invita a que oremos por sus intenciones. Si nos entregamos en oración a Dios, el plan de Satanás no se podrá realizar en la Tierra. A través de este mensaje, la Virgen pide nuestra colaboración. Estamos conscientes de que Jesús y la Virgen pueden vencer a Satanás sin nosotros, pero piden nuestra colaboración y nuestra decisión. Dio nos creó libres y pide que nosotros nos decidamos. Dios nos creó sin nuestra ayuda, pero sin nosotros no nos puede salvar si no lo deseamos.

Cuando la Virgen habla acerca del plan de Satanás en esta Tierra, Ella no está pensando ante todo en la naturaleza, sino en el hombre y en todos los pecados que él comete cuando sucumbe a las tentaciones de Satanás; los varios tipos de pecados graves son: los matrimonios entre personas del mismo sexo, el aborto, los asesinatos, la fornicación, la explotación de los pobres, la blasfemia, la drogadicción, el alcoholismo, etc. La humanidad se pone hoy en el lugar de Dios y repite continuamente el error descrito en las primeras páginas de la Biblia (Gen 3). Los valores humanos han llegado a ser más importantes que los valores cristianos. Para mucha gente, el dinero se ha convertido en un dios. La consecuencia de eso es que se está destruyendo todo lo que es bueno y hermoso en las almas de hombres.

La Virgen nos da los medios para oponerse al plan de Satanás, y ésos son: la oración y el ayuno. Todos pensamos que oramos mucho y que creemos firmemente. Si hiciéramos una encuesta, veríamos que no oramos tan a menudo. Pasamos más tiempo hablando por teléfono, bebiendo café, leyendo los periódicos o mirando encuentros deportivos, que en oración. El ayuno y la oración han sido, desde los inicios del Cristianismo, los medios fundamentales en la lucha en contra del mal. Si no oramos y no ayunamos, entonces tampoco podemos creer, porque la fe, es decir, la confianza, se establece con relación a alguien y ese alguien es Dios. La oración es el encuentro con Dios, y de ese encuentro, nace una fe fuerte y poderosa.

La Virgen nos invita en el mensaje del 25 de noviembre de 1987, a orar para que Satanás no nos atraiga con su orgullo y falso poder. Ella dice: Estoy con ustedes y deseo que me crean que los amo. El amor y la humildad se pueden leer en cada mensaje de la Virgen, y esa es la razón principal por la cual tanta gente del mundo entero visita Medjugorje, porque se siente amada por Ella.

El mensaje de la Virgen de esta tarde termina con las palabras: hagan la voluntad de Dios.  En el Salmo 40 en el versículo 9, podemos leer: “Yo amo, Dios mío, tu voluntad.” El hombre que cumple la voluntad de Dios se llena de alegría y de paz. Hacer la voluntad de Dios significa dar grandes pasos hacia la santidad. La humildad es la característica de los que hacen la voluntad de Dios. Son obedientes y mansos. Aquellos que no responden a la llamada de cumplir la voluntad de Dios están preocupados de las cosas terrenales y Dios no está en el primer lugar para ellos. Son gente llena de ambición y que desea lograr sus objetivos por cualquier medio. Son gente que lo mide todo según la medida de este mundo, y por lo tanto pierde su alegría.

Decidámonos todos juntos nuevamente por Dios, respondamos a la llamada de la Reina de la Paz, y nos convertiremos en testigos verdaderos del amor de Dios y del amor de la Virgen, tal como los discípulos que Jesús desea que seamos.

Fr. Danko Perutina
Medjugorje, 26.10.2008

Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de septiembre de 2008

DECIDANSE POR LA PAZ

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de septiembre de 2008

“¡Queridos hijos! Que su vida sea nuevamente una decisión por la paz. Sean portadores alegres de la paz y no olviden que viven en un tiempo de gracia, en el que Dios, a través de mi presencia, les concede grandes gracias. No se cierren, hijitos, más bien aprovechen este tiempo y busquen el don de la paz y del amor para su vida, a fin de que se conviertan en testigos para los demás. Los bendigo con mi bendición maternal.  ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

Nuestra vida está llena de decisiones diarias. Tenemos siempre que tomar decisiones para todo. Algunos se deciden por una cosa, otros por otra. Tendremos que tomar decisiones mientras vivamos. En su último mensaje, la Virgen nos invita a que nuestra vida se convierta en una decisión por la paz. El decidirse por la paz significa decidirse por Cristo: “Porque El mismo es nuestra paz” (Ef 2,14), escribió San Pablo en su Epístola a los Efesios. Jesús trae una paz que no es una paz superficial o falsa como la de los hombres. Es una paz que se consigue a través de pruebas y luchas. Envuelve los corazones humanos y transforma a la gente desde dentro. Jesús dice: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da.” (Jn 14,27). Jesús vino a esta tierra a derribar el muro de la hostilidad y del hastío que ha reinado entre el hombre y Dios, y a establecer el Reino del amor, de la alegría y de la paz. La paz que Jesús nos da no es una ausencia de inquietud o de guerras, sino es una relación filial y pacífica con Dios.  La paz que Jesús trae es una paz que toca, cambia los corazones humanos y transforma el mundo.

Todos los mensajes de la Virgen que hemos recibido a través de estos veintisiete años están empapados de humildad, amor y paz. En el tercer día de las apariciones, mientras los videntes bajaban de la colina, la Virgen se apareció a Marija Pavlović y le dijo: “¡Paz, paz, paz – y solamente paz! ¡La paz debe reinar entre el hombre y Dios, y entre toda la gente!” La Virgen se ha presentado en Medjugorje como la Reina de la Paz. Ella llama a todos personalmente a ser portadores alegres de la paz porque vivimos en un tiempo de gracia en el cual Dios nos da grandes gracias. Precisamente estos veintisiete años han sido un tiempo verdadero de gracia porque la Virgen ha estado muy cerca de nosotros de una manera especial. Eso lo testimonian millones de peregrinos que en ese lugar han encontrado el significado de la vida y la paz espiritual.

La Virgen nos llama a ser testigos. Cada uno de nosotros debe convertirse en un testigo. La fe nos da fuerza para ser testigos de Jesús en este mundo. Gracias al testimonio de la Bienaventurada Virgen Maria, de los Apóstoles y de los mártires de la primera Iglesia hemos recibido la fe en el Dios Trino.

Los testigos verdaderos nos han precedido en el Reino, especialmente los que son venerados como santos por la iglesia. Están presentes incluso hoy como parte de la tradición viva de oración de la Iglesia, con el ejemplo de sus vidas, los escritos que dejaron y su oración. Ellos contemplan a Dios, lo glorifican y no dejan de ocuparse de la suerte de aquellos que quedaron en la tierra. Ellos son verdaderos testigos que al entrar en la alegría de su Señor, han sido colocados por sobre muchos otros. Su mediación es el servicio más alto en el proyecto de Dios. Nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica que podemos y debemos pedirles que intercedan por nosotros y por el mundo entero (cf. CIC 2683).

Por lo tanto, todo el que desee seguir a Jesús y luchar por la verdad, debe saber que encontrará resistencia y desaprobación. Hay solamente un camino que conduce a la victoria, y ése es seguir a Nuestro Señor Jesucristo, porque solamente de esa manera llegaremos a ser instrumentos de paz, según las famosas palabras pronunciadas por San Francisco de Asís.  Oremos para que con la ayuda de la bendición maternal que nos da la Bienaventurada Virgen María, podamos realizar ese propósito.

Fr. Danko Perutina
Medjugorje, 26.09.2008

Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de agosto de 2008

LLAMADOS A LA CONVERSION PERSONAL

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de agosto de 2008

“¡Queridos hijos! También hoy los invito a la conversión personal. Sean ustedes quienes se conviertan y con su vida testimonien, amen, perdonen y lleven la alegría del Resucitado a este mundo en que mi Hijo murió y en que la gente no siente la necesidad de buscarlo ni descubrirlo en su vida. Adórenlo y que vuestra esperanza sea la esperanza de aquellos corazones que no tienen a Jesús. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

Al principio de su mensaje del 25 de agosto de 2008, la Virgen nos llama a la conversión diciendo: “Sean ustedes quienes se conviertan y con su vida testimonien, amen, perdonen y lleven la alegría del Resucitado a este mundo.” Todos necesitan la conversión. Es un proceso que dura toda la vida. La verdadera conversión consiste en un encuentro con Dios. Solamente los que han encontrado al Dios vivo pueden testimoniar sobre ese encuentro. Los encuentros humanos siguen siendo a menudo superficiales, mientras que el encuentro con Dios ocurre en las profundidades del corazón y del alma del hombre, y dejan rastros en el hombre en su totalidad. Cada vez que un hombre no ama, él necesita la conversión. Cada vez que un hombre no es fiel a las palabras de Jesús, él necesita la conversión.

Toda conversión consiste de un proceso de dos pasos. El primer paso es que por lo menos una vez en nuestra vida debemos arrodillarnos ante Jesús y decirle desde la profundidad de nuestro corazón y alma: Jesús, yo me decido por ti, deseo dejar mi antigua vida detrás, deseo ser libre de todos mis pecados y así purificado comenzar a caminar contigo. Esta es la decisión fundamental para Dios. El segundo paso es preguntarse cada noche: ¿He cumplido los Mandamientos de Dios completamente, qué puedo mejorar en el encuentro con las personas, cómo puede amar más a la Iglesia? Solamente cumpliendo estos dos puntos, podemos caminar rectamente en el camino de nuestra vida espiritual. La Virgen nos ha llamado y llama a la conversión en tantas ocasiones.  Ella nos llama para ser testigos. Pareciera que nosotros permaneciéramos sordos y ciegos, y pensamos que la Virgen llama solamente a quienes no van a la Iglesia, a quienes pensamos que no son buenos. La Virgen piensa también en ellos, pero Ella piensa principalmente en aquellos que se comportan como fariseos, que juzgan a otros, fingen ser buenos y perdonan raramente. Ellos son los que necesitan una conversión radical.

La Virgen nos da los medios también. Ella nos ha llamado tantas veces a la oración y en el último mensaje nos llama a adorar a Jesús. Dios acoge a los que lo adoran en el espíritu y  en la verdad, y eso significa con sus acciones y vida, y no sólo con palabras porque Dios no necesita nuestras palabras, lo que El necesita es nuestro corazón. Totalmente consagrados a El, nosotros podemos representar la esperanza de esos corazones que no tienen a Jesús.

Hay innumerables definiciones acerca de lo que es el hombre, y uno de ellas es el siguiente: “¡El hombre es un ser que espera!” A nosotros viajeros aquí en la Tierra, la esperanza nos da fuerza para no detenernos y para dirigirnos valerosamente al futuro. Nuestra esperanza se encuentra solamente en el nombre de Jesús. La esperanza siempre mira al futuro. El amor es la realidad que se debe perpetrar ahora, y la fe nos ayuda a alcanzarla.

Muchos pueden pensar que el mundo no cambia en absoluto, y por eso nos preguntamos: ¿Para qué sirve la conversión?  Para otros el mundo cambia, pero para peor. Somos hoy capaces de destruir totalmente nuestro mundo, más que la gente que vivió muchos años antes de nosotros.

Debemos preguntarnos cuál es el papel de la conversión en nuestras vidas. ¿Es nuestra conversión algo bueno? Podemos decir a otros: eso no es un encuentro como el que podemos experimentar con la gente cuando, por ejemplo, nos encontramos a nuestra madre, hermanos, hermanas o buenos amigos en la calle. Naturalmente nos gustaría tener tales encuentros cercanos, personales y profundos con Dios, pero, generalmente, nuestros encuentros con Dios son de naturaleza diversa. También hoy debemos preguntarnos si creemos que el Reino de Dios está cercano. Es una de las maneras para describir el encuentro con el Dios vivo. Hoy en día muy poca gente siente que Dios está presente. Cada vez más gente se vuelve atea o agnóstica.  Esta vida es lo único que tienen. Pero, nosotros los cristianos, que seguimos las enseñanzas de Nuestro Señor, creemos en Sus palabras.  Él nos dice que hay vida después de la muerte. Él nos dice que existe un Dios vivo con quien podemos hablar mediante la oración. El nos dice que el camino que conduce a una nueva vida después de la muerte es el amor que demostramos hacia nuestro prójimo en esta vida. Nuestra espiritualidad plantea a menudo la pregunta fundamental: ¿creo en Jesucristo? Si creo, entonces mi opinión acerca de este mundo es diferente e intento tomar las decisiones que corresponden a mi creencia. Jesús nos dice que encontramos a Dios cada vez que nosotros servimos a los demás. La conversión es por tanto necesaria e importante cada vez que no soy fiel a la palabras de Jesús y a su llamada a vivir en Su compañía. La conversión es necesaria cuando perdemos el amor.

Fr. Danko Perutina
Medjugorje, 26.08.2008

Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de julio de 2008

EL VERDADERO DESCANSO ESTA EN DIOS

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de julio de 2008

“¡Queridos hijos! En este tiempo, en que piensan en el descanso del cuerpo, yo los llamo a la conversión. Oren y trabajen de modo que su corazón anhele a Dios Creador, quien es el verdadero descanso de su alma y de su cuerpo. Que El les muestre su rostro y les done su paz. Yo estoy con ustedes e intercedo ante Dios por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

Es la época de las vacaciones anuales y la gente se pregunta cómo pasar de la mejor forma posible ese tiempo y cómo descansar bien. Algunos eligen las montañas, otros van a la playa, algunos deciden leer un buen libro, y algunos eligen pasear por la naturaleza.
La Virgen nos invita a que elijamos una clase totalmente diversa de descanso. Ella nos enseña que el verdadero descanso se puede encontrar en la conversión. La conversión envuelve a la persona entera: el cuerpo y el alma, las palabras y las obras. San Marcos cita las primeras palabras de Jesús al comienzo de su vida pública: “Arrepiéntanse y crean en el evangelio” (Mc 1,15). La conversión no consiste solamente en el cumplimiento exterior de los mandamientos de Dios. Consiste en el encuentro personal con Jesucristo. Después de ese encuentro, el hombre se vuelve completamente consciente de quién es y de cómo es, toma conciencia de sus pecados y debilidades, pero también de su importancia y valor. Después del encuentro con Jesús, en el hombre se despierta el deseo de cambiar su antigua forma de vida, de comenzar una nueva vida. Permite a Jesús entrar en sus días, en su vida, en su comportamiento y pensamientos.
La Virgen nos invita además en su mensaje a orar, a fin de que nuestros corazones anhelen más a nuestro Dios Creador, dado que solamente El puede dar un verdadero descanso a nuestra alma y a nuestro cuerpo.
El corazón es el centro del hombre. Nadie tiene dos corazones, de tal forma que pueda odiar con uno y amar con el otro. Un hombre tiene solamente un corazón, y por lo tanto debe decidirse por el perdón, la paz, el amor y la confianza. Perdonar significar recibir a otro en su corazón y aceptarlo tal como es. Tomás de Aquino dice que el corazón humano está creado a imagen de Dios, para amar.
El tiempo de descanso es una gran oportunidad para detenernos por un momento y para comenzar a orar nuevamente. Es un tiempo para un encuentro más intenso y más profundo con Dios. El descanso es también una oportunidad para dedicar más tiempo a los amigos que quizás hemos olvidado, para llamarlos y para compartir con ellos buenas noticias o decisiones que hemos tomado recientemente. El tiempo de descanso es una oportunidad para un cambio total de vida con relación a Dios, hacia los demás y hacia uno mismo. Utilicemos ese descanso, y no permitamos que ese tiempo precioso se malgaste en vano.
La Virgen intercede por nosotros ante Dios y le pide perdón y misericordia para nosotros. Ella intercede por nosotros y nos sigue en nuestro camino y por eso no debemos temer.
Concluiría con las palabras del salmo 62, que dice:

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
solo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar, no vacilaré.
De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme, Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confía siempre en él,
desahoguen ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Fr. Danko Perutina
Medjugorje, 26.07.2008

Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de junio de 2008

¡SEAN ALEGRES PORTADORES DE PAZ Y AMOR!

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de junio de 2008

“¡Queridos hijos! También hoy con gran alegría en mi corazón los invito a seguirme y escuchar mis mensajes. Sean portadores alegres de paz y amor en este mundo sin paz. Yo estoy con ustedes y los bendigo a todos con Mi Hijo Jesús, el Rey de la Paz. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

Hace veintisiete años la Virgen se presentó aquí en Medjugorje como la Reina de la Paz.  A través de esos años, Ella, como una verdadera madre y llena de amor, nos ha enseñado pacientemente y nos ha llamado a practicar los Sacramentos. Ella nos ha estado llamando a la conversión, al ayuno, a la penitencia y a adorar a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. En su mensaje del aniversario núm. veintisiete de sus apariciones, Ella dice que con gran alegría en Su corazón nos llama a seguirla y a escuchar sus mensajes. Mientras meditamos acerca de su último mensaje, así como de los otros que hemos escuchado hasta ahora, no debemos olvidar nunca la regla de San Luis María Grignon de Monfort que decía: ¡A Jesús por María!  María siempre reúne a la gente alrededor de su Hijo.  Ella nos llama a una entrega total a Jesús, pues El es el único que puede hacer de cada uno de nosotros personas íntegras, merecedoras del Cielo. La Virgen nos da un ejemplo de cómo ser fieles a Dios, de cómo vivir la experiencia de nuestra fe y de cómo vivir según nuestra fe. Ella participó desde el principio en la obra del Espíritu Santo. Por lo tanto, la Iglesia, que también es obra del Espíritu Santo, ora junto con aquella en quien Dios ha hecho grandes obras.  La Virgen está ante nosotros como un gran don, como la imagen más hermosa de la Iglesia.  Ella habla con palabras sencillas que atraen a tantas personas de todas partes del mundo. Sus mensajes son comprendidos por todos, desde los más pequeños hasta los más ancianos. Son comprensibles porque están llenos de amor y porque cualquiera puede comprender el lenguaje del amor.

La Virgen nos llama a ser portadores de paz y amor en este mundo sin paz. Hoy en día, nosotros somos testigos de los grandes peligros que la humanidad enfrenta, tales como el armamento nuclear, enfermedades diversas, el calentamiento global, la pobreza.  La gente vive con mucho temor. La Virgen sabe eso. Es por eso que Ella, desde que comenzaron las apariciones, nos ha estado llamando a que nosotros, los cristianos, los creyentes, seamos portadores de paz y amor en este mundo sin paz. En el tercer día de sus apariciones, la Virgen nos dio el primero de sus grandes mensajes, diciéndonos: “¡Paz, Paz, Paz – y sólo Paz!”  Después de eso Ella repitió tres veces: “¡La paz deberá reinar entre el hombre y Dios y entre todos los pueblos!”  La verdadera paz sólo puede venir de Dios, que por Jesús y María se ha convertido en “nuestra Paz”. (Ef. 2,14).  Es una paz que “este mundo no puede dar” (Juan 14, 27).  Es por eso que Cristo ordenó a sus Apóstoles que llevaran la paz por todo el mundo (cf. Mt 10,11), para que todos se conviertan en “hombres de paz” (Lc 10, 6).  Algunas veces nosotros tendemos a buscar la fuente de la inquietud en otros, porque es más fácil comportarse de esa manera. No obstante, nosotros primero debemos encontrar esa fuente en nosotros mismos y luego resolver el problema. La fuente de la inquietud siempre es un pecado al cual uno debe renunciar, y así crear las condiciones para que Dios actúe en nosotros.

Al final de su mensaje, la Virgen nos bendice, y también nos bendice su Hijo Jesús, el Rey de la Paz. Queridos veneradores de la Reina de la Paz, digamos Sí a la paz en nuestros corazones, decidámonos por Dios, y de esta manera permitamos que Jesús se convierta en el Camino, la Verdad y la Vida en nosotros.

Fr. Danko Perutina
Medjugorje, 26.06.2008

Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de mayo de 2008

LOS LLAMO A LA CONVERSIÓN

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de mayo de 2008

“¡Queridos hijos! En este tiempo de gracia, en que Dios me ha permitido estar con ustedes, nuevamente los invito, hijitos, a la conversión. Trabajen de una manera especial por la salvación del mundo mientras estoy con ustedes. Dios es misericordioso y concede gracias especiales, y por eso, pídanlas por medio de la oración. Yo estoy con ustedes y no los dejo solos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

En muchos de sus mensajes, la Virgen nos recuerda que el tiempo en que vivimos es un tiempo de gracia. En los últimos 27 años, millones de personas, de todas partes del mundo, han venido a Medjugorje, a este sanatorio espiritual, a fin de que Dios pueda curar sus corazones y almas. Hay varios ejemplos de conversión en la Biblia, como el de la conversión del hijo pródigo (cf. Lc 15,11-32), o aún más memorable, la conversión de San Pablo (Hch 9,1-18), junto con muchos otros.  Cada conversión es un resultado de un acontecimiento o de un encuentro, pero no de cualquier clase, sino del encuentro con Dios. Saulo era un perseguidor de los cristianos en Jerusalén y en toda Judea (Hch 8-9). En una ocasión, se dirigía a Damasco a arrestar a cristianos. En las puertas de la ciudad, Saulo tuvo un encuentro con Jesús, que ulteriormente recordó toda su vida. Un encuentro que lo cambió totalmente y lo llevó a la conversión. Saulo, que había sido perseguidor de cristianos, posteriormente se convirtió en discípulo de Jesús y cambió su nombre a Pablo. Algo similar sucedió también con los apóstoles. Un momento decisivo para ellos fue su primer encuentro con Jesús, después de lo cual ellos abandonaron todo y siguieron a Jesús. Algo similar sucedió con los santos, y sucederá con nosotros si buscamos la voluntad de Dios en nuestra vida por medio de la oración.

La Virgen nos llama de nuevo a la conversión, es decir a mejorar. La mayoría de los cristianos de hoy no han encontrado al Jesús vivo, siendo que este encuentro es un requisito previo para un nuevo principio. Después de tal encuentro, todo cambia, la vida llega a ser diferente y mejor. Uno debe considerar que después del encuentro con Dios, no desaparecen nuestras cruces, pero se llevan con más facilidad. Los que han tenido la experiencia del encuentro con el Dios vivo, se convierten en la sal y la luz del mundo. Se convierten en instrumentos a través de los cuales el amor y la alegría de Dios se difunden en este mundo. Todos hemos sido llamados a convertirnos y a cambiar continuamente en nuestra marcha con Jesús. La conversión es un proceso que dura toda la vida, y nadie puede decir que se ha convertido totalmente porque hay siempre algo que debemos mejorar, sobre todo en nosotros mismos, no en los otros. La conversión es un seguir a Jesús diariamente, sin compromisos. La conversión es una tarea permanente de la Iglesia entera, y no es una obra humana sino divina.

En nuestro camino Dios nos ayuda y nos da gracias especiales, como la Virgen lo dice. Esas gracias, sin embargo, necesitan ser pedidas por medio de la oración. Uno debe demostrar buena voluntad y amor hacia Dios que es misericordioso y bueno, según lo escrito en el capítulo 34 del libro del Exodo: “El SEÑOR, el SEÑOR, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad; el que guarda misericordia a millares…” (Ex 34,6-7). Lo primero que debemos desechar cuando comenzamos a orar, es cualquier clase de hipocresía. Ante Dios no debemos fingir, mentir o parecer mejores. Tenemos que ser quiénes somos realmente. Podemos mentir a los amigos o a los vecinos, fingir, pero ante Dios debemos quitarnos nuestras máscaras, porque El nos conoce mejor que nosotros mismos. El camino de la oración es como el camino de la conversión – largo y difícil, pero sin esfuerzo y constancia no hay frutos. Por medio de la oración se reestablece la alianza entre Dios y el hombre, que previamente se había interrumpido.

La Virgen nos alienta y no nos deja solos en ese camino. Ella está ante nosotros como ejemplo de oración, por medio de la cual Ella participa en el proyecto del Padre de encarnación del Hijo del Dios. Junto con la Bienaventurada Virgen Maria, Nuestra Señora, podemos también decir: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.” (Lc 1,38). Que en nuestras oraciones incluyamos a todos los más necesitados, especialmente a los que han perdido sus vidas y han sido afectados en el terremoto en China.

Fr. Danko Perutina
Medjugorje, 26.05.2008

Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de abril de 2008

BUSQUEN LA VOLUNTAD DE DIOS Y HAGAN EL BIEN

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de abril de 2008

“¡Queridos hijos! También hoy los invito a todos a crecer en el amor de Dios, como una flor que siente los rayos cálidos de la primavera. Así también ustedes, hijitos, crezcan en el amor de Dios y llévenlo a todos aquellos que están lejos de Dios. Busquen la voluntad de Dios y hagan el bien a aquellos que Dios les ha puesto en su camino; y sean luz y alegría.¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

Al inicio del mensaje del 25 de abril de 2008, la Virgen nos invita a que crezcamos en el amor de Dios. Crecer en el amor, significa abrirse a Dios como una flor, para que El nos ilumine, abrace, y se compenetre en nosotros. Eso puede suceder solamente en una atmósfera de oración, porque la oración es como un canal, como un tubo, a través de la cual Dios envía Su amor y Su misericordia a esta tierra. La verdadera oración puede venir solamente de un corazón que permite que la fuerza del amor de Dios lo abrace y lo envuelva. El amor de Dios puede conquistar solamente a quién ora con el corazón, con todo su ser. El amor de Dios busca una respuesta, y la respuesta es la fe. Un corazón lleno de fe puede ser comparado con la luz. Como la luz, la fe expulsa las tinieblas, la angustia y la desesperación, da seguridad y fuerza. La fe, en cierto sentido, ilumina el camino de los que la poseen, guiándolos como la nube oscura, de día, y la nube clara, de noche, guiaron al pueblo de Israel a través del desierto. Quedará desilusionado quien de la fe espera pruebas claras y tangibles, porque la fe está por encima de las pruebas y los argumentos. La fe no se puede medir solamente por el conocimiento, porque es sobre todo vida, es decir, una dirección de vida, que no se puede expresar con el conocimiento. La fe se puede comparar con las estrellas que guían de noche a los marineros. No ilumina las olas sobre las cuales los marineros navegan, pero les muestra la dirección.

La Virgen nos invita a buscar la voluntad de Dios, y Ella se revela a nosotros en plenitud solamente en el encuentro personal con Cristo. Solamente la búsqueda y el cumplimiento de la voluntad de Dios pueden llevarnos al Reino de los cielos. Jesús dice: “No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mt 7,21). La voluntad de Dios es más importante que nuestra voluntad. Buscar y hacer la voluntad de Dios no significa perderse o renunciar a la propia libertad, por el contrario, significa liberarse cada día de la esclavitud y del pecado. Significa liberarse de la prisión de las pequeñas divinidades como lo son: el poder, el dinero y el lucro, las opiniones de los demás. Todos esos ídolos te despojan de tu vida, mientras sólo Dios la da. Todas las demás divinidades prometen mucho, y no dan nada en cambio. La Virgen aceptó la voluntad de Dios, Ella aceptó servir solamente al Dios verdadero y cumplir Su voluntad. Ella con una palabra sola, su fiat – que así sea – con el auxilio de la gracia divina, cambió el curso de la historia.

Al cumplir la voluntad del Dios, entramos en una relación amistosa con El. Cuando le dijeron a Jesús que Su Madre había llegado acompañada de Sus hermanos, y que lo buscaban, El respondió: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y mirando en torno a los que estaban sentados en círculo, a su alrededor, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.” (Mc 3,33-35).

Al final de su mensaje, la Virgen nos invita a que hagamos el bien a toda la gente y seamos luz y alegría. Luz y alegría pueden ser solamente aquellos que cada día testimonian el amor de Dios, como lo hizo por ejemplo, la madre Teresa. Ser testigo significa entregarse totalmente en las manos de Dios, entregarse uno mismo por completo, vivir el mensaje del Evangelio antes de transmitirlo a otros, vivir en un encuentro personal con Dios que se hizo hombre, vivir con nuestro Señor, que murió y resucitó.

Que María, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia, nos ayude a llevar el mensaje de la paz, de la alegría y del perdón dondequiera que vayamos – el mensaje que cambiará el mundo.

Fr. Danko Perutina
Medjugorje, 26.04.2008

Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de marzo de 2008

EL ENCUENTRO CON DIOS – CONDICIÓN PREVIA PARA LA CONVERSIÓN VERDADERA

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de marzo de 2008

“¡Queridos hijos! Los invito a trabajar en la conversión personal. Aún en su corazón, están lejos del encuentro con Dios. Por eso, transcurran el mayor tiempo posible en oración y en Adoración a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, para que El los cambie y ponga en su corazón, una fe viva y el deseo de la vida eterna. Todo es pasajero, hijitos, sólo Dios es eterno. Yo estoy con ustedes y los aliento con amor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

La Virgen, en su mensaje del 25 de marzo pasado, nos invita a la conversión. Es una invitación maternal dirigida personalmente a cada uno de nosotros, nadie está excluido. Convertirse significa renunciar a la anterior manera de vivir e iniciar una nueva vida en Jesucristo. La conversión involucra todo el ser humano, así como involucró, por ejemplo, al hijo pródigo del Evangelio de Lucas, a San Pablo, a San Francisco y a muchos otros santos más o menos conocidos. La conversión abraza nuestro corazón y nuestra voluntad. Antes que nada el corazón, porque es el centro del hombre. Si el corazón se convierte, entonces podemos decir que se convierte todo el ser humano. Además de la conversión del corazón, es necesaria la conversión de la voluntad, porque la conversión es una invocación de ayuda. La voluntad nos ayuda en el camino que hemos empezado. Nos ayuda a que no nos desanimemos frente a las primeras cruces. La verdadera conversión supone la renuncia no sólo al pecado, sino también a todas aquellas pequeñas divinidades que nos impiden entregarnos completamente a Dios. Jesús es demasiado claro cuando nos dice: “Si alguien quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga” (Lc 9,23). En la conversión dejamos que Dios nos guíe hacia el descubrimiento del plan que nos ha reservado. No hay conversión sin la oración, porque la oración es, en cierto sentido, la primera y última condición para la conversión, para el crecimiento espiritual y para la santidad. María nos habla de la misma manera y con el mismo significado también en su mensaje del 25 de junio del 1992: “Por eso los invito día a día a la conversión: sin embargo, si no oran no pueden decir que se están convirtiendo”. La oración nos ayuda a convertirnos continuamente, a pensar siempre en Dios y a permanecer fieles a Él. La oración es un coloquio entre Dios y el hombre: Dios conoce nuestro corazón mejor que nosotros mismos; no le interesan nuestras palabras, más bien le interesa lo que tenemos en el corazón. En la oración es importante también la entrega. Es necesario ponerse completamente en las manos del Señor, para que Él pueda hacernos de nuevo sus hijos queridísimos. Es necesario entregarle a Él cada uno de nuestros deseos, planes, objetivos o debilidades. Nuestra entrega debe ser total, para que Él pueda guiarnos hacia Su Reino. La Virgen, como verdadera Madre, durante todo el tiempo que ha transcurrido entre nosotros, no ha hecho otra cosa que dirigirnos humildemente hacia su Hijo Jesús, sin tomar nunca el rol de protagonista.

En este mensaje, María, además de invitarnos a la oración, nos invita también a adorar a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, ya que la adoración es la conexión que nos permite formar parte de toda la Iglesia. San Alfonso Maria de’ Liguori dice que, después de los Sacramentos, de todos los actos de devoción, el más grato a Dios y el más útil para nuestra alma, es sin duda la adoración de Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. La cercanía de Jesús despierta en nosotros la fe viva, y la fe es un don inmerecido que Dios pone a disposición de toda la humanidad. Cada uno de nosotros está llamado a abrir su corazón para recibir este don. A través de la fe nos abrimos a Dios y sólo así podemos reconocerlo. Podríamos comparar la fe a la luz. La fe, en cierto sentido, ilumina el camino de los que la poseen, guiándolos como la nube oscura, de día, y la nube clara, de noche, guiaron al pueblo de Israel a través del desierto. Quedará desilusionado quien de la fe espera pruebas claras y tangibles. Cuando Santo Tomás, con toda su profunda incredulidad, dijo que no creería en Cristo resucitado si no se le permitiera meter los dedos en sus llagas, Jesús le contestó: “Dichosos los que creen sin haber visto (Jn 20,29). Si todo fuera claro, no habría ningún mérito en creer. La fe no sirve para creer en lo que está perfectamente claro, sino en lo que queda escondido, aún sólo en parte. La fe no es sólo confianza, sino también amor hacia la persona en la cual creemos. Muchas personas, a pesar de estar conscientes de lo efímero de este mundo, debido a su debilidad escogen valores efímeros; en cambio, la Virgen siempre nos repite que el único valor eterno es Dios. La Reina de la Paz nos alienta con amor y cada mensaje suyo está lleno de amor y humildad, por lo cual le agradecemos y nos encomendamos a su intercesión.

Fr. Danko Perutina
Medjugorje, 26.03.2008

Meditación del Padre Danko sobre el Mensaje del 25 de enero de 2008

OREN Y AYUNEN

Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de enero de 2008

“¡Queridos hijos! Con el tiempo cuaresmal, ustedes se acercan a un tiempo de gracia. Su corazón es como una tierra labrada y está pronto a recibir el fruto que germinará en bien. Ustedes, hijitos, son libres de elegir el bien o el mal. Por eso los invito: oren y ayunen. Siembren alegría, y en sus corazones el fruto de la alegría crecerá por vuestro bien, y otros lo verán y lo recibirán a través de su vida. Renuncien al pecado y elijan la vida eterna. Yo estoy con ustedes e intercedo por ustedes ante mi Hijo.¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

En su último mensaje, la Virgen nos alienta para que preparemos nuestros corazones en el tiempo de Cuaresma que se acerca, que es también un tiempo de gracia. Ella nos invita a ayunar, a orar, y a hacer actos de penitencia, que han sido siempre las características principales de la Cuaresma. En el Antiguo Testamento, la penitencia se reducía más bien a signos exteriores, y algo similar sucede actualmente, cuando los creyentes renuncian al alimento, las bebidas, los dulces y los cigarrillos, y mucho menos a la blasfemia, el chisme u otros pecados. El ayuno cristiano y la oración son el fundamento de la vida comunitaria, porque la Iglesia entera ha sido llamada al ayuno, la penitencia y la oración, especialmente en el tiempo del Adviento y de la Cuaresma. La renuncia a las cosas materiales es solamente una de las formas de penitencia para los pecados personales. Es la prueba que demuestra que estamos dispuestos a renunciar a algo y compartirlo con la gente que vive en la pobreza y la indigencia.

En nuestra preparación, no debemos quedarnos en los signos exteriores. Los profetas del Antiguo Testamento lo vieron claramente y advirtieron al pueblo que el único cambio verdadero es el cambio que sucede en el corazón de los hombres. Si cambiamos el corazón, cambiamos al hombre en su totalidad. Unicamente tal cambio puede conducirnos a la amistad con Dios y con la gente. Solamente así, nuestro corazón recibirá el fruto que crecerá en bien. Dios nos creó libres y hemos sido llamados a tomar decisiones diariamente. Podemos elegir entre el bien y el mal. La Reina de la Paz nos invita a que renunciemos el pecado y elijamos la vida eterna. Esa es la única y verdadera elección. Cada vez que elegimos el bien, nos ponemos de parte de los hijos e hijas de Dios y nuestra vida se llena de alegría. Vivimos una vida plena. La vida en el pecado es solamente supervivencia y sufrimiento, mientras que la vida en Dios trae alegría y paz. Aquí en la Tierra podemos ya experimentar la alegría verdadera si vivimos según los mandamientos de Dios, y alcanzaremos la alegría plena en la eternidad, será cuando Dios enjugará las lágrimas de cada rostro. Entonces, “ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado.” (Ap 21,4). Jesús es nuestro primer modelo, ejemplo, y maestro de la vida espiritual. El, antes de su primera aparición pública, se retiró en el desierto durante 40 días, donde El ayunó, oró y se preparó para su primera aparición pública. Moisés transcurrió el mismo número de días en el Sinaí, y también Elías en Horeb. En el silencio y la soledad, un hombre puede oír mejor a Dios, porque nada lo perturba. Ir al desierto, retirarse, por un largo período de tiempo si es necesario, no debe ser una justificación para huir de la gente, de las obligaciones o del trabajo. Debe ser una período privilegiado en que nos renovaremos en la cercanía de Dios, a fin de poder vivir más fácilmente entre la gente y testimoniar a ellos la Buena Nueva. Jesús es el Señor de nuestra vida y de nuestros corazones. Él puede hacer lo que nosotros no podemos, por no tener fuerzas para hacerlo.

María, “Madre de la Iglesia” y nuestra Madre, intercede por nosotros ante su Hijo. Ella comenzó su papel de intercesión y mediación durante su vida en la Tierra – en las bodas de Caná – y Ella continúa haciéndolo hoy, glorificada en el Cielo. Al venir aquí a Medjugorje, la Virgen desea ayudarnos a unirnos más poderosamente con nuestro Salvador y Redentor. Si respondemos a la llamada de la Reina de la Paz, y si nos preparamos con el ayuno y la oración para el encuentro con Jesús, podremos participar con el corazón puro y el alma alegre en la celebración pascual.

Fr. Danko Perusina
Međugorje, 26.01.2008